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03-06-2021

#LeerSientaDeCine


Un despiadado retrato de la corrupción


Carlos Bardem se adentra en la novela negra con ‘El asesino inconformista’ y salda cuentas, desde el desencanto y la rebeldía, con la impunidad de los codiciosos

 

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

Acostumbrados a esos criminales despiadados, sin escrúpulos, que encarnaban en la gran pantalla actores como Charles Bronson o Clint Eastwood, es difícil no experimentar cierta simpatía por Fortunato, un asesino a sueldo que actúa como un justiciero y no como un mero sicario. Un especialista en provocar la muerte de terceros, pero con una condición moral: su asesinato debe servir para limpiar nuestro país de corruptos. Y por si fuera poco, es elegante, atractivo y culto, amante de la lectura y los viajes, y escritor en sus tiempos libres, aunque la calidad literaria de sus textos deje mucho que desear. Ha escrito un poemario, Cuchillos mellados, y se entretiene en dar forma, después de liquidar los encargos, a una obra de teatro, Historia para conejos, que en realidad es una alegoría sobre España protagonizada por vírgenes y enanos.


Este peculiar personaje, inconforme y deliciosamente misántropo, que vive acorde a sus sensaciones y odia la injusticia y la impunidad de poderosos y codiciosos, es el personaje central de El asesino inconformista, la nueva novela de Carlos Bardem, quien lleva años despuntando por igual en las librerías como delante de las cámaras. Si en su anterior entrega, Mongo Blanco, recreaba la vida del esclavista Pedro Blanco Fernández de Trava, ahora cambia de registro y se adentra en el género negro, sin descuidar el amor y la política.


Porque mucho de política hay en las páginas de este libro. De esa mala praxis política, de esa corrupción como forma de comportamiento que algunos partidos extendieron durante años en España y que, ocasionalmente, aflora en portadas y telediarios aunque algunos se empeñen en guardar silencio al respecto como un burdo intento por ocultar la realidad. Bardem se cuida mucho de citar las siglas (no vaya a verse en un lío judicial), pero a buen entendedor, pocas palabras bastan: “partido en el gobierno”, “el más corrupto de la historia reciente del país” y una formación cuya impunidad se resquebrajó con la pérdida del poder.


De hecho, Fortunato recibe el mandato –que cumple a rajatabla y con gusto, sin ningún remordimiento– de acabar con una “mujer muy celebrada por su humor chisposo, bravucón y campechano”, “borracha despechada”, con años de experiencia en los asuntos municipales levantinos, a la que debe despachar en un lujoso hotel cercano al Congreso de los Diputados. ¿Alguna pista más para descifrar la adivinanza?


Y también se puede leer en clave de historia de amor, la que viven en su piso de la madrileña calle de Belén Fortunato y Claudita, una actriz convencida de que, al final, le acabará llegando la oportunidad para la que lleva tiempo preparándose. Pero para llegar a ese nido en el que ahora retozan gustosos estas dos almas horadadas, han sufrido las heridas del desenfreno y los excesos, las derrotas del desamor, el horror de las trincheras de la vida y las pesadillas que provoca el miedo a la soledad.  


Lo relevante no es lo que sucede en el exterior ni cómo se ejecutan las órdenes, pues casi todo lo que leemos se desarrolla en las mentes de Fortunato y Claudita. Son sus pensamientos y reflexiones los que reconstruyen el pasado, sus vidas, los que explican cómo han llegado hasta el día de hoy. Un recurso al que Carlos Bardem se acoge para hablar de los destructivos efectos del capitalismo o maldecir la selva neoliberal en la que vivimos inmersos. Para denunciar la banalidad, la liviandad de las relaciones, el individualismo feroz, el racismo. Para posicionarse contra el control digital al que estamos sometidos. Para despacharse a gusto contra un país que es un lodazal de corrupción, contra una España de moscas, de mal gusto, de ignorancia grasienta del siervo que quiere convertirse en amo. Y, por supuesto, para hablar de la dificultades de la profesión de actor y actriz, más allá de las luces de neón y los aplausos.


Queda un poso de desazón y desencanto y también de rebeldía. Pero, ¿acaso alguien dijo que la vida fuera fácil?



‘El asesino inconformista’ (Plaza & Janés Editores, junio de 2021). 384 páginas. 19,90 euros.




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