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El anecdotario de Javier Ocaña

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Los perdedores de Mario Camus



JAVIER OCAÑA

“Mi película de fin de curso era la de un perdedor. La única y verdadera estética es la del perdedor, aunque sea cruel decirlo”. Son palabras de Mario Camus respecto a El borracho, su práctica final de carrera, curso 1961-1962, después de tres años en lo que por entonces cambió su denominación de Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas a Escuela Oficial de Cine. Aquel cortometraje de 18 minutos de duración prefiguraba ya en cierto modo la estética y la ética de lo que luego serían sus dos primeros largometrajes: Los farsantes y Young Sánchez, ambos de 1963.

 

   El discurso anticomunista de fondo, en la radio del bar, refleja lo que desde los medios oficiales se lanzaba al pueblo en ese tiempo. Las calles que muestra el corto, en los arrabales de Madrid, ni siquiera se pueden considerar calles. Son apenas caminos de tierra llenos de barro en los que se alinean casuchas de una sola altura a ras de suelo. Al fondo se adivinan los pisos en construcción de numerosas alturas, algunos ya prácticamente terminados, los de barrios como San Blas o La Concepción. Es una ficción, pero con el paso de los años las imágenes de Camus poseen un valor documental incalculable, al estilo de las fotografías de la época de artistas como Gabriel Cualladó, Francisco Ontañón y Ramón Masats.

 

   A esas alturas, y a pesar de seguir siendo aún un estudiante de cine, Camus ya había colaborado en los guiones de dos de las películas de uno de sus profesores, Carlos Saura: Los golfos y Llanto por un bandido. El argumento de El borracho es sencillo pero profundo: la última noche de alcohol en el bar del barrio para un hombre desempleado que vive en casa de un amigo ante las reticencias de la esposa de este y las preocupantes toses de su hija pequeña. El panorama es desolador en lo social, y Camus, con sutileza, apunta matices sobre la personalidad del borracho sin nombre. Estuvo muchos años en la cárcel. ¿Un represaliado del franquismo de imposible reinserción? El estigma político y social.

 

   El corto, en el que Pedro Olea trabajó como ayudante de dirección y Luis Cuadrado, posteriormente gran director de fotografía, se ocupó de la luz, se exhibió junto a las demás prácticas de aquel año en el Palacio de la Música de la Gran Vía madrileña.

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