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05-08-2020

FESTIVAL IBÉRICO DE BADAJOZ

 

Mercedes Castro

Premio AISGE a la mejor interpretación femenina

 

“Prefiero hacer realidad un proyecto más que vivir un sueño”

La pontevedresa, limpiadora en ‘Loca’, cree necesario “combatir esa manía de llamar loco a quien hace algo diferente a lo establecido”

 

 

LIBORIO BARRERA

Silenciosa, atenta a los detalles de las clases de un profesor de patinaje, la limpiadora de Loca que interpreta Mercedes Castro le valió el Premio AISGE a la Mejor Interpretación Femenina en el Festival Ibérico de Cinema de Badajoz de cortometrajes. La veterana actriz gallega del pueblo pontevedrés de Pontecesures posee una larga carrera que despega en la década de los ochenta, y ha hecho cine (Los fantasmas de Goya, Camino, Flores de otro mundo), televisión (Centro médico, Cuéntame) y teatro (Zarabanda, Noche de reyes), una disciplina, dice, por la que siempre ha luchado.

 

– ¿Cómo le llegó el papel de Loca

– María Salgado [la directora] y yo nos conocemos hace mucho tiempo y ya había participado en su primer corto, A Violeta. Hace un par de años, María estaba ya escribiendo Loca con Maite Voces. Me lo propuso y yo lo encontré natural; vi lógico que interpretara a Sofía. Ahora tenemos varios proyectos juntas. Lo primero que rodaremos es La tía Margarita, un corto que escribimos a cuatro manos y en el cual trabajaré también como actriz.

 

 

– Loca parece cuestionar la idea de locura. 

– Cuestiona esa manía que tenemos de llamar loca a cualquiera que hace algo diferente a lo establecido. Sofía es una mujer de clase media baja que decide hacer lo que le apetece.

 

– El corto se centra en las miradas, en lo que no se dice. ¿Cómo preparó el papel con la directora?

– [Mercedes Castro, que contesta por correo electrónico, dice que prefiere pasarle la pregunta a la realizadora; y esta es la que responde] Tras la cámara no me gusta trabajar desde lo explícito; no es fácil decir lo que sentimos, solemos intentar ocultarlo. Ocultarnos aunque nuestro gesto, cuerpo o mirada siempre nos delatan. Tuvimos en cuenta que Sofía atiende a las clases de patinaje desde hace meses y que siempre las ha mirado desde fuera. Pero ese día, esa mujer pasiva, harta de todo, pasará a la acción para reencontrase con ella misma. Entablará conversación con el profesor, quien le dará libertad para moverse dentro del encuadre que momentos antes solo podía percibir desde fuera y Sofía se dejará llevar.

 

– ¿Cómo recibe un premio como el del festival de Badajoz?

– Hace ilusión. Parece que en nuestra profesión una no es nadie si no te conceden un premio. Vivimos mucho de la imagen y es una de las cosas que menos me gustan de este trabajo. La verdad es que para mí el premio mayor es seguir dedicándome a lo que me gusta, a pesar de la precariedad de nuestra vida laboral. 

 

 

– Estudió Filología, pero acabó siendo actriz.

– Siempre quise ser actriz. Con cinco años me moría de ganas de que me eligieran para hacer de angelito, pero solo querían niñas rubias. No sé qué es lo que me atraía, pero nunca he dejado de sentirlo. Estudié Filoloxía Galega e Hispánica como un paso intermedio, pero en cuanto acabé me mudé a Madrid a hacer arte dramático, porque no había escuelas en Galicia. Cuando me preparaba profesionalmente, mi meta era salir en televisión y cosas de esas. Hoy valoro más llevar a cabo un proyecto propio y formar parte de un equipo creativo. Prefiero hacer realidad un proyecto más que vivir  un sueño. La cosa es un poco misteriosa: ¿será algo genético o un mandato divino?

 

– ¿Es el teatro su escenario natural?

– Pues sí; adoro el teatro. Es por lo que he luchado siempre. A través de él he aprendido muchísimo; sobre mí, sobre la vida, sobre los otros. Actuar es mi forma de conocer, de comprender, de estar. Y, además, a mí me encanta trabajar con un equipo conocido. ¡Soy carne de compañía!

 

 

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