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16-06-2021

#LeerSientaDeCine


Una sátira profesional del mundillo del cine


‘El vendedor de naranjas’ (1961), una novelita cruel pero tierna y casi olvidada de Fernando Fernán Gómez, retrataba un Madrid depauperado y una industria cinematográfica plagada de pícaros

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

Allá por los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, el tejido industrial español se caracterizaba por sus numerosas debilidades y limitaciones derivadas de la autarquía y la centralización impuestas por el régimen de Franco. Aquella atrofia y raquitismo acababan manifestándose en cualquier sector, incluido el cinematográfico, al que aún le faltarían décadas de impulso para dejar de ser una industria subdesarrollada.


Tales circunstancias contribuyeron a la proliferación de un variado paisanaje de aprovechados y pícaros (esa figura tan española desde tiempo inmemorial) dedicados a cazar, capturar y engatusar a incautos capitalistas dispuestos a dejarse los cuartos en una supuesta y futura película de éxito. Estos astutos personajes especializados en el timo y el engaño, en el manejo de futuros beneficios inexistentes, anticipos, retrasos en los pagos, cheques incobrables y todo tipo de artimañas financieras, eran conocidos en el mundillo del cine como “caimanes”. Vamos, unos auténticos sacamantecas.


Sobre las andanzas de estos particulares reptiles existen algunas narraciones, como Cinematógrafo, del interesante Andrés Carranque de Ríos; Producciones Mínguez, S.A. y Producciones García, S.A., del polifacético Edgar Neville, y también El vendedor de naranjas, primerísima novela de Fernando Fernán Gómez, que ya había abordado el asunto en un texto, “El jefe de producción”, aparecido en 1948 en la revista Cinema. Su publicación, hace ahora justo 60 años, pasó "con mucha pena y ninguna gloria", según se lamentaba el propio autor, que había volcado en su debut como novelista mucho de sí mismo y de su experiencia en el séptimo arte, donde ya saboreaba la popularidad y el prestigio como actor y director.


En esta novelita de sátira profesional se nos relatan –con cierta crueldad y mucha ternura, con mucha gracia y tremenda ironía, suficiente sorna y un humor de raíz costumbrista– las aventuras y desventuras de dos antihéroes. De un lado, un escritor, Enrique Lafuente, un tipo pusilánime y sin carácter, al que encargan de una productora, Pumicas, que perfeccione el guion de una película titulada La voz íntima, con la promesa de que lo cobrará bien y, además, le lloverán nuevos encargos (lo que no sucederá en ningún caso: siempre surge algún contratiempo que lo impide). De otro, un presunto productor, Rafael Castro, de negrísimo pasado: teórico vendedor de naranjas al por mayor cuya verdadera especialidad es propinar unos sablazos de campeonato a todo aquel que se le acerca con la billetera repleta de pesetas, además de acreditar una enraizada afición al alcohol y los locales de alterne.


El vendedor de naranjas ofrece una visión tragicómica de una industria y una atmósfera bastante miserables, las del cine español. Así lo reconoció el propio autor cuando aseguraba que aquel ambiente cutre que reflejaba el libro era el único entonces existente. “El otro, el que podía ser un poco más esplendoroso, la verdad es que no lo conocí. Creo que, de haberlo conocido, sería igual de cutre que este”. Algo similar sucede con el Madrid que describe: de nuevos ricos y ostentación, cabarés, “señoritas alternadoras”, una Gran Vía poblada a partir de cierta hora de vendedoras de porras y anís, y mucha gente pobre que rebañaba las monedas del fondo de unos bolsillos en los que se acumulaban la pelusa y las miguitas de pan.


El libro guarda la sorpresa de un epílogo –que bien podría leerse como prólogo– con la firma de Felipe Cabrerizo y Santiago Aguilar, tándem de grandes conocedores de los entresijos del cine español. Ellos se encargan de contextualizar El vendedor de naranjas en la producción literaria de Fernán Gómez y de contarnos cuáles fueron el origen, la inspiración y los demonios que llevaron a aquel actor de éxito e intelectual algo oculto a escribir este entretenido librito de humor desencantado.  

‘El vendedor de naranjas’ (Pepitas de calabaza/Filmoteca Española, junio de 2021). 168 páginas. 17,00 euros.

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