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21-01-2021


Lia Chapman


“Solo cuando nos desprendemos del miedo somos capaces de escuchar al otro”




La actriz, directora, guionista y productora dominicana publica su primer libro, ‘El coraje del actor’, cuyas páginas llena con sus vivencias en Los Ángeles



BEATRIZ PORTINARI

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

“Recuerdo a mi abuela contándonos cuentos cuando éramos pequeños en mi pueblo, Barahona, en República Dominicana. Nos sentábamos en un patio lleno de árboles, precioso, junto a nuestra casita de madera y zinc. Los seis hermanos y algún vecino la escuchábamos embobados, porque mi abuela más que contar cuentos... los interpretaba. Cantaba y bailaba mientras narraba. Y mi madre también cantaba mucho: yo canto boleros por ella. Es curioso, hasta este momento nunca hubiera dicho que tenía antecedentes artísticos en la familia. Pero sí, quizá esa infancia me influyó en mi camino posterior”. 

 

   La exmodelo, actriz, directora y productora dominicana Lia Chapman sonríe con nostalgia en una terraza del frío Madrid, lejos del calor de su país de origen. Después de crecer en Nueva York, viajar por todo el mundo como modelo de pasarela y vivir a caballo entre Los Ángeles y Madrid, es en esta última parada donde le ha pillado la pandemia y donde ha publicado su primer libro: El coraje del actor (Editorial Círculo Rojo). Confiesa que todo lo vivido, lo bueno y lo malo, ha marcado su personalidad y su forma de trabajar. 

 

   “Mi padre falleció cuando yo era muy pequeña y mi madre cogió a sus seis hijos y a mi abuela y se fue a Nueva York a buscarse la vida y trabajar duro como patronista para sacarnos adelante. Yo fui una niña tímida, con muchos miedos. Son ausencias en tu vida que te hacen una grieta y que tú tapas como puedes, para sobrevivir. Ahí influye mucho el personaje o la careta que te creas para sobreponerte a la infancia, y que cuando eres mayor puedes quitarte, porque ya no la necesitas”.

 

   Subir a las pasarelas como modelo adolescente, lidiar durante años con las apariencias y competitividad extrema del prêt-à-porter también influyeron en su caminar por la vida. “No te das cuenta del dolor hasta que reflexionas sobre él para conocerte mejor y saber quién y por qué eres como eres. Cómo eliges a tus parejas y a tus amigos, cómo te relacionas con el mundo, incluso cómo te mueves puede ser un reflejo del miedo. Una vez que sabes lo que vales, lo que vale tu trabajo, dejas a un lado la crítica y dejas de pelear tanto. Solo cuando nos desprendemos del miedo somos capaces de escuchar al otro. ¿Y qué hay más importante para un actor que la escucha activa?”





‘Kintsukuroi’ para actores

Como la técnica japonesa del kintsukuroi, que repara las grietas de cualquier objeto con oro, Lia Chapman asegura que la interpretación llegó a su vida para rellenar aquellos agujeros que deja la vida. Después de estudiar Sociología en la Universidad de Fordham y trabajar como modelo de pasarelas internacionales, se enamoró del cine en sus primeras colaboraciones con Pedro Almodóvar en Matador y Fernando Trueba en Sé infiel y no mires con quién. Asegura que su paso por la escuela de Juan Carlos Corazza en Madrid supuso un antes y un después en su carrera profesional.

 

   “Corazza ha sido para mí el mentor que cambió mi vida. Él me ayudó a conocerme, a encontrarme, a ser la actriz y la mujer que soy hoy. Yo desfilaba en París, cogía un vuelo y corría a sus clases, todavía con los tacones y las pestañas postizas. Tenía que hacer el ejercicio de quitarme todas las máscaras para ser quién era; si no, ahí no podía entrar ningún personaje que quisiera interpretar. En su escuela estaba lo mejor de cada casa y para mí era un lujo aprender de compañeros a los que admiro, como Javier Bardem”, recuerda Chapman. 

 

   Corazza solía decir a sus alumnos: “Un actor tiene que ser como un pintor, que va cogiendo los colores y los va mezclando hasta conseguir el lienzo que quiere pintar”. De él también aprendió a dejar el personaje cuando terminaba de actuar para no llevárselo a su casa. Algo que le serviría cuando decidió dar el salto a Hollywood y que le ha inspirado en su libro El coraje del actor.



   “Cuando llegué a Los Ángeles me llevó mucho tiempo y dinero acertar con los agentes, representantes, ambientes, profesores y contactos que debía hacer para conseguir oportunidades. Después, cuando ya estaba allí asentada recibía todos los días decenas de mails de compañeros de profesión que me pedían consejo para trabajar en Hollywood, y les respondía con todo el conocimiento que yo había adquirido. Este libro sirve como guía para el recién llegado, pero también es una reflexión sobre por qué uno decide ser actor y cómo debería mantenerse firme si realmente es su vocación”, asegura la autora.

 

   A lo largo de 300 páginas, Chapman hace un repaso de los sitios donde estudiar, trabajar y relacionarse, en qué agentes confiar o qué cursos, talleres y especializaciones son recomendables. Incluso sirve de guía de viajes para saber qué barrios son menos recomendables por las noches, o qué técnicas de voz y movimiento están revolucionando los castings en Estados Unidos. En su caso, por ejemplo, continuó el trabajo que había iniciado con Corazza gracias a los maestros estadounidenses Catlyn Adams y Larry Moss. Moss fue, precisamente, el mentor de actrices como Hillary Swank y Helen Hunt en papeles con los que ganaron sendos Óscar.

 

   “Al principio de mi carrera yo trabajaba mucho desde el dolor, que me permitía entrar en personajes de mujeres sacudidas por la vida. Actuar te sana el alma porque das un aspecto positivo a todo lo doloroso que te ha pasado y también te permite utilizar lo bonito que te haya sucedido”, afirma con la mirada del que calla más de lo que cuenta. “Consuelo Trujillo se reía de mí en la primera obra que hicimos con Corazza y decía: ‘¡Está cagada de miedo, pero se pega una llorera y sale como nueva!’. La base del trabajo de Corazza y otros maestros con los que estuve en Estados Unidos parte de las sensaciones y emociones: que no necesites esa llorera para ir donde tenías que ir. El trabajo sensorial consiste casi en pensarlo y sentirlo, y ya está. Por ejemplo, pienso en las habichuelas con dulce que preparaba mi abuela y casi puedo olerlas, o en la sensación en los pies la primera vez que entras en el mar. Puedes recrearlo sensorialmente desde tus recuerdos para dárselo al personaje. Otros actores trabajan de afuera para adentro, pero a mí no me funciona”. 





Actriz, directora y productora

Muchos intérpretes pasan de la actuación a la dirección como un movimiento natural dentro de su carrera, y así le sucedió a Lia Chapman. Estudió Dirección de Cine en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y creó la productora hispano-dominicana Mis Tres Hermanas para apostar por un cine en el que se huyera de los estereotipos sobre la mujer. En julio de 2015 escribió, dirigió y coprotagonizó su primer cortometraje, Ángeles rotos, premiado en varios festivales, donde retrataba la vida de ocho mujeres supervivientes de la violencia sexual y machista.

 

   “Un actor debe estar creando constantemente, no puedes esperar sentado a que te llamen. En Estados Unidos lo llaman What you bring to the table? (¿Qué traes a la mesa, qué aportas tú). Yo quiero trabajar con directores que aporten una reflexión interesante sobre la vida, y quiero proponer mis propias historias, que son muy peculiares, y dirigir a la gente que admiro”, explica la directora. 

 

   Entre sus últimas películas como actriz destaca Mis 500 locos (Leticia Tonos). Ahora trabaja en la producción de Things we did for freedom con el director Marcos Moreno, que se rodará en República Dominicana, mientras que en Chile grabará la serie Los Robinsones, donde tendrá a Fernando Tejero como compañero de reparto. Pero en los próximos años quiere potenciar su faceta de directora con el estreno de su primer largometraje, Porque te quiero, que también ha escrito. 

 

   “El año pasado estuve en un taller con Asghar Farhadi, del que salió el corto Último paseo, y aquel seminario tuvo algo mágico que me hizo amar aún más la dirección. Es lo que más me apetece ahora mismo, pero ¡tengo más historias en la cabeza que tiempo para escribirlas, interpretarlas o dirigirlas!”, cuenta entre risas.



   ¿No es difícil dirigirse a sí mismo? Al parecer, esta pluriactividad tiene mucho que ver con las oportunidades de trabajo y la escasa oferta de papeles para actores y actrices negros, al menos en España. Chapman fue la primera mujer dominicana que protagonizaba una serie, Canguros, gracias a la insistencia del director Pepe Ganga. Ella y Emilio Buale abrieron el camino. Pero los papeles multirraciales llegan con cuentagotas y la única alternativa es la autoproducción.


   “Yo he estado en Los Ángeles, hace años, viendo la entrega de los Goya con amigos y morirme de vergüenza cuando me han preguntado ‘¿En España no hay actores de otras razas?’. ¡Por primera vez, en 2020, Emilio Buale ha entregado un Goya! Faltan chinos, mujeres gruesas, hombres feos. Esa carencia le quita fuerza y credibilidad a un cine tan bello y una televisión de tanta calidad como se hace en España. No es que el cine francés sea mejor, ni mucho menos, pero sí se atreve a mostrar simplemente la diversidad de su sociedad”, reflexiona Chapman. “No estoy reclamando papeles porque, afortunadamente, no me falta trabajo, pero me preocupa que las nuevas generaciones de intérpretes negros tengan pocos referentes en el cine español. ¿Qué tenemos que hacer para que nos den oportunidades? Creo que esto va a recaer en las nuevas generaciones, más jóvenes, que se atreven a incluir diferentes personajes en los repartos. Y mientras tanto, creo que intérpretes que creemos en la diversidad debemos escribir más, producir más y dirigir más. Ese es mi reto como creadora”.

 

   ¿Y cuál sería su próximo reto como escritora? Lia Chapman reflexiona unos segundos y su mente vuelve a viajar a Barahona, donde disfrutaba del sol en la piel y las habichuelas con dulce. Nadie diría que hace frío cuando se despide: “Mi sueño es escribir una novela sobre las mujeres de mi familia, a cada cual más valiente. La lucha de mi madre por sacarnos adelante. Pude haber salido prostituta o drogadicta, pero no. Creo que mis hermanos y yo hemos tenido siempre mucha suerte o un ángel de la guarda”. 




Esa forma especial de ver la vida

ABEL MARTÍN, director general de AISGE


El coraje del actor no solo constituye una guía realista y esperanzadora para todo actor o actriz que pretenda probar suerte en el Hollywood del siglo XXI. También ofrece un conjunto de consejos, recomendaciones y aspectos teóricos y prácticos acerca de la verdadera profesión de actor, su formación y desempeño, así como del papel que ha de jugar en el contexto cultual, social, económico e industrial de esta época marcada por los contenidos audiovisuales de ficción, producidos y explotados a escala mundial a través de plataformas digitales como Netflix, HBO, Amazon Prime, Disney+, Movistar+ o Apple TV.

 

Como bien dice y concluye la propia Lia Chapman, “no hay nada más bello que vivir de lo que te apasiona”. Pero también advierte, en esencia, que sin vocación ni preparación la trayectoria de cualquier artista puede quedar varada en la orilla de una isla negra llamada frustración. Al final, será el carácter vocacional de tu trabajo y de tu forma especial de ver la vida lo que te impulse hacia el maravilloso destino de un proyecto vital dichoso. Haciendo no solo lo que mejor sabes hacer, sino aportando un beneficio a la humanidad

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