twitter instagram facebook
Versión imprimir
28-05-2025


Laia Manzanares

“En todos mis personajes he encontrado algo que no sabía que necesitaba”


Solo en 2025 nos la encontramos trabajando en la película ‘Lo que queda de ti’, la serie policíaca ‘Asuntos internos’ y ese ‘Orlando’ de Virginia Wolf que ha llevado a las tablas Marta Pazos



ARANCHA MORENO

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

A ojos del público, Laia Manzanares nació en 2015 en la serie Merlí, donde daba vida a una madre adolescente llamada Oksana, y en estos diez años no ha dejado de asumir retos en todos los formatos posibles. La suya es una trayectoria trenzada con la de su hermano Guillem, guionista y cineasta con el que trabajó en su corto Vida o teatro (2024). Lo de multiplicarse en diferentes frentes artísticos es un concepto muy característico de esta barcelonesa, que este año protagoniza en el Teatro María Guerrero, bajo la dirección de Marta Pazos, el Orlando de Virginia Wolf. Tras trabajar con Isabel Coixet (Proyecto Tiempo) o Rodrigo Sorogoyen (El reino) y encabezar junto a Manolo Solo La desconocida, de Paco Maqueda, Manzanares acaba de estrenar dos series: Asuntos internos en TVE y La canción en Movistar Plus+. A sus 31 años se ha convertido en uno de los rostros más prometedores de nuestra escena, como refrendó a finales de 2024 el premio Actúa Nueva Generación de la Fundación AISGE. Su última película es la ópera prima de Gala Gracia, Lo que queda de ti, donde su papel protagonista se funde con otra de sus pasiones, la música.

 

– En lo que va de 2025 ha protagonizado una serie de televisión, una obra de teatro y un largometraje. ¿Está usted en estado de gracia?

 [Ríe] No lo sé. Como es una profesión tan inestable, no sé si se puede decir que esté en estado de gracia. Sí, porque estoy teniendo un sueldo como actriz y tengo cosas para estrenar, pero siempre hay algo de incertidumbre en el futuro que me da un poquito de miedo. Cuando estrenamos varias cosas a la vez parece que curramos un montón, pero la película la rodamos hace dos años y la serie, casi lo mismo. Me siento afortunada, pero nunca doy nada por hecho.

 

– María Togores y Samantha López Speranza figuran al frente de la serie Asuntos internos. Marta Pazos, del montaje Orlando. Y Gala Gracia, del filme Lo que queda de ti. ¿Cómo ha sido trabajar con cuatro mujeres?

– No lo había pensado. Ha sido la hostia porque son unas tías increíblemente talentosas y buena gente, me atrevo a considerarlas colegas. Estoy supercontenta porque podría no darse así. Y con las cuatro me voy de birras.



– Muchos la recuerdan por la serie Merlí. ¿Encarnar a Oksana le dejó algún poso?

Fue el trabajo que me dio a conocer y ahí lo aprendí todo. Luego he ido perfeccionando las cosas. En aquella grabación de tres meses siento que aprendí el oficio. Era una masterclass todo el rato.

 

– Desde entonces, ¿cuál es el personaje que más le ha costado afrontar y por qué?

– Puede ser que Oksana: era el primero y estaba cagada de miedo. No me sentía con la fortaleza que tengo ahora. Al principio dio susto, pero luego fue todo goce.

 

– En cine trabajó junto a Manolo Solo para La desconocida, de Pablo Maqueda, una historia de gran complejidad emocional. ¿Se puede transmitir dolor, angustia y tristeza sin sufrir?

En esa película atravesábamos un lugar muy oscuro. Es imposible atravesar algo así y que no te afecte. Estábamos hablando del acoso a menores. La experiencia me ha enseñado a poner distancia: necesitábamos huir un poco para que el cerebro no se lo creyese. Cuando no estábamos rodando hacíamos bromas, cantábamos canciones… Las emociones de los personajes se atraviesan, pero he conseguido que no se solidifiquen. Yo atravieso la emoción para sacarla fuera y contar la historia, no se queda en mí.

 

– ¿En otra vida habría acabado siendo psicóloga?

 Sí. Y en esta, ¡espérate! La actuación tiene algo de psicología.

 

– En su profesión, ¿es más útil saber psicoanalizar o saber mentir?

 Se me da fatal mentir. Actuando no siento que estoy mintiendo, siento que me coloco en otro lugar y colocando otra verdad para poder contar otra historia. Me gusta psicoanalizar, comprender los recovecos del alma humana. Meterte en la cabeza de otras personas amplía tu visión del mundo, me parece fascinante. Pasa también viendo películas o series, somos un poco voyeurs: vemos cómo se mueve alguien, cómo habla, cómo piensa… Amplía nuestro horizonte.



– En Asuntos internos encarna a una de las primeras mujeres policía, en una comisaría madrileña a finales de los setenta. ¿Qué ha aprendido de los obstáculos a los que se enfrentaba su personaje?

 Creo que es el personaje más valiente que he hecho en mi vida. Yo me habría echado a llorar el primer día y me habría ido por patas a hacer pasaportes a otro sitio. También me di cuenta de que las cosas no han cambiado tanto. En ese momento el machismo campaba a sus anchas, pero ahora estamos un poco igual. A esa agente de policía la infantilizan y dan por hecho que no va a estar a la altura; y hoy sigue pasando, aunque de cara a la galería finjamos que ha cambiado. Es muy complejo reventar todas las estructuras de pensamiento de años. Nos va a llevar mucho tiempo, pero se está haciendo.

 

– ¿Dar vida al Orlando de Virginia Wolf, un personaje trans tan poliédrico, ha cambiado su mirada? 

 No sé si la ha cambiado, pero la ha ampliado. Cuando empecé a leer Orlando no lo entendía, pero hubo un momento en el que entré y conecté. Me ha hecho llorar de emoción, lo recomiendo: está lleno de belleza. Es una novela escrita hace 100 años y tampoco hemos cambiado tanto. Sigue habiendo techo de cristal.

 

– ¿Cómo ha sido trabajar con Gala Gracia en su ópera prima, Lo que queda de ti?

 Brutal. En las óperas primas hay una necesidad de contar esa historia, que es la peli que quieren hacer, hay muchos años detrás de eso. Me siento muy honrada de contar esta historia y he aprendido un montón: a manejar un rebaño de ovejas, llevar una granja, pesar corderos, desbrozar el campo… Necesitábamos que no se nos viese [al personaje de Ángela Cervantes y al suyo] como dos urbanitas. Con Lo que queda de ti me he convertido en pianista y ganadera.

 

– En la película da vida a una joven que va a grabar un disco en Nueva York cuando muere su padre y regresa al pueblo. ¿Tiene arraigo a lo rural?

Cero, estoy más cerca de las alcantarillas que de los naranjos [ríe]. Y es una putada, porque en las ciudades vivimos una desconexión con la vida, esto me ha pegado una hostia de realidad brutal. Romantizamos la vida de campo y es un trabajo durísimo, pero hay una pasión detrás muy inspiradora.



– Aúna música e interpretación: tiene un grupo con la actriz Elisabet Casanovas, Grupis, con el que ha sacado varias canciones. ¿Es un proyecto desengrasante o algo más?

– Somos muy amigas y teníamos el gusanillo de hacer algo juntas. Nos encanta la música: ella está formada de verdad, yo he aprendido en casa. Elisabet vive en Barcelona y yo en Madrid, no tenemos prisa ni pretensión, lo hacemos porque nos encanta. Siempre ponemos voz a otras historias y aquí está la nuestra, es nuestra forma de sacar lo nuestro.

 

– En 2015 protagonizó un videoclip del grupo australiano Tame Impala, The less I know the better¿Disfruta llevando la actuación a la música y viceversa?

– Van un poco de la mano. En la música somos nosotras, pero cuando te subes al escenario te colocas en un lugar distinto. Siempre estamos interpretando.

 

– También tiene usted un papel destacado en La canción, la serie dirigida por Alejandro Marín que reconstruye la victoria de Massiel en Eurovisión. ¿A qué figura de la canción le gustaría dar vida?

Hacer un biopic me daría mucho miedo. Es muy complicado: si no te sale bien, todo el mundo lo nota[ríe]. Hay una línea muy fina entre convertirte en el personaje y convertirte en su caricatura.



– ¿Se plantea pasar al otro lado y crear o escoger su propio personaje?

 Me encantaría encontrar un texto de teatro y poder montarlo. O escribir algo. Pero no soy guionista ni dramaturga, le tengo mucho respeto. Sí tengo inquietudes, aunque en todos los personajes he encontrado algo que no sabía que necesitaba. Aprendo algo, descubro cosas nuevas.

 

– Siempre puede hacer tándem con su hermano, Guillem Manzanares, guionista y director.

 ¡Sí! [Ríe]. Tengo la baza de tener un hermano que sí sabe escribir y sí sabe dirigir. Él me ha hecho personajes que me encantan.

 

– Entonces, ¿se imagina en esta profesión dentro de 30 años, quizá también escribiendo o dirigiendo?

– No lo sé. Si se da o si lo doy, guay. La inquietud está ahí, pero me gusta mucho ser actriz, con esto soy feliz. Me gustaría hacer algún corto. He escrito mil cosas, pero si no pasa, no pasará nada.

 

– Porque ya está cumpliendo un sueño.

– Absolutamente. Varios [sonríe].



– El año pasado recibió el Premio Actúa Nueva Generación. Galardones, crítica, audiencia, opinión de sus seres queridos… ¿A qué reconocimiento le da más valor?

A todo eso le daba valor y se lo he ido quitando. Ahora le doy valor a cómo me lo paso yo desempeñando un trabajo. Por encima de todo, me lo tengo que pasar bien; para sufrir me buscaría un trabajo estable, haría mis horitas, cobraría mi nómina y chimpún. No leo críticas porque me da pánico. He hecho cosas más chiquitas, con poco público, y también he gozado contándolas. En Orlando la gente se pone de pie al final y aplaude un montón. Me emociono cada día, pero lo que importa es disfrutar de la función; si no, no le encuentro el sentido. Los premios, el público y la crítica son un refuerzo positivo que alimenta el ego, aunque también te pueden hundir. Yo quiero pasármelo bien trabajando. Hubo una época en la que sufría más, me lo tomaba todo a pecho y tenía más miedo, y no era divertido. 

 

– En el futuro, ¿piensa seguir combinando cine, teatro y televisión?

– Son tres lenguajes distintos, y todos increíbles. Me flipa el teatro: es donde empecé y me muero sin teatro. El cine me vuelve loca. Y las series. Todo tiene algo: no quiero renunciar a nada siempre que alguien me dé trabajo.

 

– De muy joven admiraba a Uma Thurman en Kill Bill. ¿Quién es la musa actual de Laia Manzanares?

 Uma Thurman sigue siendo una musa y un referente. Tiene algo de un personaje fuerte, femenino desde un punto de vista masculino (el de Tarantino). Para mí sigue siendo bastante musa. Tengo muchas, pero te diré otra: mi amiga Elisabet Casanovas. Flipo con ella, me encanta lo que hace y queremos currar juntas. La adoro y la quiero.

Versión imprimir