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04-05-2022

Mi lugar en el mundo



La India, un tratamiento de choque para aprender a valorar

 

María de Nati atraviesa una etapa muy feliz porque en sus últimos trabajos da vida a personajes con los que prueba distintos registros y explora caminos que no conocía. La serie 'Entrevías' es su más reciente bombazo



Cuando recibí la propuesta de pasar por estas páginas no dudé ni un momento en hablar sobre la India. No fue un viaje al uso ni tampoco fueron unos días de relax. Es de esas experiencias que te zambullen en la reflexión, porque allí existe una realidad muy distinta a la que muchos de nosotros tenemos. 

 

   Estuve con mi familia hace cuatro años. Antes de la pandemia solíamos organizar vacaciones con mis tíos, mis primos… ¡todo el clan! [risas]. Decidimos ir a la India porque nos apetecía vivir la aventura de un lugar tan distinto. Y quisimos llevarlo todo organizado porque, si hubiésemos dependido de la orientación de mis padres o mis tíos, aquello habría sido de risa

 

   En cambio, si viajo sola, me gusta improvisar más. Prefiero ir a mi bola. A veces he estado muy a gusto en algún sitio, he querido pasar más tiempo en él y al final he acabado rompiendo el plan del día siguiente.

 

Aterrizar en otro planeta

El choque cultural que experimentas en la India es increíble. El viaje removió muchas cosas dentro de mí. Lo primero fue el impacto visual. Tras nuestra llegada a Nueva Delhi me quedé anonadada por la estrechez de las calles, la cantidad de gente que había, el caos que reinaba en el ambiente por todos lados

 

   Mis parientes parecieron encajarlo mejor, pero yo no me acostumbraba a toparme con niños pidiendo limosna al bajar del bus. Admito que durante el recorrido por el país eché alguna que otra lagrimita. Me sentía de verdad en otro mundo. Y así era: yo procedía de un lugar completamente distinto.

 

La inefable belleza del Taj Mahal

Lo que me encantó de este destino fueron los monumentos. Sin duda. Y destaco el típico porque realmente me dejó sin palabras. En la ciudad de Agra visitamos el Taj Mahal. La sensación al verlo en directo es indescriptible. ¡Quién me iba a decir a mí que acabaría contemplando con mis propios ojos semejante maravilla! No paraba de pensar eso durante toda la visita. Era como estar durante unas horas dentro del universo de la peli Aladdín [risas]. Como no había leído sobre ello, allí mismo me enteré de que se trata de un monumento funerario construido a lo grande en homenaje a la mujer del emperador Sha Jahan. Y al conocer esa historia, me impresionó aún más.



   Otro día estuvimos en la preciosa ciudad de Jaipur, que se conoce por su característico color rosa. Me enamoré de la zona de tiendas artesanales, donde venden ropa hecha a mano. Yo me compré dos vestidos largos. En muchos negocios te enseñaban cómo fabrican las alfombras, las prendas… La gente era bastante agradable.

 

Baño de espiritualidad en Varanasi

Pese a todo lo anterior, lo que más me llamó la atención fue comprobar que la vida y la muerte estén tan presentes en la inolvidable Varanasi, la ciudad más antigua del mundo. Se levanta junto al río Ganges, sagrado para el hinduismo, en cuya orilla queman un montón de cadáveres. Y tú lo puedes ver

 

   Luego las cenizas deben esparcirse en sus aguas porque así se rompe el ciclo de las reencarnaciones y las almas se liberan. Lo curioso es que la gente se baña en ese mismo punto como forma de purificación. Sabíamos que la vivencia más peculiar que nos llevaríamos de la ciudad era presenciar ese ritual, y confirmo que ver y oler aquello fue demasiado impactante. 

 

Viajar para crecer

Como he dejado claro, aquellas vacaciones no fueron para mí una escapada para desconectar. El pensamiento que más rondaba mi cabeza era: “¡Ostras! La vida es así para muchas personas, yo tengo suerte”. En este tipo de destinos te das cuenta de lo privilegiados y afortunados que somos. Cuando volví a mi casa reparé en la cantidad de cosas que tengo en mi día a día y que apenas valoro.



   Si regreso a la India, lo haré con una especie de voluntariado. Ese es el sentido que yo le encuentro. Aquellos días me sirvieron como punto de inflexión para empezar a agradecer un poco más aquello de lo que dispongo. Demasiados millones de personas no cuentan con mis mismas oportunidades, viven con mucho menos y son felices. Viajar también debe servir para cambiar; y desde mi estancia en la India yo empecé a pensar de otra forma.

 

Así se lo ha contado a Luis Miguel Rojas


(*) Nunca imaginó María de Nati que su primer casting, allá por 2014, le abriría las puertas de una carrera sin interrupciones hasta ahora. Empezó en la televisión con papeles episódicos para El Rey o Águila Roja, y luego adquirió tablas durante más de un año en El secreto de Puente Viejo. Tras simultanear las series Bajo la red, Todo por el juego y Terror.app, esta actriz madrileña encadena desde 2020 MadresDeudas y Entrevías. En el cine debutó con Que Dios nos perdone,de Rodrigo Sorogoyen, quien la dirigiría después El reino. Otras películas de su filmografía son Si yo fuera rico o la aclamada El buen patrón.  

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