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28-12-2021

Mamen García

“Casi me desmayo de tanto jadear en el doblaje de algunas películas de porno ligero”

 

En los ochenta alcanzó notoriedad en la música. De la voz siguió viviendo durante su etapa en el doblaje. El teatro musical tuvo la culpa de su apuesta definitiva por la actuación. ‘Escenas de matrimonio’ y ‘Señoras del (h)AMPA’ son sus cumbres televisivas, y crece su discreto currículum en cine



ALOÑA FERNÁNDEZ

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

La historia de Mamen García viene a confirmar que nunca es tarde para descubrir una nueva faceta profesional. Tenía 22 años cuando se marchó a Londres a buscarse la vida y a cantar en inglés. La interpretación llegaría mucho después, y aunque le ha costado, ya se reconoce más como actriz que como cantante. A la hora de meterse en un papel, su motivación principal es la risa del público. Le da “mucha alegría” y es “saludable”. La carcajada la acompaña también en una faceta personal que rebosa vitalidad y entusiasmo. Tras una etapa encadenando pequeños papeles en el cine, prepara su próximo proyecto teatral. Y tiene previsto regresar a la música con su hijo, el pianista de jazz Albert Sanz, con quien va a sacar su cuarto disco. 

 

– En los años noventa saltó de la música al doblaje y luego eclosionó como actriz de imagen. Háblenos de ese recorrido. 

Entre 1983 y 1985, gracias al programa Si yo fuera presidente, de Fernando García Tola, me convertí en ‘la cantante de la tele’ con mi grupo Patxinger Z. Fuimos para una semana y nos quedamos dos temporadas. Semejante trampolín permitió que recorriéramos todo el país, que actuásemos en barcos, pero no hicimos más discos al acabarse aquello. El estudio al que yo iba, donde grabé el famoso jingle de Mercadona, se inició en el doblaje. Me acuerdo de que al principio no sabíamos casi nada: casi me desmayo de tanto jadear en el doblaje de algunas películas de porno ligero… Aunque las experiencias siempre son importantes. El doblaje, además de gustarme mucho, me daba de comer. Pero empezaron a darme papeles de abuela que me obligaban a desfigurar mi voz, más juvenil. En esa época también hice comedias musicales en Valencia, y me seleccionaron para el musical El hombre de La Mancha en Madrid. En ese espectáculo conocí al director Gustavo Tambascio, con quien repetí en Memory. He trabajado además con Rafa Calatayud y Carles Alfaro, y los montajes de este último han sido un reto: en ellos actuaba y cantaba. Eso te obliga a sacrificarte mucho, porque si te pasa algo, no abundan las actrices mayores que hagan las dos cosas. Afortunadamente, las cosas han ido bien.



– Era mayor cuando llegó a la interpretación.

– Mayor, no, ¡mayorcísima! [risas]. Con 12 o 13 años representé en el colegio mis obras de los hermanos Quintero. Recuerdo que también tocaba el piano y cantaba lo que oía, pero nunca pensé en dedicarme a la interpretación. Parece que todas las personas tenemos un destino y que las cosas irán por ahí aunque no queramos. Pero a veces lo puedes cambiar si eres perspicaz y observas. En el terreno creativo hay que desarrollar mucho la intuición. Mi intuición me dijo que tenía que tirar por el lado interpretativo cuando en el año 2000 hice el musical Memory. Gustavo Tambascio había ideado mi personaje, una mujer que regentaba una tienda de ropa y que siempre soñaba con musicales. Interpreté una canción que no estaba pactada y que el director consideraba imprescindible. Esa canción me hizo tan feliz que me dije: “Esto es lo mío”. Y ya era mayor. Luego vinieron las series en Valencia y en Madrid, hasta mi llegada a Señoras del (h)AMPA, gracias a Carlos del Hoyo y Abril Zamora, con quien antes hice teatro. 

 

 ¿Cómo ha sido la experiencia de Señoras del (h)AMPA

– A Amparo la adoro. Este personaje cae bien, la gente me reconoce gracias a él, gusta mucho. La rutina de la serie ha sido dura, pero ya había vivido la experiencia de Escenas de matrimonio: allí grabábamos 40 páginas por día y los guiones a veces llegaban a la una de la madrugada. Era demencial, pero aprendí un montón. Y económicamente fue muy rentable, no por lo que cobraba, sino por los derechos que generó. Tenemos que estar agradecidos por todo lo que consiguió Pilar Bardem en AISGE. Con los derechos pagados por las cadenas se sacan unos ahorrillos para rachas de escasez, ya que en este oficio tienes un tiempo bueno y otro no tan bueno, fluctúa mucho. 

 

– Si no me equivoco, el de Amparo ha sido su papel más extenso.

– En la primera temporada de Señoras del (h)AMPA se moja mucho porque tiene al nieto, a la hija, a las chicas… En la segunda entrega tiene más drama, ya me lo advirtieron desde el primer día: “Mamen, tú vas a estar muy triste”. ¡Y eso que les había dicho que no me gusta hacer cosas tristes! Espero que haya tercera tanda de episodios; la cosa se quedó planteada para que fuera una road movie



– Con tanta andadura en la pantalla, ¿la antepone ahora al teatro?

– El teatro me gusta por lo que tiene de proximidad. Cada vez me cuesta más porque darle carácter a la voz conlleva un esfuerzo que noto bastante. La televisión también es un medio cercano, y hoy puedo decir que sé esperar, algo que para mí es una revelación. Y el cine me va convenciendo: en la última película, Tengamos la fiesta en paz [de Juan Manuel Cotelo], me lo he pasado estupendamente.

 

– ¿Con quién le gustaría trabajar?

– Estoy en un punto en el que, si me mola lo que venga, lo haré. Y si no, me quedaré quietecita en mi casa. Aunque me resisto a eso. Todo ha ido colocándose en su lugar, he ido conociendo a directores maravillosos. Con Carles [Alfaro] voy a actuar por tercera vez gracias a la obra teatral Ojos que no ven, en la que mi personaje está ciego, así que hay que trabajarlo.

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