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25-06-2019


“Me gusta que el actor diga ‘Se me ocurre esto’, dejar margen a la improvisación”

 

Juana Macías cumple más de 20 años a pleno pulmón. Para su tercer largo, la comedia ‘Bajo el mismo techo’, apostó por rostros populares en otro retrato realista y generacional, muy de su vitola


JAVIER OLIVARES LEÓN

Dedicó el pasado verano a montar su tercer largometraje, Bajo el mismo techo. Para la madrileña Juana Macías, de 48 años, ese proceso de postproducción (sonido, efectos, música) alberga un universo íntimo: “La fase de montaje es muy creativa y te regala un margen entre versiones, para hacer retoques. Ese reposo te permite tomar distancia y decisiones sopesadas. Y hasta ahora, contentos”, aseguraba. El argumento prometía: una pareja congenia hasta el punto de compartir techo. Tanto, que cuando se acaba la pasión no pueden dejar de compartirlo, esposados por la hipoteca. La vida misma: hubo que desechar algún chalé/escenario de Majadahonda (Madrid) en el que se rodaría parte de la película porque los inquilinos se encontraban en idéntico proceso. Los protagonistas eran los televisivos Jordi Sánchez y Silvia Abril.

 

– ¿Qué tal fue la química entre Jordi y Silvia?

– Habían trabajado juntos en tele y en teatro, pero esta era la primera vez como protagonistas y funcionaron muy bien. Casi como una pareja real. Silvia es supercreativa, divertidísima, tiene mucha presencia en la cámara y maneja muchos registros. Me gusta trabajar con la naturalidad, y ella la derrocha. Jordi se prepara mucho el personaje desde el guion y propone multitud de ideas que acaban enriqueciéndolo con matices de diálogo o gestualidad.  

 

– El resto del reparto también se nutrió de rostros televisivos…

– Había dos secundarios estupendos que encarnaron Malena Alterio y Dani Guzmán. El resto eran personajes puntuales. Para la comedia se necesitan cómicos o gente con vis cómica. Por eso trabajé también con Ana Morgade o Cristina Castaño, y encajó muy bien Álvaro Cervantes, que mostraba su lado más divertido en la película.

 

– ¿Elegir ese tipo de actores era requerimiento suyo o de la producción? También suya, por cierto.

– Realmente buscábamos gente que funcionase. Y si eran conocidos, mejor que mejor, claro. Es un reclamo para que la película llegue al público más fácilmente, pero han de encajar en el papel y en la peli en su conjunto. Si se concilian ambos mundos, fantástico.

 

– Para sus largos, usted siempre dice nutrirse de la propia experiencia y la de su entorno. Casarse, embarazarse, separarse, conciliar… son argumentos de sus historias. ¿Aportaron algo al guion Jordi y Silvia?

El proceso de escritura de un guion requiere tiempo y capas. Pero cuando se da por terminado y empieza el rodaje, vuelve a abrirse. El guion es siempre una herramienta de trabajo, así que si el actor está involucrado y conecta con el personaje, aporta mucho. Me gusta dar margen para que surja la improvisación, que el actor diga “se me ocurre esto” y lo probemos. En Bajo el mismo techo Jordi y Silvia aportaron mucho a un guion que ya estaba muy trabajado previamente. Pero ellos le dieron matices al humor y la mala leche de sus personajes y a la convivencia forzosa de la pareja.


   

   La anatomía de Juana Macías se resiste a abandonar esa pinta de eterna adolescente. Comparece en la entrevista bajo un bombín desenfadado que poco tiene que ver con el disfraz de superwoman que viste a diario la madre, directora, guionista y profesora de cine. Después de estudiar Comunicación Audiovisual se matriculó en el Instituto de Radiotelevisión. Firmó 10 cortos de éxito. El Goya de 1999 gracias a Siete cafés por semana catapultó su carrera cinematográfica.

 

– A raíz de aquel Goya dijo en El País: “Ahora será más fácil hacer un largo”. ¡Y pasaron 11 años!

– [Risas]. Supongo que era pura ingenuidad. Tendría 28 años… Lo lógico era que, si había ido bien el corto, resultara más o menos fácil. Tenía un proyecto de largometraje que no era sencillo: mezclaba ciencia ficción con realismo. Y sigue en el fondo del cajón. Me di cuenta de que esa no iba a ser una ópera prima sin complicaciones, así que hice otros cortos. No hay que olvidar que Siete cafés… fue mi primer corto en cine. En los cortometrajes vas probando cosas, conociéndote a ti mismo y conociendo a profesionales con los que te compenetras para trabajar.

 

– O sea, que levantar un primer largo no resulta sencillo.

– Ni mucho menos. Un Goya te empuja, claro, pero hay que llegar con el proyecto adecuado a la puerta adecuada y dar con el interlocutor adecuado.

 

– Pero lo suyo fue épico: consiguió sacar Planes para mañana (2010) en plena crisis.

– Nunca se sabe cuándo será el momento. Y con mi hija recién nacida acudía a estrenos y festivales. ¡Esos planes hay que hacerlos antes!



– ¿Qué referente tiene en la ciencia ficción?

Una de mis películas favoritas es Blade Runner, de Ridley Scott. De hecho, estuve a punto de hacer mi tesis sobre ella. De las más recientes, La llegada, de Denis Villeneuve [1996], me parece redonda. Y me gustaron mucho también Origen e Interestelar, de Christopher Nolan.

 

– ¿Qué cree que conserva más vigencia, la comedia o el drama?

– Lo bueno. El apartamento o Con faldas y a lo loco nunca pasan de moda. Y lo mismo sucede ahora. Se trata de lo que conecta, más allá de las circunstancias del momento. No es cuestión de género. 

 

– En trabajos anteriores se hablaba de su obra como relato generacional. El argumento de Embarazados, por ejemplo, se autodefine.

– Creo que en todas las películas que he hecho hay un componente generacional. En Embarazados se habla de ese momento en el que decides tener o no tener hijos, que antes solía ser algo más natural. Y ahora no surge tan fácil, no está en la agenda por muchas razones. En Bajo el mismo techo, que tiene mucho de guerra de sexos, los protagonistas rondan la crisis de los 50 y de repente se encuentran con que tienen su vida patas arriba y están atrapados.

 

– A diferencia de sus propuestas siguientes, en el plantel de Planes para mañana no había presencia de gente televisiva, sino casi de culto: Ana Labordeta, Goya Toledo, Carme Elías.

– Cada tipo de producción, cada género, puede de una forma más o menos natural llegar a un tipo de actores. Pero lo importante es que parezcan creíbles y funcionen. Sea el género que sea.



Juana en la CIMA

Macías fue durante seis años vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA). “Es importante nuestro objetivo de trabajar por la igualdad en el sector audiovisual. Que los porcentajes sean reflejo de la sociedad: si somos la mitad, no podemos ser solo el 15 por ciento de directoras, que las personas que deciden quién y cómo se cuentan las cosas no sean las mismas”, resume. En cine, televisión o publicidad, el propósito de la asociación es dar visibilidad a las directoras, responsables de fotografía y otros cargos, de modo que el talento femenino vaya aflorando. “Es evidente que hay mayor dificultad”, asegura, “como la hay también para ser directora de una compañía”. En los últimos años se ha ocupado de CIMA Mentoring, para impulsar los proyectos que cuentan con guion, producción o dirección de una mujer novel. “Tratamos de crear networking [red profesional de contactos] en un intento de ofrecer al joven talento los puentes adecuados”. Por CIMA Mentoring han pasado proyectos como Verano de 1993, de Carla Simón; María y los demás, de Nely Reguera; o Las consecuencias, de Claudia Pinto.

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