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18-02-2026

#LeerSientaDeCine

 

Princesas Disney, del conservadurismo al empoderamiento

 

Sara Ruiz Sardón disecciona las protagonistas femeninas del gigante audiovisual desde una perspectiva de género y con un agudo espíritu crítico

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

Existe una amplísima bibliografía relativa al imperialismo cultural e ideológico de la factoría Disney (y de toda la industria del entretenimiento estadounidense). Son numerosos los ensayos y estudios que desde hace décadas analizan cómo sus productos, aparentemente inocentes y dirigidos a un público mayormente infantil, promueven valores, ideales y estereotipos sexistas, conservadores y consumistas, que han ido calando en la población de todo el planeta, moldeando la cultura, las personalidades individuales y los imaginarios colectivos de aquellos países en los que se han difundido. Pero quizá el análisis ni estaba completo ni era tan unidireccional.

 

A los muchos títulos publicados hasta la fecha se suma ahora el de una joven y brillante escritora, directora, actriz y analista fílmica, Sara Ruiz Sardón (Madrid, 1994), que disecciona, desde una mirada feminista, crítica y tremendamente inteligente, lo que se esconde detrás de los personajes de las princesas que protagonizan las películas de animación de la compañía que fundara Walt Disney.  

 

La autora reconoce que cuando era muy niña se dormía cada noche con la historia de Ariel, esa simpática sirenita que quería tener piernas y deshacerse de las escamas para explorar el mundo de los humanos. Confiesa que siente una especial debilidad por Rapunzel y que Mérida le enseñó a querer más a su madre y a entenderla. A medida que creció, fue percatándose de que los sueños nacen en los cuentos y que los relatos esculpen el carácter y dejan poso en comportamientos y creencias. O, como ella misma resume, “las historias son enseñanzas que escucha la niña para la adulta que será”.

 

Ahora, ya treintañera, Ruiz Sardón se ha dedicado a analizar a conciencia las figuras de Blancanieves, Cenicienta, Aurora, Ariel, Bella, Jasmín, Pocahontas, Mulán, Tiana, Rapunzel, Mérida, Elsa y Anna, Vaiana y, finalmente, Raya. Y lo hace asumiendo que Disney tiene responsabilidad porque no hace nada sin querer. Para la multinacional, nada es inocente ni casual. Cada una de las 14 películas estudiadas, que se estrenaron entre 1937 y 2021, irrumpe en un momento histórico concreto y con unos objetivos muy determinados. Con unos mensajes muy claros e intencionados.

 

A juicio de la analista, las películas se corresponden a las diferentes olas del feminismo estadounidense. Así, Blancanieves y los siete enanitos llega en 1937 tras la Gran Depresión y la necesidad de que la mujer sea el ángel del hogar: “la mujer perfecta es la que disfruta de las tareas del hogar, la que disfruta del entorno privado, la que está en casa y cuida”. En 1950 es el turno de Cenicienta: se impone la cultura del electrodoméstico y nada de tareas domésticas, sino búsqueda del entorno principesco con amor, lujos y tranquilidad.

 

Tras el notable batacazo en 1959 de La bella durmiente y un largo periodo –la llamada “Edad Oscura”– sin filmes de princesas, irrumpe La sirenita, que coincide con la segunda ola feminista: la mujer no quiere quedarse donde le mandan, aspira a otra vida. Entre mediados de los noventa y principios de los 2000 asoma la tercera ola, que pone en el primer plano la cuestión racial y de clase, además de criticar el feminismo blanco. Son los años de Aladdín (1992), Pocahontas (1995) y Mulán (1998), con sus princesas racializadas. No sorprende tampoco que con Barack Obama en la Casa Blanca sea el turno de Tiana, primera princesa afroamericana. O que en 2012 se produzca el gran cambio con Brave. Indomable, que pone en jaque el cuento de hadas y, entre otros aciertos, aborda el debate generacional y se centra en la conversación entre madre e hija. Y así, con princesas de hielo y jovencitas sin príncipes (Vaiana), llegamos a 2021, con Raya, la menos popular en mucho tiempo. Injustamente, según la autora (que bautizó a su mascota con el nombre de esa guerrera de dibujos animados).

 

Para cada una de estashistorias, Sara se ciñe al mismo patrón de observación: en qué cuento se inspiraron para la adaptación, qué personaje creó Disney y en qué momento histórico, cómo es cada princesa (personalidad, cuerpo y apariencia, sueños y objetivos), qué hay detrás de cada una de las canciones que se interpretan, cómo es el mundo que rodea a la muchacha, cómo son los personajes que la acompañan (tanto los amigos y aliados como los antagonistas), así como qué papel juegan el amor y el príncipe.

 

Sara Ruiz Sardón, autora en el off madrileño de montajes teatrales tan valientes como Jägger, fuet y una última canción o Yo nunca, también fue una muchachita que una vez soñó con ser princesa. Ahora, a sus 31 años, no se muestra en ningún caso maniquea, una actitud de enorme mérito en estos tiempos de polarización y cabreo generalizado. Razona que ninguna muchacha debe sentirse incómoda por haber creído en figuras nobles, besos a sapos o sueños imposibles. Reconoce el problema, lo delimita perfectamente y brinda herramientas para una lectura distinta, pero tampoco quiere huir de lo que la enamoró de pequeña. Defiende creer en los hechizos, los cuentos y el inconformismo que alimentan, para, con el transcurrir del tiempo, construir un mundo distinto, más justo, mejor.

 

Se rebela contra valores como la sumisión, la normatividad estética o el deseo puro e irrefrenable de encontrar (sí o sí) el amor. Pero en cambio sí se queda con otros principios que transmitieron esas películas, como la protección del débil, el respeto al diferente, el rechazo de la violencia, la solución pacífica de los conflictos o el cuidado del entorno. Reivindica huir del encasillamiento y la uniformidad, la virtud de encontrar la magia en la oscuridad.

 

Y deja una conclusión que es la principal hipótesis del libro: no, no todas las princesas son iguales. Un recadito: aunque formen parte de nuestro imaginario colectivo, no deben servir para fomentar los estereotipos. Un deseo: contribuyamos, a partir de ellas, a transmitir otras realidades más diversas, otras relaciones, otros cuerpos, otras vidas. Una proclama: no dejemos que la cultura dependa del capitalismo.

‘La princesa que nunca fui. Una mirada a las princesas de cuento para hacernos dueñas de nuestras historias’ (Roca Editorial, febrero de 2026). 320 páginas, 22,90 euros (eBook, 10,99 euros)



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