#LeerSientaDeCine
La certeza plana de los días normales
Isabel Coixet llevará a la gran pantalla la novela 'Los días del abandono', de la misteriosa Elena Ferrante, con Penélope Cruz en el papel protagonista
ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)
"Un mediodía de abril, justo después de comer, mi marido me anunció que quería dejarme". Así, mientras retiraban platos y cubiertos de la mesa, Mario enviaba 15 años de matrimonio con Olga por el sumidero y dejaba tres víctimas colaterales, que quedarían a partir de ese momento al cargo de la madre: dos hijos pequeños, Gianni e Ilaria, y una mascota, un pastor alemán llamado Otto. Él alega un súbito vacío de sentido en su vida, como ya hiciera al principio del noviazgo, cuando provocó una breve ruptura. Luego sabremos que mantiene una relación amorosa con una jovencita, Carla, con la que ya había tenido un devaneo cinco años atrás.
Así comienza una de las novelas más populares de la misteriosa escritora Elena Ferrante, seudónimo tras el que se oculta quien ha preferido conservar el anonimato y la ausencia, a pesar del notabilísimo éxito de todos sus libros. Especialmente de este, Los días del abandono, integrado en sus Crónicas del desamor. Una obra publicada en 2002, que conoció en 2005 una versión cinematográfica a cargo de Roberto Faenza, con Margherita Buy, Luca Zingaretti y Goran Bregovic, autor también de la banda sonora, en sus principales papeles. Ahora, de la mano de Isabel Coixet, volverá a adaptarse a la gran pantalla, con Penélope Cruz como protagonista. Hace poco, además, fue abandonado el proyecto de llevarla a las salas cuando Natalie Portman, inicialmente elegida para interpretar a Olga, decidió dar carpetazo a la propuesta.
Desde el momento en que Mario cierra la puerta de la casa tras de sí, Olga, quien narra en primera persona su historia, queda desolada, destrozada, descompuesta. Le parece imposible que él se vaya, llevándose consigo el sentido que le había dado a su vida durante 15 años. Comienza entonces su particular descenso a la negrura de los infiernos. Su degradación. Su desesperación. Su delirio. Se adentra en un torbellino de rabia, angustia, rencor y espanto. En un peligroso laberinto de pesadillas. Otrora tranquila y comedida, se torna odiosa, insensata, obscena.
Mientras trata de contestarse a una y mil preguntas que le ofrezcan una respuesta que explique lo ocurrido, absolutamente todo se destruye a su alrededor. No se siente capaz de enfrentar el día a día, como si cada mínimo gesto le supusiera el esfuerzo de ascender una montaña. La relación con sus hijos se deteriora. Los amigos de antaño son enemigos en el presente. Encadenada a los cuidados obsesivos de la feminidad durante mucho tiempo, ahora renuncia a ellos.
Se impone cumplir con las responsabilidades cotidianas, luchar contra el desánimo, el encierro, las lágrimas, el autodesprecio, la nostalgia. En definitiva, ser fuerte. Pero esa tarea es más difícil de lo que parece. Exige un esfuerzo ímprobo que, a veces, se acompaña de pánico, fracaso y desesperanza.
Elena Ferrante -o como quiera que verdaderamente se llame- consigue, y ahí radica una de las razones de su enorme éxito y repercusión, que el lector quede atado al relato desde un primer momento; que se adentre voluntariamente en la asfixiante atmósfera que generan los pensamientos de Olga, algunos de ellos alarmantes; que no desee huir y sí acompañarla en la búsqueda de una salida a la desazón y la frustración.
Cualquiera puede identificarse o empatizar con ella, porque Los días del abandono habla de desamor. ¿Qué sucede cuando una mujer -o un hombre- se queda sin amor, sin nada? También analizan sus páginas una identidad que con demasiada frecuencia vinculamos a una única persona, a quien otorgamos un significado decisivo. Y habla igualmente de una maternidad que haremos bien en poner en duda y no entenderla como un valor incontestable y absoluto. Ferrante escudriña esa fragilidad que todos tenemos y que corre el riesgo de romperse al mínimo movimiento. La delgada frontera que nos ata a la cordura, cuyos límites se quiebran con más facilidad de la que quisiéramos, hasta abocarnos al delirio, al desorden, a visiones que nos apartan de nosotros mismos. Y, por supuesto, Los días... también es un libro que alude al lenguaje, a ese poder mágico y maravilloso de las palabras, que exigen ser cuidadas y atendidas como si fueran nuestro bien más preciado.
Pero no todo es infelicidad, tormento, dolor o desastre. Finalmente, Olga entenderá que solo se recompondrá cuando se entregue a la certeza plana de la rutina, de los días normales, de los gestos habituales. Cuando devuelva su verdadera importancia a los guiños, las sonrisas y las palabras cordiales. Cuando no preste atención a la persistencia en el tiempo de una relación que se niega a morir, aunque se haya descompuesto ya. Cuando comprenda lo absurdo de las esperas de un tiempo pasado que no vuelve en el futuro ("El futuro es solo una necesidad de vivir en el pasado", afirma). Solo así renacerá como un ave fénix. Plena, capaz, renovada. Feliz.
'Los días del abandono' (Lumen, octubre de 2024). 224 páginas, 16,90 euros (eBook, 5,49 euros)




