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13-01-2022

#LeerSientaDeCine

 

La nostalgia de los (efímeros) días perfectos

 

El productor y guionista Jacobo Bergareche debuta en la novela con una profunda y entretenida reflexión sobre amor y desamor

 

 

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

Una pareja se busca desde el momento en que se despiertan, hacen cosas juntos en las horas siguientes y disfrutan el uno del otro hasta acostarse. Parece sencillo. Lo más normal del mundo. Así podría resumirse un día perfecto, lleno de pequeños actos y los gestos más cotidianos. Pero si nos detenemos a pensar en nuestras vidas y echamos la vista atrás, ¿cuántos de esos días memorables y de felicidad inmensa diríamos que hemos vivido?

 

El ímpetu desaforado, la excitación extrema y la promesa de un deseo inagotable acaban agotándose. Y dan paso a un tedio insoportable, a la degradación misma del amor. Una sucesión de días inútiles, olvidables, malogrados. ¿Qué hacer, entonces, para reavivar el ardor cuando se vive sin pasión y contamos los días venideros como si estuviéramos de paso, como si el amor se hubiese transformado en una enfermedad crónica y degenerativa?

 

Uno de los riesgos es caer en la nostalgia, recrear los recuerdos, buscar en el pasado rastros e indicios de aquella perfección que un día fue. Lamentarnos por no haber sabido cristalizar para siempre aquellos instantes que creíamos eternos. Pero esa recuperación de la memoria es un mal consuelo: ya se sabe que las palabras, imágenes y objetos que forman parte de esos recuerdos van diluyéndose con el paso del tiempo.

 

Con la correspondencia del premio Nobel de Literatura William Faulkner a su amante Meta Carpenter como hilo conductor, Jacobo Bergareche (Londres, 1976) revuelve en las entrañas del amor cuando está incandescente, durante ese periodo de felicidad suprema en el que la pasión hacia la otra persona se desborda porque no conoce límites. Pero también se sitúa en el otro extremo, el del desamor, cuando esa misma relación, otrora extraordinaria, acaba siendo un páramo repleto de residuos tóxicos, reproches, deseos reprimidos e ilusiones con fecha de caducidad.

 

Lo hace a través de Luis, un reportero descreído que vive una apasionada aventura extramarital con Camila, una mexicana con la que coincidirá en Austin, Texas, durante un congreso de periodismo digital. Después de repetir el encuentro al año siguiente, ella pone fin a la relación cuando parecía que volverían a amarse una tercera vez. En un ejercicio de nostalgia de los intensos días vividos, él le escribe desde esa ciudad estadounidense una larga carta con la que quisiera embalsamar los recuerdos, la memoria del amor. Y, como hiciera el propio Faulkner cuando de su relación con Meta apenas había ya rescoldos, de tener que elegir entre la pena y la nada, Luis igualmente prefiere quedarse con la pena.

 

También escribe una misiva a Paula, su mujer –con la que tiene tres hijos pero una convivencia anodina, después de casi 20 años de relación matrimonial–, antes de su regreso a casa. Afloran entonces los reproches, la resignación, el engaño (o la ocultación, que nunca se sabe qué es peor). Aunque él haya vivido esa inolvidable escapada, también siente el peso de la derrota y el fracaso, de lo que significa volver a sentir la dolorosa soledad en compañía.

 

Bergareche, que compagina la escritura con su trabajo como productor y guionista de series de ficción, acreditaba ya varios libros en su haber antes de Los días perfectos: el poemario Playas, la pieza teatral Coma, la colección de libros infantiles Aventuras en Bodytown y el ensayo autobiográfico Estaciones de regreso. En esta novela no habla de nada de lo que no se haya escrito en múltiples ocasiones: el amor y el desamor, los efectos del paso del tiempo en las relaciones, el miedo a la finitud, la perfección de los momentos y la imperfección humana. Pero resulta original, incisivo, revelador. Con una narrativa atractiva, deliciosa, muy bien resuelta. Y, a todo esto, reivindicando el género epistolar, tan olvidado y tan necesario.

 

Jacobo Bergareche, fotografiado por Belén García-Mendoza

 

‘Los días perfectos’ (Libros del Asteroide, mayo de 2021). 184 páginas, 18,95 euros.

 




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