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26-07-2012

El sector de la cultura se subleva contra la subida del IVA
El incremento, del 8 al 21 por ciento en numerosos servicios, pone en peligro miles de puestos de trabajo
 
El sector de la cultura ha reaccionado de forma unánime y masiva contra el incremento del IVA en productos culturales que anunció el Gobierno a mediados del mes de julio. La rebelión es generalizada entre todos los colectivos: actores, músicos, empresarios, compañías teatrales, promotores, bailarines, directores de escena, técnicos, galerías de arte, asociaciones sectoriales y, en general, todos los trabajadores de la cultura en España han puesto el grito en el cielo ante la gravedad de una subida impositiva que deja en el aire una ingente cantidad de proyectos creativos y miles de puestos de trabajo.
El problema va más allá de la subida generalizada del IVA para todas las actividades económicas del país. El mazazo para el sector proviene del hecho de que la tipología aplicable pasa del IVA reducido (que sube del 8 al 10 por ciento) al IVA general (que pasa del 18 al 21 por ciento). En síntesis: todas las actividades culturales que hasta el 31 de agosto tributan un 8 por ciento del IVA pasarán a devengar un 21 por ciento a partir del 1 de septiembre: 13 puntos porcentuales más. Sin excepciones ni progresividad de ningún tipo. Una subida que repercutirá, inevitablemente y de manera significativa, en el precio de las actividades. Será mucho más caro, por ejemplo, asistir a la proyección de una película en el cine. O acudir a conciertos y festivales. A diferencia del resto de países europeos, donde el sector cultural goza de protecciones especiales, el modelo español aboga por convertir a la cultura en producto de lujo a la vuelta del verano.
La unidad de los trabajadores de la cultura frente a la medida se escenificó la tarde del jueves 19 de julio en múltiples ciudades españolas. La multitudinaria concentración central se convocó en la Plaza del Rey de Madrid, enclave de la Secretaría de Estado de Cultura, bajo el lema “Contra la reforma laboral, cultura general”. En las primeras filas, un buen número de actores y actrices dando la cara en este momento difícil: Carlos y Javier Bardem, Carlos Iglesias, Loles León, Juan Diego Botto, Paco León, Quim Gutiérrez, Pilar Bardem, Dafne Fernández, Pilar Bardem, Ernesto Alterio o Marisa Paredes, que no dudó en calificar la medida gubernamental como “una salvajada”. También pudieron distinguirse los rostros de los directores Daniel Sánchez Arévalo y Gracia Querejeta o de los productores Gerardo Herrero y Beatriz de la Gándara.
 
Trasfondo ideológico
Las palabras de todos ellos oscilaron entre la preocupación, la crítica y la amargura. “El nuevo IVA va a expulsar del teatro y del cine a los espectadores”, reflexionaba Juan Diego Botto. “No servirá para recaudar lo que dicen y se convierte en una medida injusta e inútil”. A juicio de Pilar Bardem o Tristán Ulloa, otro de los intérpretes congregados, la decisión del Ejecutivo tiene “un trasfondo ideológico” y supone “una manera de ajustar cuentas con el sector del cine”.
El presidente de la Unión de Actores, Vicente Cuesta, se encargó de leer el comunicado final, que encierra duras críticas “por las ayudas a la banca frente al hundimiento de la calidad de vida”. Cuesta había ejercido de moderador, la víspera en la sede de la Fundación AISGE, de un encuentro entre distintas asociaciones en el que se mostró la “honda consternación” del sector por el negro panorama que se dibuja a partir de septiembre.
De hecho, la semana fue pródiga en pronunciamientos varios antes de las manifestaciones del jueves. Los comunicados fueron lloviendo con los remitentes más diversos pero muchos elementos en común: la medida es indiscriminada, injusta, improcedente e inasumible para el sector cultural, abocado a la pérdida de empleo. La medida también supone, en último extremo, el empobrecimiento (real y espiritual) de un país en el que la actividad cultural representa el 4 por ciento del Producto Interior Bruto y constituye una de las grandes bazas para promocionar la marca España más allá de nuestros límites geográficos.
El miércoles 18, por ejemplo, la Plataforma de las Artes Escénicas y el Audiovisual denunció que la cultura “va a dejar de ser un bien de interés público protegido para pasar a ser considerado artículo de lujo”. Tras lamentar la paradoja de que el incremento del precio de las localidades excluya al fútbol y los toros, denunciaba: “Estamos cansados de que se nos trate como ciudadanos de tercera con la excusa de la crisis. La mayoría política no es la mayoría social”. Entre los firmantes, la Unión de Actores y Actrices de Madrid, la Asociación de Directores de Escena, la Asociación Cultural por la Danza, la Plataforma de las Artes Escénicas de Madrid, la Red de Teatros Alternativos y un largo etcétera.
La Red de Teatros, Auditorios y Circuitos fue más allá y cifró las posibles pérdidas de la medida en más de 12 millones de espectadores al año. “El incremento del IVA en las entradas de espectáculos de teatro y danza afectará significativamente la viabilidad y supervivencia de un sector que genera más de 20.000 empleos”, añadieron. Por su parte, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española –que representa a 4.000 empresas del sector y más de 150.000 puestos de trabajo– ha solicitado “conversaciones inmediatas” con el ministerio de Hacienda y la presidencia del Gobierno para analizar la gravísima situación planteada.
Por su parte, el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, se ha limitado a señalar que la subida “se ha hecho porque se tenía que hacer, porque la situación de caída de los ingresos públicos ha llevado a eso”. Wert también sugirió al sector cultural que contemple “la posibilidad de absorber una parte del incremento”, aunque admitió que la subida repercutirá, inevitablemente, en el bolsillo del consumidor.
La rebelión, en cualquiera de los casos, es generalizada. Incluso un relevante colectivo de periodistas culturales aprovechó su presencia en los cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo para leer un manifiesto contra la subida del IVA a la cultura. “La cultura no es un privilegio, sino que forma parte indispensable del desarrollo intelectual y afectivo de las personas. Nos negamos a aceptar que se nos diga que pensar es un lujo”, se lee en un documento que rubrican, entre otros, Jesús Ceberio (director de El País entre 1993 y 2006), Basilio Baltasar (Fundación Santillana), Sergio Vila-Sanjuán y Llàtzer Moix (La Vanguardia), Ana Borderas (Cadena SER), Antón Castro (Heraldo de Aragón), Eva Díaz y Antonio Lucas (El Mundo), Laura Revuelta y Sergi Doria (ABC), Jesús Ruiz Mantilla, Winston Manrique y Juan Cruz (El País), Antonio Iturbe (Qué leer), Aurelio Loureiro (Leer), Manuel Pedraz (RNE) o Montserrat Domínguez (El Huffington Post). 
 

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