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La mirada infantil de un derrumbe
La actriz y autora teatral Maria Roig se adentra en la novela con un prometedor y ambicioso debut, ‘Ama de casa’, que utiliza como metáfora el hundimiento en 2005 del barrio barcelonés de El Carmel
ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)
Un enorme estruendo, en la mañana del jueves 27 de enero de 2005, precedió al derrumbe del túnel del metro en construcción en el barrio barcelonés de El Carmel. El socavón, de 35 metros de profundidad y 20 de diámetro, no provocó ninguna víctima mortal, pero afectó a más de 1.200 vecinos, que se vieron obligados a abandonar sus viviendas y trasladarse a vivir a hoteles.
La actriz y autora teatral Maria Roig (Barcelona, 1996), que fue testigo de aquel suceso, sitúa Ama de casa, su prometedor y ambicioso debut como novelista en los días previos a aquel derrumbamiento que conmovió a la Ciudad Condal. El hundimiento que afectó docenas de edificios es también el que acontece en el seno de la familia de la narradora, una niña de nueve años que percibe las grietas que se abren en la vida conyugal de sus padres. Y es también el símbolo de la pérdida de la inocencia de quien, a pesar de su corta edad, asiste al abrupto final de la infancia.
Las únicas ilusiones de esta niña de clase obrera pasan en ese momento por hacer la primera comunión, obtener buenas notas en el colegio católico al que acude y ganar el concurso de redacción de Coca-Cola, que le puede brindar la posibilidad de asistir a Port Aventura. Pero todo se tuerce con el abandono del padre y el descubrimiento de la muerte; primero de una vecina de escalera, y luego de su tía materna. La mirada inocente de esa hija única, que fantasea con escaparse de casa con una compañera de clase y con ser actriz o cantante, se detiene a partir de entonces en el nerviosismo de una madre maniática de la limpieza, que no acepta la marcha de su marido y deposita en la pequeña sus pensamientos, recriminaciones e interminables monólogos.
La muchacha combate la soledad recurriendo a la memoria y también a su reverso, el olvido. Sueña con Tasio, un amor infantil al que conoció en el pueblo navarro de su madre durante el verano. Añora a un hermano que por culpa de un inoportuno aborto nunca tuvo, y que le hubiera ayudado a combatir la rigidez y la decepción maternas. Recuerda los mejores instantes vividos con su padre, aunque no desea por nada del mundo que regrese, consciente de que la convivencia matrimonial volvería a explosionar.
A través de los ojos de esa jovencita somos testigos también de la cotidianidad de un barrio humilde y de sus pobladores, en su mayoría emigrantes llegados desde distintas partes de España en busca de la oportunidad de la gran ciudad. Todos ellos sufren las prolongadas incomodidades de las obras de una línea de metro que debería colocarlos mucho más cerca del centro urbano, pero que no acaba de llegar. El caso recuerda al de los residentes de Torre Baró, protagonistas de la película El 47, y que también aspiraban a disponer de un transporte público que les permitiera sentirse parte de la gran metrópoli.
Tanto el vecindario en general como la joven protagonista esperan que lo que está por llegar –un vagón de metro, una primera comunión– cambie su historia. Y ellos y ella se ven obligados a aprender que los días que tenemos marcados en el calendario no son los que de verdad cambian nuestras vidas. Todo puede saltar por los aires en cualquier momento, sin avisar.
Nos encontramos así ante un relato personal e íntimo, pero también colectivo, social y, por qué no decirlo, político. La joven y debutante Maria Rogel se erige en autora atrevida que no ha dudado en combinar ficción y realidad para escribir un relato convincente a través de una voz creíble.
‘Ama de casa’ (Lumen, marzo de 2025). 200 páginas, 17,95 euros (eBook, 8,99 euros)




