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13-01-2023

Reinas del grito en el estudio de doblaje


Afonía, fatiga, a veces hasta mareos. La entrega de las actrices de voz llega al límite en el cine de terror. El último asalto por la supervivencia está frente al micrófono

FRANCISCO PASTOR

Cuando María Luisa Solá vio Psicosis (1960) por primera vez, solo sabía de ella el nombre de su director: Alfred Hitchcock. Quizá tenga algo de éxito, le dijeron. Así que se metió en un estudio de doblaje por la mañana y dejó que los técnicos cargaran la cinta mientras hojeaba los diálogos sobre el papel. Le tocaba interpretar a una tal Marion, encarnada en la pantalla por Janet Leigh. Aquel trabajo le llevaría días, aunque su personaje, al menos en lo relativo al metraje que ocupaba, no parecía la gran protagonista de la película. 

 

   Hasta que se abrió el grifo de la ducha, apareció un cuchillo… y empezaron los alaridos. Leigh chilló primero. Luego fue Solá, a sus 21 añitos, de pie frente al micrófono, el atril y la pantalla. “Me contagio de todo rápidamente. Si alguien grita, grito yo también. Desde la primera toma. Ni lo ensayo ni lo contengo. Doy las voces desde la garganta, hasta que me quedo afónica”, explica Solá. De todos los personajes que han resentido su laringe, no duda en destacar a Cruella de Vil, el papel de Glenn Close en la saga 101 dálmatas.



Janet Leigh en 'Psicosis'


   Para cuando le tocó ponerse en el pellejo de Melanie Daniels en Los pájaros (1963), donde Hitchcock dirigió a Tippi Hedren, Solá ya sabía lo que le esperaba: “Fue duro. La tragedia, la desesperación en las caras de la gente. Me di cuenta de lo mucho que ese cineasta machacaba a las actrices”. Pero los directores de doblaje suelen ser piadosos. El día que se doblan gritos, estos se dejan para el final de la jornada. De lo contrario, alguien podría perder la voz desde temprano y estar pasándolo mal el resto del día. Aunque la tecnología ha cambiado mucho desde entonces, este truco sigue dándose entre las actrices de voz. Si interpretar el suspense ante una cámara es duro, cuando se hace en el estudio los obstáculos aparecen por doquier. En el doblaje, las llamadas reinas del grito no pueden ayudarse de gestos, ya que esto podría alejarlas del micrófono. Tampoco pueden dar un pisotón, ya que ese sonido acabaría colándose en la pista. Han de permanecer de pie, sin mover nada más que la boca, la garganta y el diafragma.

 

   María del Mar Tamarit recuerda, entre algún resoplido, el doblaje de Open water (2003). La película, una historia real grabada en el mismo océano, no tenía más reparto que una pareja de buceadores abandonados en el mar entre ataques de escualos. Además de los gritos, se doblaron todos los sollozos y jadeos. “Nos mareamos tanto que por poco nos desmayamos. Y todo, encerrados dentro del estudio, mientras veíamos venir los tiburones. La angustia era tremenda”, rememora Tamarit. Hiperventilar de ese modo mientras estaban quietos, no en movimiento, les sacudía todo el cuerpo. Si alguna respiración entraba tarde, aunque fuera solo medio segundo, repetían la toma. Y aunque alguien jadeara entre dientes, si en la pantalla se veía la boca abierta, lo grababan una vez más.

 

   “Algunos días la fatiga aparece esa misma tarde, al salir del estudio. Otras veces no llega hasta la mañana siguiente. Con Open water entraba en casa sin ganas de hablar con nadie”, cuenta Tamarit. Pero su personaje más querido, al menos entre el público del cine de terror, es bien distinto. En cinco películas ha puesto voz a Sidney Prescott, la protagonista de la saga Scream, interpretada por Neve Campbell. Son ya más de 25 años vinculada a ella. El doblaje de la primera entrega, allá por 1996, se alargó más de lo previsto por algo, en realidad, bastante predecible: las afonías no tardaron en llegar entre los actores de voz. Al fin y al cabo, podríamos traducir como Grita el título de todas estas películas. Y si algún alarido satura la pista de sonido, toca colocarse de lado, no frente al micrófono.


   “De forma instintiva, para no hacernos daño, el primer impulso siempre es gritar en falsete. Pues no. Hay que gritar del todo. Si los actores de la pantalla lo pasan fatal, nosotros también. Y cuanto más tiempo hemos pasado con ellos, cuanto más cariño les hemos cogido, más fácil resulta padecer a su lado”, según Tamarit.



Neve Campbell en el pellejo de Sidney Prescott, la emblemática protagonista de la sangrienta saga 'Scream'


   A sus 83 años, Solá sigue trabajando para no tener que despedirse de actrices con las que ha compartido su vida, entre ellas Judi Dench, Helen Mirren o Susan Sarandon. Recuerda que al ver el desenlace de Thelma y Louise (1991) en el estudio, antes de su estreno en salas, le entraron ganas de llorar de rabia. Pero cuando llegó a casa, fiel a su norma de siempre, no se lo contó a nadie.

   

   En algo hay un consenso absoluto: si la actriz que aparece en la pantalla es buena, doblarla será mucho más sencillo. “Dejarse llevar es fundamental. El mejor grito es el que sale sin pensarlo. Así, si chillo de verdad, el resto de mi cuerpo irá conmigo”, asegura Belén Roca. Quizá porque ella lo pasa fatal al ver una película de miedo, ha aportado su voz en varias de ellas. Incluso recuerda con algo de cariño el terror del siglo pasado, más suave y menos gráfico que el actual: “Si pudiera, me taparía los ojos. Pero no puedo. Me toca mirar a la pantalla, y con mucha atención, muestre lo que muestre”. Precisamente por culpa del miedo tampoco ha visto algunas de las cintas que ha doblado. “Al igual que los espectadores se emocionan más con los buenos largometrajes, a nosotras también nos pasa algo parecido. Cuando hay un ritmo, un tono coherente, es más fácil entrar en él. Hay casos en los que las actrices de pantalla son buenas, pero la historia o el montaje resultan lentos, así que ahí cuesta un poco sentirlo”, reflexiona.

 

   Sucede que en muchas de estas ficciones las mujeres empiezan escapando del monstruo, pero acaban empuñando las armas y tomándose la justicia por su cuenta. Así es el viaje de Laurie Strode, levantada por Jamie Lee Curtis durante décadas en las entregas de Halloween. “Adoro que las actrices y sus personajes vivan esa progresión. Ella tiene un gesto profundo, en estado de alerta y a la espera del villano”, comenta Solá. Algo así ocurre con la teniente Ripley a la que tantas veces dio vida Sigourney Weaver en la franquicia Alien. Tanto a una como a la otra las ha interpretado desde el estudio Solá: “Me quedo contentísima cuando matan al malo”.



La actriz Jamie Lee Curtis dando vida a Laurie Strode en una de las entregas de 'Halloween'


La preferida de muchos

Usuarios de Twitter e Instagram han celebrado varias veces a lo largo de 2022 el aniversario de Sé lo que hicisteis el último verano. Un cuarto de siglo se ha cumplido ya de su estreno. Por unanimidad, han ilustrado la conmemoración con el mismo fragmento de la película: la lucha por la supervivencia de la jovencísima Helen, encarnada por Sarah Michelle Gellar. Su batalla contra un maníaco encapuchado es algo realmente insólito en el género porque se alarga durante cerca de 15 minutos. Doblar todo ello, incluido el trágico final, supuso un arduo trabajo. “La chica era muy americana, algo pija, con muy poco bagaje en el timbre, como buena adolescente. Pero fueron secuencias muy laboriosas. Hay planos oscuros, o en los que vemos solo algún fragmento del cuerpo, pero no se distingue la boca. Y además, al haber tantísima acción, los sonidos debían estar sincronizados al milímetro”, anota Belén Roca, que prestó su voz al personaje.



La joven Sarah Michelle Gellar pasó a la historia del cine de terror por 'Sé lo que hicisteis el último verano'
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