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10-07-2020

#LecturasDesconfinadas


El placer de una bofetada literaria 


Anagrama reedita ‘Los combatientes’, la provocadora novela de Cristina Morales que protagoniza un grupo teatral universitario 

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

Aunque ya se había dado a conocer con un libro de relatos en 2008 (La merienda de las niñas), fue en 2013, con la aparición de Los combatientes y la consecución del Premio Injuve de Novela, cuando el nombre de la escritora Cristina Morales (Granada, 1985) adquirió una dimensión que no ha hecho otra cosa que amplificarse con el paso de los años. El Premio Nacional de Narrativa 2019 por Lectura fácil, con la que ya había obtenido el Premio Herralde de Novela, la confirmó justamente como la figura más rompedora y valiosa de su generación. 


Ahora, en tiempos de confinamientos inacabados, desescaladas inconclusas y tardías normalidades, se reedita Los combatientes, un libro sobre el que se ha escrito muchísimo y del que, como primer comentario, hay que decir que el tiempo transcurrido desde su aparición no le ha restado vigencia ni fuerza literarias. En todo caso, las ha fortalecido. 


Esta obra, que estira inteligentemente los amplios márgenes que posee la novela desde los tiempos de Cervantes (¡qué necesidad de proclamar constantemente su muerte, con las posibilidades que brinda!), tiene por protagonistas a una asamblea de indignados (de ahí que se vinculara erróneamente a su autora con el movimiento 15-M). En concreto, a un grupo de teatro universitario en gira. 


Ellos –Sara, Borja, Patri, Ahmed, Dogy o una tal Cristina Morales (¿autoficción?)– son algunos de los actores/personajes de esta creación coral, que puede ser leída como como una narración en varios planos, en la que se debate sobre escritura y poder, sobre la escritura contra el poder. Pero también podemos conceptuarla como una obra dramática; y, hay que decirlo, ¡funciona!


Habla Morales de la fuerza política de la juventud, el rechazo del establishment, la identidad generacional, la acción directa o la confrontación con las élites. Y aborda el descontento o insatisfacción de los jóvenes por no encontrar sitio en el orden vigente, o su repugnancia por el espacio social, político y económico que se les ha asignado.


Pero la autora no se limita a denunciar que la juventud vive en un mundo repelente, defectuoso y hundido en miserias. También expresa su hostilidad hacia la falsa rebeldía, la naturalidad impostada, la distracción intelectual, los riesgos de la simulación o la puerilidad de ciertas actuaciones. Como dice uno de los actores, el mundo es injusto, pero existen la posibilidad y la obligación de cambiarlo. La pregunta es: ¿cómo?


En el fondo, lo que Cristina Morales hace es referirse a la palabra escrita, que no necesita de contextos para ser comprendida; al lenguaje, el gran protagonista de este libro de precoz solvencia. En este sentido, su escritura (como en el resto de sus títulos) se enfrenta sin disimulo a los convencionalismos, los artificios que solo sirven como mero entretenimiento, los prejuicios, la mojigatería. La vida se expresa tal cual es, y si para hay que confundir con pequeñas trampas literarias, se hace. Todo sirve al propósito de la obra.


Así, Los combatientes logra ser provocadora, valiente e incluso molesta, hasta convertirse en una bofetada (figurada, eso sí) al lector acomodado, al que se interpela e interroga constantemente. Otros encajarán con sumo placer este sopapo que entronca con la mejor tradición literaria española y que propone un acercamiento a la realidad desde la sospecha, como manera de aprehenderla y explicarla.  


Un último comentario: como si se tratara de una obra de teatro (en parte lo es), en la que uno no se levanta de la butaca hasta que cae el telón, Los combatientes se lee de un tirón. Quizá porque su ritmo alegre y su enérgica fuerza narrativa no dan respiro y reclaman que el texto sea devorado en su totalidad.

‘Los combatientes' (Anagrama, 2020)

120 páginas. 15,90 euros


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