Elvira Mínguez, una escritora capaz de encararse con sus fantasmas
La cotizada actriz de ‘La cena’, ‘Tapas’ o ‘Días contados’ conquista el Premio Primavera de Novela con ‘La educación del monstruo’, un relato sobre memoria, emigración y miedos heredados
TERESA TRUCHADO (@teresatruchado)
Reportaje gráfico: Ámbito Cultural (@ambitocultural)
“Tengo 60 años y todavía no sé qué quiero ser de mayor”. Es normal que Elvira Mínguez (Valladolid, 1965) aún se haya decidido, porque en su ya larga trayectoria ha sido actriz, novelista y directora, y desde hace unas semanas se atreve incluso con el espeleobuceo. Al menos así definió el periodista Carles Francino –director de La Ventana en la Cadena SER y encargado de conducir el acto de este martes en Ámbito Cultural– el nuevo libro de la polifacética artista, La educación del monstruo, publicada por la editorial Espasa y galardonada con el prestigioso Premio Primavera de Novela. Como en esa disciplina, Mínguez se adentra en los rincones más oscuros y profundos de la memoria, con el riesgo, y la determinación, de quedar atrapada en su propia historia.
Los primeros compases de la presentación transcurrieron este martes entre risas cómplices y miradas de cercanía en el auditorio principal de Ámbito Cultural, en la cuarta planta de El Corte Inglés de Callao. Allí, arropada por colegas y amigos, Mínguez celebró no solo su nueva obra, sino también los treinta años del Premio Primavera, un galardón que ya en su primera edición distinguió a una autora tan relevante como Rosa Montero y que cuenta con Juan José Millás, Manuel de Lope, Lorenzo Silva, Luis Sepúlveda, Pedro Simón o Nativel Preciado en su palmarés. Junto a Francino, los actores María Morales y Carmelo Gómez pusieron voz a algunos fragmentos del libro para que los asistentes se transportasen, sin moverse de sus asientos, al Valladolid de 1977 que habita en sus páginas.
La actriz confesó que, durante “los tres años y algo” de creación de este nuevo trabajo, disfrutó incluso más del trabajo de documentación que de la propia escritura, “que fue un proceso más rápido de lo que imaginaba”. El recorrido por aquellas calles vallisoletanas la llevó a sumergirse en cuestiones como la emigración, las creencias, la psicología o el miedo. “Todo esto te lo permite la escritura”, subrayó.
Con una mente que opera en código cinematográfico, Mínguez ya había debutado en la literatura con La sombra de la tierra (2023), un proyecto en el que participó Carmelo Gómez y que el actor definió como “un guion donde había un desarrollo de personajes propio de una actriz”. Ahora, en cambio, asegura leer entre líneas a “una mujer que escribe con un nivel muy elevado y que destila humildad”.
“Fui a pecho descubierto, sin metodología”, confesó Mínguez al evocar el inicio de la novela. El proceso, lejos de seguir un esquema cerrado, fue tomando forma sobre la marcha, a partir de una intuición clara: “explorar esos monstruos” que todos llevamos dentro. El resultado ha sido, en sus propias palabras, “una suerte de encaje de bolillos con la historia y los personajes”. Recordó Gómez que, durante el rodaje de una serie, “Elvira me confesó que ya tenía en la cabeza la siguiente novela” y, con una mirada cómplice a quien fue su directora, le recordó que era evidente que Mínguez estaba deseando terminar (la serie) para ponerse a escribir.
Ese impulso no es ajeno a su forma de entender el oficio de la escena. Mínguez ha construido una de las trayectorias más sólidas del audiovisual español, desde su primera nominación al Goya por Días contados en 1994 hasta la más reciente por La cena (2025). La suya es una carrera marcada por la atención al detalle, al gesto mínimo y a los silencios, elementos que también atraviesan su escritura. No es casual que su literatura conserve ese pulso interpretativo, una forma de narrar que observa más de lo que explica y que confía en el espectador o el lector.
“Con cualquier forma de narrar una historia, una de las cosas más importantes es que se entienda”, argumentó la autora durante el encuentro. “Yo no tengo el nivel suficiente para escribir a un nivel elevado”, y, en un ejercicio de humildad, proclamó: “Yo soy una mujer normal”. La ganadora del Goya por Tapas (2005) reivindicó entonces una escritura accesible, “porque lo principal es que la entienda todo el mundo y poder llegar, y por eso el lenguaje ha de ser llano”. Una declaración que resume bien su posicionamiento de contar historias –dentro de las páginas o frente a una cámara– sin artificios. Sin renunciar a la profundidad.
En La educación del monstruo, esa claridad convive con una estructura ambiciosa que entrelaza distintas épocas y personajes. La actriz propone un recorrido compartido. “Vamos a hacer este paseo, vamos a pensar en ese miedo, qué uso haremos de ese miedo, cómo lo podemos transmitir a nuestros hijos”, proclamó antes de terminar preguntándose “por qué está aquí este monstruo”. La novela articula una investigación que conecta pasado y presente y pone el foco en varias mujeres que tratan de comprender su historia y enfrentarse a sus propios temores.
El protagonismo femenino es central en el relato. “Yo quería hacer mujeres que estuvieran fuera de contexto. Las tres se arriesgan, están fuera del sistema, y las tres intentan defender algo que creen que es justo”, explicó Mínguez, en un relato donde la acción nos sitúa en la España de 1977 y la Alemania de los años sesenta. Mujeres que, además, se permiten cuestionar lo establecido: “¿qué pasa si Dios es malo?”, se preguntan. Porque, como apuntó la autora, “tal vez eso acerca a Dios al ser humano”.
La emigración, abordada desde una mirada íntima, atraviesa también la novela. “Hay una cosa que me interesaba de esta emigración”, señaló. “A medida que me iba documentando e iba leyendo cosas, me interesaban esas familias, esos personajes que se fueron a Alemania, que se fueron a un país con un idioma y un clima endemoniado, con un trabajo de mierda en muchos casos y tenían que mantener el tipo frente a las familias que dejaban aquí”. Un conflicto entre lo vivido y lo contado que, en última instancia, alimenta esos “monstruos” que la novela coloca en primer plano.
El momento más emotivo de la tarde llegó en la ronda de preguntas. Desde la primera fila, y justo frente a Mínguez, su hijo había seguido la presentación de esta segunda novela de la actriz. En los últimos minutos, tomó la palabra para dirigirse a ella: “Estoy súper orgulloso de ti. Eres la principal razón por la que hoy estoy aquí y sigo adelante con todo”. Continuó bajo la mirada de una visiblemente emocionada Mínguez. “Cuando mis amigos discuten con sus padres, yo pienso en ti y digo: eres la descripción de una buena persona y de alguien que quiero con todo mi corazón. Gracias por ser una madre”.




