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Reflexiones actuales sobre la condición humana
Pepe Viyuela y Bernardo Sánchez convierten en obra teatral la novela picaresca 'El guitón Onofre', escrita a comienzos del XVII por el licenciado riojano Gregorio González y plenamente vigente en su diagnóstico pesimista y amoral de la sociedad
ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)
Si un texto de principios del siglo XVII, encuadrado en el subgénero de la novela picaresca, que aborda cuestiones como la degradación de las instituciones (¿les suena la musiquilla?), la hipocresía, el imperio del engaño, la persistencia de la pobreza, el miedo como instrumento de control social, el cinismo estructural, el clientelismo, la corrupción o las trampas del ascenso social, nos resulta actual en estos días, solo puede ser por dos razones. Y ninguna buena.
De un lado, que los españoles somos incorregibles y en cada uno de nosotros pervive desde tiempo inmemorial un pícaro o un buscón (del mismo modo que un seleccionador de fútbol o un presidente de gobierno, como bien sabemos). De otro, que la condición humana no cambia; sus muchas miserias permanecen invariables, da igual la cantidad de milenios transcurridos desde que nos asentamos sobre la superficie terrestre o el número de centurias que han pasado desde que el licenciado Gregorio González, natural de Rincón de Soto, en La Rioja (1575), escribiera, allá por 1604, El guitón Onofre.
El texto, posterior al Lazarillo de Tormes y al primer Guzmán de Alfarache y coetáneo de don Pablos y Justina Díez, no se publicó en su época y permaneció extraviado hasta que fue descubierto en París en 1927. Ahora descansa a miles de kilómetros de nuestro país, en la biblioteca del Smith College de la Universidad de Massachussets. Su primera impresión data del último tercio del XX, aunque con posterioridad ha conocido otras ediciones y se anuncia alguna otra próximamente.
Deslumbrados por la figura de este particular guitón, atributo que la RAE identifica con los de vagabundo o juntapuchos, el actor, payaso y poeta Pepe Viyuela y el escritor Bernardo Sánchez, tan riojanos como el novelista González, se embarcaron en la adaptación teatral de las andanzas y avatares de Onofre Caballero, un buscavidas pobre, rencoroso, falso y profano en la decadente España de comienzos del XVII. El resultado escénico se vio en el Corral de Comedias de Almagro en julio del pasado año, en el marco del Festival Internacional de Teatro Clásico, y ahora ve la luz en forma de libro.
Sobre el escenario, dos únicos personajes, dos cómicos: un comediante que hace las veces de narrador al tiempo que se pone en la piel del guitón Onofre (desdoblamiento, dualidad) y una comedianta, que interrumpe ocasionalmente los largos monólogos de su compañero, y que aporta la música al relato de los sucesos amenos, infelices, penosos y repugnantes que acontecieron al malhadado pícaro desde que llegó al mundo.
Siendo apenas niño, Onofre ya sufrió buenos golpes y tremendas palizas de aquellos a quienes se les encomendó su cuidado. Por eso su existencia va a estar marcada en buena medida por un profundo deseo de venganza, que es el único camino que conoce hacia la salvación. Desquitarse con quienes le procuran daño es su única manera de impartir justicia y lograr el bienestar y la dignidad una vez arrebatados. Y como en general se excede en su afán vengativo, lo normal es que pase del ánimo de reparación al ensañamiento y la crueldad. De héroe a villano. De víctima a verdugo.
Las aventuras se suceden a buen ritmo. Tan pronto lo encontramos en Sigí¼enza como en Hita, Alcalá de Henares o camino de Salamanca, cuando no en Valladolid o Calahorra. No escatima críticas a los religiosos ("el rosario al cuello y el diablo en el cuerpo"), aunque acaba encontrando refugio en la llamada de Dios; por interés, claro, no por verdadera vocación. Siempre urdiendo cómo matar el hambre, adquirir posición y cobrar venganza de quienes lo ofenden o lo corren a gorrazos. En el día a día de este descarriado, los alegres y serenos soles dan paso a nublados oscuros y tormentosos. Ya se sabe que el mal que hicieres, espéralo. Una vida antiejemplar.
Viyuela y Sánchez han concebido una breve y entretenidísima adaptación con la que pasar un rato muy agradable, aunque ello no evite que el divertimento esconda una reflexión amarga sobre la condición humana y una incómoda pregunta: ¿seremos todos como el malvado Onofre Caballero?
'El guitón Onofre (El pícaro perdido)' (Pepitas de calabaza, junio de 2025). 96 páginas, 11,90 euros




