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El grito de libertad y vida de Ana Milán
La polifacética actriz alicantina publica la novela ‘Bailando lo quitao’, un canto vitalista que reivindica la necesidad de resistir y rebelarse frente a las adversidades
ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)
“Me llamo Josefa y estoy deseando morirme. La vida está sobrevalorada, la vida no tiene mucho sentido hasta que deja de tenerlo del todo…”. Así, con esta declaración descarnada y directa, se presenta a los lectores una mujer, Josi García, que está a punto de cumplir 79 años, ha sido secretaria de dirección en RTVE y confiesa que está esperando la muerte, que ya vive en el tiempo añadido, en la prórroga, como si se tratara de un encuentro deportivo en sus postrimerías.
En primera persona y con tono de autobiografía, Josi construye un relato intencionadamente desordenado, con breves retales del pasado; como si hubiera abierto la ventana y la memoria, convertida en una suave brisa, le fuera trayendo recuerdos al azar, de forma caprichosa, que ella va plasmando en un cuaderno titulado Bailando lo quitao.
Este personaje valiente, que se ha levantado una y otra vez de la lona para continuar el combate contra esa muerte a la que espera en calma, se erige en el personaje central de la nueva novela de la actriz alicantina Ana Milán (1973), protagonista de series televisivas tan populares como Camera Café, Física o Química o Yo soy Bea, y autora también de los libros Sexo en Milán y Voy a llamar a las cosas por tu nombre.
La figura de Josefa sirve a la autora para lanzar un grito de libertad, proclamar la rebeldía como bandera y enfrentarse a esa domesticación que el hombre o la religión han pretendido sobre la mujer durante siglos. Porque Josi es libre para vivir, tropezarse, equivocar los pasos y volver a andar el camino. No hay prisas por llegar a ese destino final que todos conocemos. Y es que, a veces, pensar en la muerte sirve para mantenerse unido a la vida.
Al tiempo que se nos va dibujando una España que transita de lo beato y lo rancio hasta la democracia, se colorea una mujer que cuestiona la fe, porque no puede existir un Dios enemigo de la alegría; combate los miedos y silencios familiares, que se heredan como una pesada losa difícil de transportar; cuestiona el matrimonio por aburrido o la maternidad, porque los hijos son una estafa, y se decanta por vestir santos antes que por lavar calzoncillos.
En esta danza redentora, Josi se apunta a la lucha feminista y también a la liberación del movimiento LGTBI. Se desvive por aquellas mujeres que en el ámbito privado hicieron gala de una enorme valentía para derrotar a un machismo que todo lo contaminaba y corrompía. Observa el paso del tiempo como un triunfo, como una oportunidad para decir aquí estoy y de aquí nadie me va a mover.
Canta a la pasión, el placer, el amor y también al desamor, y se niega a aceptar que debamos aceptar una ruptura como una derrota. Se puede morir muchas veces de amor, pero también es posible mudar de piel en cada ocasión para seguir viviendo y amando. Porque la vida es un viaje sin mapa durante el que no hay que dejar ningún deseo sin estrenar.
No reniega de la tristeza ni tampoco de la soledad, con las que hay que saber convivir para extraer de ellas instantes llenos de vitalidad, aunque el planteamiento pueda resultar contradictorio. Y, por encima de todo, reivindica la memoria, no solo como territorio al que acudimos en busca de los recuerdos o bálsamo para curar las heridas del presente, sino como aquello que nos va a permitir vencer a la muerte. Porque morir no es lo mismo que desaparecen. Y solo desaparecen quienes no sobreviven en la memoria de los otros, ya sea por sí o por sus obras.
‘Bailando lo quitao. Una novela’ (Planeta, febrero de 2026). 208 páginas, 19,90 euros (eBook, 10,99 euros)




