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08-06-2021

CULTURA LGTBI

 

Un libreto para ajustar cuentas con el acoso

 

Dos varones, con recuerdos opuestos de su paso por la escuela, coinciden en una reunión de antiguos alumnos. Así arranca ‘Here comes your man’, interpretada por Sergi Cervera y Marc Ribera, que ya trabajan en una versión cinematográfica

 

FRANCISCO PASTOR (@frandepan)

Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha (@enriquecidoncha)

Las pastillas, un andar inquieto y sendos temblores en los labios y en los ojos acompañan a un adulto, de algo más de 30 años, cuando entra en escena. Se trata de Morales, de quien al poco de pisar las tablas descubrimos que padeció acoso durante la escuela. Le vemos quitarse la ropa, en un ritual que, entre otros cometidos, anticipa el que más tarde será el otro desnudo, el emocional. Y este personaje, interpretado por el barcelonés Marc Ribera, se marcha a la ducha. Acaba de llegar al campamento en el que, durante un fin de semana, se reunirá con antiguos compañeros de clase. También con quienes le hicieron la vida imposible durante la escuela, le acusaban de ser poco masculino y llegaron a agredirle físicamente.

 

Poco después llegará al escenario el actor Sergi Cervera, también natural de Barcelona. Él interpreta a Torres y lo hace marcando una sonrisa muy nerviosa, que deja de coletilla prácticamente al final de cada frase. También cuenta con algún tic en el gesto y no deja de moverse. Con todo, su recuerdo de los años de juventud es muy diferente al del otro. Él formaba parte de los chicos privilegiados, de los que jugaban al fútbol y resultaban intocables. Su dicción acelerada y enérgica no parece venir de la desnudez, ni de la naturalidad, sino de la máscara; de lo raro que le resulta estar, a solas, conversando con alguien en una habitación. Y así, con apenas estos dos personajes y en las dependencias de un barracón, arranca la obra Here comes your man.

 

Con este texto, Ribera y Cervera llevan más de un año y medio –un centenar largo de funciones– actuando juntos. Echan las cuentas con los dedos de las manos mientras toman algo frente al madrileño Teatro Luchana, una de las salas que ha alojado en la capital una pieza que también se ha representado en Barcelona. “Con esta obra”, anota Ribera, “he aprendido que una víctima no es siempre frágil y vulnerable, sino que cuenta con otras capas. Puede sentir soberbia, puede verse elegante y fuerte. Ahora entiendo mejor a mis amigos cuando me cuentan su historia”. Y Cervera, sentado frente a él, recuerda las decenas y decenas de espectadores que les han esperado al acabar la obra, para comentarla con ellos y hablarles de lo tocados que estaban por lo que habían visto: “Todo eso me dio una cierta responsabilidad, todavía más, para con el proyecto”.

 

Sergi Cervera

Marc Ribera

 

“También he aprendido una parte muy técnica, muy militar, de actuar cinco días a la semana en el teatro. Sé que hay actores tentados de darle al oficio un cierto misticismo, pero yo me llevo esa otra parte, la carpintería. Tengo que sacar las emociones, cada día, de un lugar diferente. Me encontrara como me encontrara”, apunta Cervera. Y no duda, al contrario de como vemos a su contenido personaje, en sincerarse del todo: “Mi madre murió solo una semana antes del estreno. Luego llegó la pandemia, y con ella toda aquella soledad en casa. Diría que estoy saliendo de los peores meses de mi vida, pero esta obra me salvó. Me he agarrado a ella, con todas mis entrañas. Cogí el horror que había vivido y lo metí en este personaje”. Y el Torres al que encarna acaba, hacia la mitad del texto, saltando por los aires.

 

Aunque su experiencia reciente no fue tan dura, Ribera comparte método con él: “Será porque suelo trabajar más en dramas, pero yo siempre actúo desde el dolor y desde la desgracia. Tengo tendencia a la ansiedad y lo noto a la hora de trabajar, sobre todo, en el teatro. ¿Cómo irme a dormir cada noche, justo después de escuchar los aplausos? Se tarda un rato en acabar ese viaje que he empezado ahí, sobre la escena. En relajarme de nuevo, después de que el otro me pegue, o de que yo le escupa, y de que acabemos acostándonos delante de toda la platea”. En la pieza, el sexo entre los personajes ocurre casi de pasada, y ni siquiera marca ninguno de los grandes giros de la historia. Las grandes catarsis llegan junto a la palabra, y, según los protagonistas, se van descubriendo mutuamente. “A la hora de trabajar, creo que fue bueno que Sergi y yo nunca hubiéramos actuado juntos antes, que no nos conociéramos de antemano. Ahora eso ha cambiado, claro. Yo en esta obra estoy con el otro, voy a donde él me lleva. Reacciono a su risa, a la que ocurre ahí, frente a mí. Y odio su gesto, y detesto al personaje que tengo enfrente y todo lo que en ese momento representa”, apunta Ribera.

 

Alejarse de la carcajada

A la inversa también ocurre. “Si un día Marc levanta la ceja de forma diferente, a mí eso me cambia la frase. Cuando en alguna ocasión se nos ha ido el texto, el otro lo nota enseguida y sale corriendo al rescate. De alguna manera, estamos en un juego seguro, que diría Hitchcock, y yo estoy descubriendo partes de mí, y registros de mí, que hasta ahora desconocía”, agrega Cervera. Él ha crecido, como cuenta, en la comedia: “Creo que hay algo en mí, en mi carácter, que resulta provocador. Siempre busco resolver las situaciones con humor. Trato de reírme de mí mismo antes que de nadie. Es cierto que con esta obra me alejo de la carcajada, y lo agradezco. Pero esto no suele ocurrir. Y es más: diría que no me importa quedarme en la comedia. Me da igual encasillarme, si con ello pago el alquiler…”. Entre otras experiencias, el actor ha pasado cuatro temporadas en el mítico programa Polònia, con el que la Televisió de Catalunya parodia a políticos de todos los colores. “Gracias a la pequeña pantalla, sé que si hoy me llega un texto por la mañana, me siento capaz de interpretarlo esa misma tarde”, sentencia. Ribera, por su parte, ha escrito y estrenado varios textos teatrales. Acaba de participar en la serie Dime quién soy, lanzada por Movistar+, y conoce el cine, entre otros, gracias a Secuestro (2016), junto a Blanca Portillo.

 

 

Un actor y otro esperan que, cuando Here comes your man acabe su vida en las tablas, esta se acabe convirtiendo en un largometraje. Como cuenta Cervera, “levantar una obra de teatro significa darlo todo durante años. Pero nos entregamos por entero a algo que, una década después, apenas supone un vago recuerdo. El cine queda para siempre. En este texto hay una película en potencia, y ya tenemos un proyecto, y hasta hemos grabado alguna escena como anzuelo. Estamos buscando la financiación para rodarla”. Y, según se desata la peripecia, descubrimos que el ficticio Morales, aunque se viera pequeño en otros momentos de su vida, cuenta con un plan para la revancha.

 

“Siempre me imagino a mi personaje curándose, empezando una vida mejor, al acabar la pieza. Es cierto que cualquier psicóloga nos diría que no, que el rencor y el ojo por ojo nunca arreglan nada. Pero esto es una obra de ficción”, apunta Ribera, en favor de la trama firmada por el dramaturgo Jordi Cadellans. Cervera reitera esta reflexión: “Para mí, la verdadera venganza no está dentro de la obra, sino fuera. En el hecho de que alguien haya escrito esta historia”.

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