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22-02-2021


Michael John Treanor


“Quiero que vean que un tío grande, con tatuajes y la nariz rota puede llorar y hacer reír”

 

 

A los 29 años se armó de valor para iniciarse como actor. Atrás quedaban el boxeo y las noches como portero de discoteca. Con ‘Nasdrovia’ y ‘Deudas’ ha podido demostrar soltura en registros que trascienden su apariencia



LUIS MIGUEL ROJAS NAVAS

FOTOGRAFÍA: ENRIQUE CIDONCHA

Se siente afortunado por haber regresado a España para grabar proyectos estrenados en este año de pandemia. Disfruta con cada trabajo y reconoce que la de ser actor está entre las mejores decisiones que ha tomado. Michael John Treanor (Liverpool, 1983) creció en Torrevieja, donde forjó una personalidad disciplinada y, sobre todo, valiente. Sus padres siempre le han dicho que la vida está para exprimirla, por eso no se achantó a la hora de buscar independencia económica como portero de discoteca, de dejarse la piel en el boxeo o de cumplir el sueño de dedicarse a la interpretación pese a que el tiempo corría en su contra, “según la sociedad”. 

 

   Es grande, tiene la nariz rota, la tinta dibuja en su piel motivos de experiencias vividas durante todos estos años. Con esa apariencia ha tenido que reconciliarse bastantes veces debido al encasillamiento personal y profesional al que se ve sometido. Pero detrás del aspecto de tipo duro, este alicantino de adopción regala sonrisas en cuanto la charla le da oportunidad. Agradece constantemente la apuesta que la ficción española está haciendo por él y se le empañan los ojos al hablar de su familia y de las personas que le hacen tan feliz día a día.


– En Instagram se define como el inglés que mejor habla español del mundo.

– ¿Tú me escuchas y piensas que soy guiri? [risas]. Seguro que hay gente en mi misma situación, que también lo hable perfectamente, pero estoy muy alto en el pódium, ¿no? Estoy de broma.

 

– Incluso se percibe el deje valenciano.

– Se me ha quedado. Con ocho añitos me mudé con mis padres desde Liverpool a Torrevieja. En el colegio era el único niño inglés. A esas edades somos esponjas, así que aprendí bastante rápido.



– A esa edad uno empieza a tener los primeros amigos del colegio. ¿Cómo fue el choque de llegar a España en ese momento? 

– Lo que más me gustó del cambio es que en Inglaterra iba con uniforme y en el colegio de Torrevieja podía ir como quisiera. Al principio fue un poco estresante, puesto que no era un cambio de escuela en la misma ciudad, sino en otro país. Aun así, tengo dos recuerdos buenísimos de aquellos días. El primero es que entré en clase y el profesor me mandó a fotocopiar fragmentos de Platero y yo con un chico apodado ‘Gallito’. Ahí empecé a charlar mucho con él y llegamos a conectar muy bien. También recuerdo con ternura que el profesor de Inglés, don Asensio, era muy fan de los Beatles. Lo era tanto que, al notar en la primera clase que yo sabía poco español, enseguida dijo: “Hoy vamos a aprender todos la canción Yellow submarine”. Ahí me sentí como en casa.

 

– Asegura que su infancia en Torrevieja fue muy buena.

– He tenido mucha suerte por haberme criado en un país como España. Mi infancia fue buenísima. No tiene precio la libertad de poder salir en bicicleta con los amigos hasta las tantas, ver a las abuelas en las puertas de sus casas charlando entre ellas y con los perros esos que tienen los dientes raros… ¿Y la playa? Eso es un regalo.



– ¿Cómo ha trabajado al acento ruso en Nasdrovia?

– Se me da bien imitar acentos, quizá porque me he rodeado de gente procedente de distintos sitios. Cuando trabajaba en la noche tenía compañeros rusos. En el boxeo también coincidí con mucha gente del Este. Últimamente trabajo con un coachpara entrenar este tipo de cosas y poder abrirme más campo. Por otra parte, en Nasdrovia me lo han puesto todo muy fácil, ha sido un regalo del que me siento agradecidísimo. En cuanto leí el guion tuve unas ganas enormes de empezar a trabajar.

 

– ¿Qué le atrae del audiovisual español?

– Que se hacen historias increíbles y hay profesionales extraordinarios. Las apariencias, sobre todo las físicas, han limitado mis oportunidades en el extranjero, mientras que en España sí estoy haciendo trabajos en los que puedo mostrar muchas facetas de mí. En Inglaterra siempre me han asignado papeles de malote, y yo puedo dar más. Aquí, aunque hago personajes que se mueven en un contexto turbio, se me da la oportunidad de mostrar mi lado más cómico.

 

– Habrá captado bien la picaresca española, ¿no? 

– ¡No se me escapa una! La verdad es que creo que le he pillado el truco. Cuando mucha gente me conoce, se sorprende. 

 

– ¿Qué quiere que descubran de usted los directores de casting

– Que hablo estupendamente español [risas], que tengo muchas ganas de interpretar en castellano, que soy muy versátil. Sobre todo, quiero que vean que un tío grande, con tatuajes y la nariz rota puede llorar, emocionarse, hacer reír… transitar por distintas emociones. 



– Han sido las series las que le han traído de vuelta a España

– Efectivamente. Me apetecía volver a Inglaterra después de tanto tiempo para empezar a abrirme camino en este oficio. La labor de los actores me parece muy importante: nos llevan a sitios mágicos, y la ficción es casi una forma de meditación, pues entras en otro mundo durante un tiempo. Yo ansiaba tener esa capacidad de los actores y decidí teclear en Google: “Clases de interpretación para principiantes”. Lo primero que salió fue MAD [Merseyside Academy of Drama]. Esas letras significan ‘loco’ en inglés, me hizo mucha gracia. Y es que había que estar muy loco para dar ese paso con 29 años

 

– Dio un giro de 180 grados. ¿Cómo fueron los primeros avances por ese camino?

– Me daba un poco de vergüenza al principio. Siempre está ahí el miedo al rechazo, a hacerlo mal, a no dar la talla. De boxear y trabajar en la seguridad de discotecas pasaba a bailar, cantar, meterme en la piel de otras personas que se alejaban mucho de lo que yo había hecho… Pero todo eso se esfumó pronto porque me dejé llevar y salieron cosas muy buenas de mí. Me siento muy orgulloso de haber dado el paso; después de hacer todo ese esfuerzo empiezo a recoger los frutos. Y me considero muy afortunado con lo que obtengo. No sabía que volvería pronto a España, y que sería para trabajar. Se lo voy a agradecer siempre a las personas que lo están haciendo posible.

 

– Es usted un ejemplo de que nunca es tarde. 

– Vamos a ser realistas: si quieres ser futbolista con 40 años, quizá sí es tarde porque el cuerpo no te rinde. Pero si quieres ser actor, puedes hacerlo hasta que se te empiecen a olvidar las frases. En la ficción hacen falta todo tipo de personas, sean de la edad que sean y tengan la apariencia que tengan. Hay historias para todo y para todos. Yo he vivido muchas cosas, tanto por mis trabajos anteriores como por los viajes que he hecho y las personas que he conocido, y ahora es cuando valoro todo eso. Pienso que todo ocurre en su momento, no siempre tiene que existir una edad determinada. Lo que está claro es que, si quieres algo, tienes que ir directo a por ello. Igual no eres el mejor o al final no te gusta, pero lo has hecho, lo has intentado.



– ¿Qué aprendió cuando trabajaba en la noche?

– A respetar a las personas. Verás vídeos de porteros pegando a la gente, eso existe, pero a mí no me han enseñado eso. Mi senseiJose, al que quise como a un padre, me enseñó a no prejuzgar, a valorar que detrás de cada persona hay una historia. Yo era muy joven en ese momento y me relacionaba con gente muy mayor. Aprendí mucho.

 

– ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre? 

– Pasar tiempo con mi familia y mis amigos y viajar. Además de hacer deporte y ver el fútbol, dedico gran parte de mi ocio a la interpretación, a leer y ver monólogos, a grabarme. Es mi pasión, me encanta. 

 

– ¿Entonces le motiva la idea de hacer teatro en España? 

– Por supuesto. Empecé con el teatro. Muchas veces comparo esos nervios con los que sentía antes de salir a pelear al ring. En el teatro sales a lo que tenga que pasar. Ninguna función es igual. Si vas al teatro seis noches seguidas, no verás la misma función cada noche. El teatro es donde más se aprende como actor.



– ¿Ha sentido alguna vez rechazo simplemente por su imagen? 

– Sí, me he sentido discriminado. Sé que la imagen que doy a los demás es la de macarra, pero con el tiempo he aprendido a sacarle la parte positiva. Soy lo que tengo, y eso no tiene que afectarme más. Ahora que me lo tomo bien, me hace gracia ver que la gente, cuando tiene la primera toma de contacto conmigo en algún trabajo o en algún ambiente más distendido, al principio tiene la cara seria y luego se muestra relajada al escucharme hablar. 

 

– ¿Dónde está su mayor debilidad? 

– En que me cuesta decir que no. Y es importante aprender. Eso ha sido un peso durante años, puesto que no siempre recibes tanto como das… y te acaba quemando. Tampoco disfruto al cien por cien de las cosas. Últimamente me centro mucho en mi carrera, en hacerlo bien, en buscar la perfección. Pero somos humanos. Es una actitud errónea porque me impide disfrutar de lo que hago.

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