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Simon Chevrier, la gran revelación francesa de la prosa incómoda
El joven ganador del Premio Goncourt a la primera novela deslumbra con ‘Foto por privado’, una valiente y desgarradora autoficción sobre la prostitución masculina trufada de referencias cinéfilas
ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)
Es probable que en estos momentos el nombre de Simon Chevrier (Saint-Nazaire, 1992) aún no diga gran cosa a muchos lectores españoles, como sucede con el de tantos otros autores que se cuelan en las pilas de novedades literarias de las librerías sin saber cómo han llegado a ellas. Y eso que su libro de debut presenta en su portada la banda de “Premio Goncourt a la primera novela 2025”, un galardón de gran prestigio en el país vecino pero que no suele llamar especial atención entre los aficionados españoles (a diferencia de ciertos certámenes literarios nacionales, cuyos textos ganadores no suelen deslumbrar precisamente por su calidad...). Tampoco juega a su favor que la mercadotecnia lo acabe etiquetando como "literatura gay": se equivocarán quienes desestimen su adquisición por considerar que es un volumen más apropiado para un hueco en los estantes de la Librería Berkana que en los de la Casa del Libro. O quienes, por confusión, creyeran que es escritura erótica.
Es cierto que en la historia se suceden las relaciones homosexuales entre hombres: esporádicas, ocasionales, por mero desahogo. Que se habla de miembros masculinos, felaciones, penetraciones o caricias. Y que las aplicaciones de contactos Grindr o Giton guían esos encuentros puntuales. Pero Foto por privado, una expresión habitual en esas plataformas concebidas para entablar vínculos líquidos, es muchísimo más. Nos encontramos ante una novela breve –casi habíamos olvidado ya que en poco más de un centenar de páginas es posible armar un relato convincente, deslumbrante y profundo – que desde la autoficción, ese subgénero narrativo tan francés, ahonda en la fragilidad del ser humano. Y lo hace a través de la confesión en primera persona de un joven estudiante universitario, frustrado, sin esperanzas, que ante la falta de ingresos acaba prostituyéndose con hombres mayores, cultos, con recursos. Primero por comida, luego como complemento necesario de esos trabajos temporales y mal pagados en los que se ocupa cuando tiene oportunidad. El dinero que obtiene de esa vida clandestina lo guarda en una caja de galletas, una idea inspirada en el personaje que Björk interpreta en Bailar en la oscuridad, de Lars von Trier, y primer gran guiño cinéfilo que encontraremos en esta obra.
Simon Chevrier construye una narración fragmentada, a partir de breves pasajes, aparentemente inconexos; escritos con frases cortas, directas, sin rodeos, detenimiento ni descripciones, que como un puzle van conformando un relato convincente, luminoso, a pesar de la atmósfera triste y en algún momento sórdida que lo envuelve. No hay frivolidad en esa descripción de encuentros casuales, que no dejan huella, y en los que a menudo apenas se cruzan más de un par de frases: detrás hay una persona desamparada que busca afecto, que anhela entablar una relación duradera, consistente. Que, como todos, ansía el amor. Querer y ser querido. Porque el deseo o la supuesta pasión se apagan con inmediatez y provocan un vacío doloroso, punzante. De ahí la vacuidad emocional de un intercambio que solo persigue una satisfacción inmediata y que se extingue en el mismo instante en que se sacia el apetito sexual.
La historia de este muchacho desvalido está atravesada por la relación con su padre, un enfermo terminal ingresado en un hospital y que a las pocas semanas acabará falleciendo, lo que incide en el concepto de identidad y de memoria, en la forma de vivir el duelo; en cómo enfrentamos, a un mismo tiempo, dolor y alivio, recuerdo y presente. En cómo nos reponemos a esa amputación de una parte de nosotros mismos que se produce cuando se pierde a un ser amado. Que ahonda en los vínculos familiares, tan llenos de silencios, sobreentendidos, abrazos no consumados.
Y también se cruza la búsqueda del joven de una fotografía de Peter Hujar, portada del libro, llamado Daniel Shock, que aparece con el cuerpo doblado, chupando el dedo gordo del pie. El protagonista se lanza a través de internet a la reconstrucción de la biografía de ese desconocido. Ese ejercicio arqueológico lo pone también en contacto con un tiempo en el que el sida asoló a toda una generación, como ocurrió con el propio modelo de la instantánea.
De refilón, como escenario apropiado para hablar de desolación, la pandemia, que podría ser el territorio de ficción de la película Contagio, con Marion Cotillard y Jude Law, pero que fue muy real. Demasiado real: devastadora. Y como metáfora de la esperanza, la escena final de La pianista, de Michael Haneke, protagonizada por Isabelle Huppert, que avanza el cambio, el inicio de otra cosa.
Ahora solo queda por confirmar si nos encontramos ante uno de los escritores más prometedores de la escena literaria francesa, como apunta la crítica del país galo y bien parece anunciar este breve pero impactante libro.
‘Foto por privado’ (Random House, marzo de 2026). 120 páginas, 18,90 euros (eBook, 8,99 euros)




