Figurantes: mucho más valiosos de lo que imaginas
La directora de ‘casting’ Ana Durá, el figurante Walter Armada y la doctoranda Conchita David ponen en valor la figura del extra en largometrajes y series televisivas
ESTELA BANGO (@estelabango)
Ricky Gervais dirigió y encabezó en 2005 la serie Extras, en la que encarnaba a un aspirante a actor que dejaba su empleo para seguir su sueño de convertirse en estrella de cine. En esa comedia, su personaje intervenía en distintos rodajes como parte de la figuración y luchaba por conseguir líneas de guion mientras se codeaba con nombres de la talla de Robert de Niro, Kate Winslet o Samuel L. Jackson.
Pese a la comicidad, la serie hacía un retrato fidedigno de la realidad de los extras. Y ese retrato no dista mucho de la imagen que tenemos en la cabeza. “Nosotros siempre estamos atentos a que el asistente o el director nos vea y pasemos a tener una participación más profunda. Que vean que somos más que simple atrezo”, cuenta Walter Armada. Ha sido actor de figuración en títulos tan relevantes como Anatomía de un instante, 30 monedas, Ena o La virgen roja.
Armada llegó a esta ocupación hace seis años. Tenía ya 59. Fue la directora de casting de extras Ana Durá quien le planteó la participación en rodajes. Según ella, “siempre se están buscando nuevos perfiles. Es algo que valoramos mucho tanto nosotros como las productoras”. Además de recibir propuestas y abrir convocatorias, los responsables de casting también salen a la calle y buscan rostros.
El vínculo de Conchita David con los figurantes no surgió en el ámbito profesional, sino de manera poco habitual, como espectadora. “Después de miles de visualizaciones de Bojack Horseman, cuando conocía perfectamente la trama y no necesitaba seguir fijándome tanto en ella, empecé a prestarle más atención al fondo. Así me di cuenta de que todo ese universo estaba construido al detalle. No se daba puntada sin hilo”, explica. En dicha serie de animación se percató de que los extras tenían continuidad a lo largo de las seis temporadas. Ahora desarrolla una tesis doctoral donde estos profesionales, muchas veces olvidados, ocupan el centro. Este trabajo académico se titula La figura del extra en las principales industrias cinematográficas internacionales: propuesta de categorización.
Invisibles, pero imprescindibles
¿Qué es un extra? ¿Quién marca la diferencia entre figurante y actor de reparto? En opinión de Conchita David, la única frontera que existe es el convenio regulatorio, puesto que sigue sin haber una definición pormenorizada para la categoría de extra. “Intento encontrar investigaciones, diccionarios de cine o enciclopedias audiovisuales que hablen del tema y no encuentro información al respecto. Si los libros especializados obvian esta figura esencial para cualquier producto audiovisual, se deduce que desde la industria se la margina”.
En España, a tenor del Convenio Colectivo de Figurantes, estos son quienes “recrean con su presencia un ambiente o una escena, sin ningún peso específico o incidencia en la acción”. Se trata de una regulación reciente, atrasada si se compara con las vigentes en Francia, Reino Unido o Estados Unidos. En 2024 estableció en 59 euros el salario diario, con un complemento de nueve euros en caso de jornada especial y horas extraordinarias pagadas a 14 euros.
Ana Durá, que lleva años dedicándose a este sector, ha vivido la creación y evolución del convenio. “Cuando yo empecé en esto se pagaba a la gente en mano. No se daba de alta a los trabajadores. Era un ámbito totalmente sin regular. Menos mal que evolucionamos y ahora hay unas condiciones mejores”.
Se trata de una labor que, en palabras de Walter Armada, nunca se reconoce en las entregas de premios. Y esto sí ocurre con los departamentos técnicos. Afirma que muchos colegas suyos se sienten como parte del decorado: “Una compañera jovencita y guapa me cuenta que algunas veces se refieren a ella como ‘Guapa 1’ o ‘Guapa 2’. Y cuando se encuentran con que una chica es rubia y están buscando una morena, enseguida piden con toda naturalidad que traigan a otra. A mí, por mi edad o por mi estampa, no me han pasado tales cosas. Siempre hago de caballero distinguido, me tocan profesores o militares”.
¿Y si el extra encabeza la acción?
Los figurantes llegaron al celuloide mucho antes que cualquier actor protagonista. Pensemos en las tempranas películas La salida de los obreros de la fábrica o La llegada de un tren a la estación, ambas de los hermanos Auguste y Louis Lumière. En ellas solo existía la figuración. El verdadero protagonismo correspondía a la imagen en sí misma.
“En el cine soviético esto se ve muchísimo”, asegura Conchita David. “El fondo es una masa, y ese pueblo apela a nosotros directamente. Por eso, en mi tesis desarrollo la idea de que el público se siente directamente identificado con el extra”. La doctoranda relaciona este fenómeno con otros en los que el público es partícipe de la acción, como el sing-along, proyecciones interactivas de cine musical en las que el público canta y baila al ritmo de la película.
Hay casos en los que los figurantes cobran una relevancia extraordinaria, llegando a convertirse en el motor de la acción. La investigadora habla de “extras protagónicos”. Estos pueblan “las historias de zombis de George A. Romero. En La noche de los muertos vivientes no nos importa el protagonista, sino lo que está fuera. Y también sucede a menudo en las sitcoms: para que una broma fluya, para el punch final del gag, muchas veces introducen extras”.
La animación sigue sus propias reglas. En la serie Bojack Horseman los figurantes tienen una narrativa propia. En el primer episodio vemos a una madre llevando el carrito de su bebé. Unas temporadas más adelante esa niña ha crecido y va andando de la mano de su progenitora. Después ella tiene otro bebé… Y esos extras interactúan con los personajes de mayor relevancia a lo largo de las seis tandas de episodios. “Es una oda a la vida real”, afirma Conchita David. “Aunque tú no conozcas a las personas con las coincides en la panadería, ni a aquellas con las que te cruzas en un atasco o con las que te montas en el metro por la mañana, esas personas te rodean y son extras de tu vida. Interesa que en un producto audiovisual se cuiden estas cosas porque dan cohesión”.
Y continúa su argumentación a favor de estos profesionales infravalorados subrayando que “son ellos quienes solidifican el universo que el espectador está viendo. Con frecuencia, es el extra el que nos hace ver en qué planeta o en qué momento se sitúa el relato. ¿En quién reside el protagonismo, en el personaje que está llevando la historia o en el que te ayuda a entenderla? Para mí es un conjunto”.




