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11-07-2025

 

Miguel Ángel Montero

 

"La IA todavía no está suficientemente desarrollada, pero da mucho vértigo"

 

Con más de 30 años de experiencia en doblaje, la voz de Jaime Lannister o Son Goku sigue sumando premios, ahora como adaptador y ajustador de las películas 'Múltiple' y 'Oslo'

 

BEATRIZ PORTINARI

Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha

La pasión por el cine de Miguel Ángel Montero (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1975) empezó pronto, con 13 años, cuando sus compañeros tenían otras aficiones y él se convirtió en un cinéfilo precoz. Y no hablamos de cine comercial o grandes taquillazos: lo veía todo, "ladrillos incluidos". Curiosamente esa pasión y un anuncio en el periódico marcarían su futuro. "Leí por casualidad una publicidad de una pequeña escuela de doblaje de Sevilla y me llamó mucho la atención. Lo consulté con mis padres, porque yo estaba aún en el instituto; me apunté y ahí empezó todo", recuerda.

 

Por las cosas del destino, aquella escuela cerró a los dos meses de empezar las clases, pero lo que podría haber sido el fin de su trayectoria como actor de doblaje supuso una gran oportunidad. Una compañera de aquel curso cancelado le habló de alguien que estaba tomando clases con Emilia Domínguez, gran actriz de doblaje de Sevilla. "Y a ella acudimos en grupo para pedirle que nos enseñara. Entonces, en el año 1992 o 1993, lo hacíamos con un micro y un VHS, que se podía grabar en una pista. Copiábamos guiones, hacíamos pruebas, grabábamos takes para que ella los escuchara y nos corrigiera. Yo estaba tan motivado que se convirtió en un vicio y acabé yendo todos los días", sonríe.

 

Sin imaginarlo tan siquiera, Montero acababa de descubrir su talento, que le ha llevado a ganar dos premios ATRAE (otorgados por la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España) por la adaptación de las películas Múltiple y Oslo, y una nominación en los premios Retake por la dirección de doblaje de la venerada serie Euphoria. Es la voz habitual de actores como Dylan McDermott (El abogado, American Horror Story) y Peter Krause (A dos metros bajo tierra, Dirty Sexy Money), aunque sin duda uno de sus personajes más emblemáticos ha sido el de Jaime Lannister en Juego de Tronos, sin olvidar sus trabajos en animación (Son Goku en Dragon Ball Z) y videojuegos (el Príncipe de Persia en Prince of Persia: El alma del guerrero y Prince of Persia: Las dos coronas; Edward Kenway en Assassin's Creed IV: Black Flag o Isaac Clarke en la saga Dead Space). En la actualidad, nuestro protagonista compagina su perfil como actor de doblaje con trabajos como ajustador y director de doblaje de grandes series y películas.

 

 

- Casi desde el primer día de carrera se dedicó profesionalmente al doblaje. ¿Cómo fue compaginar los dos mundos?

- Recuerdo que empecé Comunicación Audiovisual en la Universidad de Sevilla en octubre de 1993. Había aparcado un poco mis clases de doblaje durante aquellas vacaciones de verano, pero al retomarlas en septiembre, mi maestra Emilia Domínguez me dijo: "Hay trabajo en Sevilla. El director Simón Ramírez [mítica voz de Sean Connery] está haciendo pruebas". Y allí nos presentamos, hicimos las pruebas. ¡Y nos dio las gracias, imagínate, con esa voz! Había más directores de doblaje en la sala para escuchar nuevas voces. Me convocaron a la mañana siguiente: el 4 de octubre de 1993 hice mi primera convocatoria de doblaje por la mañana y mi primera clase de la facultad por la tarde.

 

- ¿Cuál fue aquel primer trabajo?

- La primera convocatoria fue con Jorge Tomé para Valor y Coraje, que era medio reality y medio ficción, y requería dramatización. Simón Ramírez también me empezó a convocar. En aquel momento en Sevilla había trabajo, varios estudios que intentaban tirar de ti a poco que funcionaras. Recuerdo a Ana Álvarez, Ángeles Neira, Mariano Peña… Me daban muchísima caña, pero era la mejor forma de aprender, fueron mis grandes maestros. Cada vez me ofrecían personajes más importantes y de repente me vi trabajando todos los días.

 

- Después de estudiar Comunicación Audiovisual continuó con sus estudios de Producción en la ECAM. Y tuvo que dejar algunos de sus personajes, como Son Goku, que había interpretado en Sevilla. ¿Fue difícil abandonar una serie mítica como esa?

 

- Curiosamente, en ese momento la serie ya era muy famosa, pero yo no era consciente del fenómeno. Treinta y pico años después me siguen llegando mensajes de los fans [sonríe]. Cuando yo interpreté a Son Goku adulto fue en la temporada de Bola de Dragón Z, ciento y pico episodios, que se grababan en Sevilla. Por aquel entonces, la tecnología no permitía doblajes multiprovincia o en remoto, que ahora sí se pueden realizar. Cuando llegó la siguiente saga, Bola de Dragón GT, no podía viajar de Madrid a Sevilla para grabar la serie. Y llegó el momento de dejarlo, dadas las dificultades logísticas que todo eso suponía.

 

Ahora, puedes ver… y entender, sin subtítulos, series polacas o de cualquier otra nacionalidad e idioma

He dirigido el doblaje de las series 'Euphoria' y 'The White Lotus': dos pequeñas joyas y dos importantes retos

 

- Hablando de dificultades, ¿recuerda algún personaje que le haya dado más tormento?

- ¡Oh, sí, la serie de dibujos animados CatDog! Yo era el Gato y no paraba de reír, hablar, gritar, cantar… ¡Era como una sesión de ejercicio de cardio! Hace poco, me pasaron en un hilo de Twitter una de aquellas canciones. Era una locura. Además, por aquel entonces, grabábamos todos juntos en el atril. Y eso dificultaba algunas cosas: si por ejemplo alguien se equivocaba, había que repetir el take entero. Ahora, si te equivocas en algo, la tecnología permite al técnico de sonido pinchar en huecos imposibles, retrasarlo o adelantarlo; pero en esa serie de animación, a cada pequeño fallo, casi siempre teníamos que volver al principio y volver a grabar el take entero.

 

- Con 30 años de experiencia en doblaje, ¿cómo ha sido su evolución? ¿Cree que ahora es más solitario el trabajo?

- Antiguamente se grababa en analógico y con todo el mundo en el atril: si eran cuatro personajes en el take, cuatro actores estábamos allí. A veces, si tenías una convocatoria para grabar seis takes, pues echabas la tarde entera. La parte buena es que allí te daban réplica: surgía la magia cuando tenías personajes interesantes, surgía química en el atril. Ahora se hace todo en banda, estás solo, vas más rápido, más centrado en lo tuyo, pero es más frío y si ocasionalmente haces un take con alguien, ya es emocionante.

 

- Entre doblar videojuegos o personajes de carne y hueso, ¿qué trabajos son más difíciles?

- Cuando trabajas un personaje de un videojuego, salvo contadas ocasiones, no puedes ver las imágenes. Solo dispones de audios de referencia con distintos niveles de exigencia respecto a la sincronización. Puede que el director de doblaje tenga algunas acotaciones sobre la historia y te pueda orientar, pero a veces ni eso. ¿Más difícil? Depende, porque es cierto que no tienes una cara, una expresividad, una acción. No cuentas con la parte visual de una película, donde hay un tempo, una acción. En un videojuego tú solo oyes el archivo de audio original y reproduces esa intención. Por una parte, es más frío y mecánico, pero por otra, eso te permite dar más de ti, de tu parte creativa.


- ¿Cuáles serían las series que han supuesto un reto como director de doblaje?

- He dirigido el doblaje de series como Euphoria o The White Lotus, que son pequeñas joyas y que han supuesto importantes retos. Se trata de productos muy cuidados, y en cierto modo diferentes a muchas de las producciones que se hacen para televisión, porque las interpretaciones de los actores originales son mucho más realistas, más viscerales, los códigos de interpretación se salen un poco del estándar y eso has de trasladarlo al doblaje. Todos nos tenemos que implicar un poco más, tanto los actores como el director, pero luego los resultados han sido muy satisfactorios. Son dos de los trabajos como director de doblaje de los que me siento más orgulloso.

 

 

- ¿Cree que algún día se reconocerá el trabajo de los actores de doblaje en premios como los Goya?

- Y si no sucede, siempre podemos encomendarnos a Sigourney Weaver, "Santa Patrona del Doblaje Español" [ríe]. Si no fuera por su reconocimiento a María Luisa Solá, en directo, en los Goya de la edición de 2024, nadie se acordaría de nosotros. Es una pena que en los Goya no entreguen premios al doblaje, pero entiendo la dificultad. ¿Cuántas películas se estrenan cada año y cuántas se doblan ¿Más de 300? ¿La comisión tendría que ver todas las películas americanas, inglesas, coreanas, polacas… de todos los países? Es complicado, lo comprendo, pero se podría repartir y dividir ese visionado y valoración. Para ello habría que dedicar tiempo, esfuerzo y dinero.

 

- ¿El doblaje es el hermano olvidado de la interpretación?

- Son distintas facetas dentro de la misma profesión; de hecho hay gente que compagina doblaje con teatro, y es una pena que exista ese resquemor. Hace años corría el mensaje de que no se producía más cine español… ¡porque existía el doblaje! Ahora se ha dado la vuelta a la tortilla: gracias a que se doblan en otros idiomas y se pueden distribuir internacionalmente, se producen más películas y series españolas. Solo hay que ver las cartelas al final de los episodios de las series, con el listado de doblaje de distintos países, que son interminables.

 

- ¿Cree que las plataformas de streaming, de alguna forma, han favorecido al sector?

- Sin duda, las plataformas han beneficiado la producción cinematográfica de todos los países, en todos los sentidos, en cuanto a volumen de trabajo, variedad, dar a conocer otros productos… Ahora, cada vez se producen más series, que se doblan a 20 idiomas y se pueden convertir en un fenómeno mundial. Una película polaca antes se exhibía en España solo si venía premiada de festivales o de algún cineasta conocido, casi siempre en V.O. Ahora, puedes ver… y entender, sin subtítulos, series polacas o de cualquier otra nacionalidad e idioma. El sector del doblaje ha experimentado un resurgimiento gracias a esto.

 

- ¿Y la inteligencia artificial aplicada al sector? ¿Amenaza u oportunidad?

- ¡La IA ya es una amenaza absoluta! Todavía no está suficientemente desarrollada para sustituirnos, pero da mucho vértigo y mucho miedo. Quiero pensar que ese encanto de cuando transmites y emocionas al espectador se debe a que los humanos somos imperfectos y eso hace que la interpretación esté viva. Algo perfecto elaborado con IA sería virtuoso pero mecánico, y no transmitiría igual.

 

- ¿Y qué se puede hacer al respecto?

- Nos tenemos que proteger. No nos pueden pedir que firmemos contratos de cesiones de derechos donde aceptemos que con nuestra voz se entrenen estas inteligencias. No podemos frenar el avance de la tecnología, pero sí protegernos para que nuestras grabaciones no se utilicen en nuestra contra. Llevamos un año de batalla, pero queda mucho camino y muchos derechos por reivindicar, porque las grandes corporaciones no están dispuestas a aceptar un "no" y los actores no estamos dispuestos a ceder nuestras voces a la IA.

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