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El anecdotario de Javier Ocaña

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Una mujer libre llamada Margarita Alexandre


Fue actriz sin convicción, pero directora pionera. Cambió de marido cuando el divorcio era una quimera en España. Y coqueteó con la Cuba de Fidel Castro. ¿Alguien buscaba una vida de película?


JAVIER OCAÑA (@ocanajavier)

Margarita Alexandre (1923-2015), pionera en España de la dirección cinematográfica con películas como La ciudad perdida (1955) y La gata (1956), fue una mujer libre e independiente durante toda su vida. Una existencia de película en la que se acumulan las decisiones de valor en todos los frentes: el profesional, el político y el sentimental.

 

En el cine fue actriz antes que directora, en títulos como Tierra y cielo (1941), de Eusebio Fernández Ardavín, y Correo de Indias (1942), de Edgar Neville. Sin embargo, despreciaba en cierto modo la actuación. De hecho, solía decir que como era distinta a la mayoría de las mujeres de la época, tanto en el porte y el físico (alta, rubia y con pinta de extranjera) como en la actitud, la solían llamar para interpretar a féminas insólitas, pero que en realidad no le ilusionaba, así que fue dejando la actuación.

 

Mientras, en la vida, se había casado muy joven, a los 19 años, y había tenido dos hijos, pero en el rodaje de Puebla de las mujeres (1952), de Antonio del Amo, se enamoró del crítico y ayudante de dirección Rafael Torrecilla, el hombre de su vida, con el que acabó fundando una productora que financió películas para, entre otros, José María Forqué y Del Amo, además de las tres obras que dirigió la propia Alexandre: Cristo, La ciudad perdida y La gata. Como en España era imposible el divorcio, la pareja decidió irse a vivir a México, aunque, por puro azar, acabó en La Habana, donde vivió la revolución cubana en primera fila. Pasó 11 años en la isla produciendo cine (sobre todo, para el maestro Tomás Gutiérrez Alea) e impartiendo clases, pero terminó abandonando Cuba por divergencias con las autoridades, estableciéndose entonces en la Toscana, Italia, en una casa que durante un tiempo fue centro de operaciones culturales del exilio republicano español y de la disidencia.

 

En esa línea de activismo, fue detenida en julio de 1975 en el aeropuerto de Málaga por intentar sacar de España una copia de Canciones para después de la guerra, obra de Basilio Martín Patino prohibida por la censura franquista. Pasó una semana incomunicada. Y en ese tiempo también puso dinero para la publicación de Operación Ogro, el libro sobre el atentado contra el presidente Carrero Blanco, que acabó teniendo una versión cinematográfica con una película dirigida por Gillo Pontecorvo.

 

Como dijo en una entrevista para el diario El Norte de Castilla en el año 2014, cuando tenía 90 años: “Yo he sido libre desde que nací. Lo que no he sido es muy consciente de que era libre, pero he sido visceralmente libre toda mi vida”.

 

 

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