#LeerSientaDeCine
¡Cómo nos siguen gustando las pelis de romanos!
Carlos Ezquerra recorre en la 'Historia informal del Cine Bíblico y Grecorromano' los años en los que el péplum era predominante y cautivador, pero también constata que el género ha gozado de buena salud antes y después de su década dorada
ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)
El género bíblico-grecorromano, o péplum en el argot de los cinéfilos, parece mantener su idilio con el gran público. Esas grandes producciones de túnicas y sandalias, pobladas de héroes bíblicos o mitológicos, emperadores romanos, gladiadores, dioses griegos y reinas egipcias nunca acaban de pasar de moda y conservan vivo su idilio con el gran público. Y no hablamos solo de las generosas audiencias que registran las cadenas televisivas cuando reponen algunos títulos en fechas muy señaladas, especialmente semana santa y navidades; también el éxito de algunas producciones de los años 2000, desde Gladiator, Ágora o La Pasión de Cristo, avala que la parafernalia imperial sigue vigente. Y eso, por no hablar de series como Roma o, más recientemente, Spartacus, Britannia, Hispania o Los que van a morir te saludan.
A este cine de regusto histórico, idealista y religioso ha consagrado sus dotes investigadoras el crítico Carlos Ezquerra, autor de una extensa y rigurosa historia de este género con la que, además de dar cuenta del gran número de cintas rodadas a lo largo del tiempo, persigue que el lector se anime a descubrir esas joyas ignotas, que no son pocas, escondidas en plataformas (o en formatos físicos, aunque sean pocos los que sobreviven a estas alturas). Y afronta la aventura por temas y no por años, lo que de alguna manera propicia que el índice se parezca más al de una tesis doctoral que al de una obra de divulgación.
El recorrido se inicia con el Libro I del Génesis y aquellos filmes destinados a contarnos los avatares de Adán y Eva, Noé o Abraham. Y continúa por Moisés, Egipto, Babilonia, Jesucristo o la mitología griega hasta conducirnos a los tiempos de Roma, desde sus orígenes a las guerras Púnicas, sin perder de vista a los grandes emperadores, los gladiadores o la caída del Imperio con las invasiones bárbaras.
El autor reivindica un género sugestivo y atractivo, de gran riqueza plástica, que conserva vitalidad y posee actualidad, aunque queden ya lejanos los tiempos de su época de gloria, la que transcurrió entre 1950 -cuando se estrena Quo Vadis?- y 1964, el momento del batacazo notabilísimo de La caída del Imperio romano, que condujo a que los grandes estudios perdieran la fe en la fórmula. Antes y después de ese periodo dorado ha habido muchas recreaciones de la Antigí¼edad, algunas dignísimas, pero también muchas "gangas", como las tilda Carlos Ezquerra.
La relación se abre con Adán y Eva, de 1956, firmada por el mexicano Alberto Gout, que es pura curiosidad: un producto kitsch trufado de cierto erotismo light. Y se cierra con otro título olvidadísimo, Teodora, emperatriz de Bizancio (1954), de un personaje con querencia por el género, Riccardo Freda. El libro constata que el gusto por los tiempos antiguos, bíblicos, mitológicos o históricos se remonta hasta el mismísimo cine mudo, con realizadores como Michael Curtiz o David Griffith, y que fue capaz de atraer a los más renombrados directores: desde John Huston a Howard Hawks, pasando por Cecil B. DeMille, King Vidor, Joseph L. Mankiewicz, Raoul Walsh, Franco Zeffirelli, Martin Scorsese o Roberto Rossellini, sin olvidar a Pier Paolo Pasolini, que dejó su personalísimo sello en El Evangelio según San Mateo, Medea o Edipo rey. Como curiosidad se consigna también un título producido en la Polonia comunista, Faraón (1966), de Jerzy Kowalerowicz: la mejor obra rodada sobre el Egipto antiguo, al decir de Ezquerra (que aquí nos ha pillado: ¡habrá que cotejarlo!).
A pesar de que es apabullante la presencia de películas estadounidenses o italianas, no faltan algunas creaciones firmadas por españoles. No son muchas, claro. El bagaje patrio se limita a Siete espartanos (1962), de Pedro Lazaga; Los jueces de la Biblia, de 1965, que suscriben el madrileño Francisco Pérez Dolz y el transalpino Marcello Baldi; Salomé, un cortometraje de nueve minutos realizado en 1977 por un jovencísimo y desconocido ¡Pedro Almodóvar!; Ágora, la superproducción de Alejandro Amenábar de 2009, y la serie Hispania (2010-2012), con varios directores en liza: Carlos Sedes, Félix Viscarret o Alberto Rodríguez.
Como seguramente el libro merezca algunas reediciones, sería conveniente que se acabara incorporando una relación de las películas reseñadas. Así facilitaría la consulta y nos permitiría a los cinéfilos saber qué nos vamos a encontrar cada vez que nos acomodemos frente a una pantalla para disfrutar de una de romanos.
'Historia informal del cine bíblico y grecorromano. De Moisés a Las invasiones bárbaras. Un original recorrido por la Antigí¼edad en cine' (Erasmus Ediciones, octubre de 2025). 336 páginas, 24,95 euros




