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#MuchaVidaQueContar

#minidocumentales

 

María José Goyanes

La sabiduría de resistir

 

 

Quiso ser cirujana. Como su padre y el padre de su padre. Pero atrapada en la actuación desde los 9 años no hubo lugar para estudiar una carrera, así que fue actriz. Como su madre y el padre de su madre, como su tía y sus tres hermanas. En 66 años de profesión, ha reunido argumentos suficientes para disipar aquella duda juvenil (la misma, por cierto, que también tenía su madre). Ahora repasa, elocuente y amena, una trayectoria más que singular y exitosa, aun con un par de momentos angustiosos; uno provocado por su corazón y otro, por la carcundia nacional

ASIA MARTÍN (Realización, vídeo, montaje y fotografías)

JUAN ANTONIO CARBAJO (Guion y redacción)

María José Goyanes (Madrid, 1948) no tiene ninguna intención de bajarse del escenario. Se siente mejor actriz cada día y cumple las tres condiciones que se ha impuesto para seguir: energía, fuerza y memoria. Una buena noticia no solo para el público. Dice Karmele Aranburu, que junto a Gloria Vega comparte actualmente cartel con Goyanes en Palabras de mujer: “Es un pozo de sabiduría. Escuchar todo lo que ha hecho, todas las anécdotas que nos cuenta, es muy enriquecedor”. Los espectadores de #MuchaVidaQueContar tienen ocasión de comprobarlo en este minidocumental que la Fundación AISGE dedica a una actriz indispensable.

 

Goyanes mira a su infancia y solo ve teatro: “unas hermanas estupendas, que bailaban y actuaban” (Mara, Conchita y Vicky), una tía “que era una crack” (Pilar Muñoz) y una madre (Mimí Muñoz) que cierta vez, alarmada ante su exceso de melodrama, comentó: “Esta niña no va a poder ser actriz porque no controla sus emociones”. Fue una de sus primeras lecciones, que con el tiempo vio ratificada en las palabras de un director de escena: “Nunca finjas para parecer que tienes más emoción”. Dice que es de lo más sabio que le han dicho en un escenario y así le gusta transmitirlo.

 

 

La actriz reconoce en el vídeo –rodado en la sede madrileña de la propia Fundación AISGE– que se ha “pegado unos gustos morrocotudos” en su carrera. “He podido elegir las obras, los directores que me interesaban y los actores que me gustaban”. Ventajas de disponer de compañía propia, la que constituyó junto a su primer marido, Manolo Collado. ¿Los inconvenientes? “Salir al escenario y pensar: No está lleno, ¿cómo vamos a pagar?”. O tener la oficina en casa y a Fernando Fernán Gómez de improvisado espectador cuando te estás probando unos biquinis...

 

Goyanes relata con detalle por qué tuvo que ser ella la primera en desnudarse en un escenario en los estertores del franquismo. La intrahistoria de Equus es pasmosa: una actriz que lo deja, censores que se embelesan y son cesados, llamadas del ministro, un teatro cerrado, negociaciones sobre ropa interior… Y cuando al final se estrena, un patio de butacas dividido: “Se peleaban entre sí. Unos llamándose ‘carcas’ y otros ‘rojos de mierda’. Yo era el punto de la diana. No podía ni coger el teléfono. Fue horrible”. Pero la prensa premió con elogios su actuación y aquel montaje en el que los Collado-Goyanes se habían gastado lo que no tenían.

 

 

Unos años antes, Goyanes había pasado sobre un escenario su peor momento, cuando sintió que se le escapaba la vida. Una lesión en la válvula mitral impedía que la sangre fluyera por el corazón. Fue una experiencia estremecedora que Goyanes convierte en una lección de vida. “La lesión dio la cara en plena función. Recuerdo que me empecé a ahogar, me arranqué los abalorios que llevaba… Tuvieron que echar el telón. Fue un bofetón terrible que me hizo madurar de una vez”. En aquel escenario estaba Emilio Gutiérrez Caba, “el partenaire con el más he trabajado y mejor me he entendido”, describe. Unos años antes habían interpretado en un Estudio 1 de TVE a una pareja en la que ella padecía una enfermedad del corazón que no supera. “Cuando después me operan, la gente lo relacionó. Yo solo esperaba que no se repitiera el final”.

 

En la trayectoria de la actriz también hay espacio para la sorpresa. Cuando se mudó a A Coruña siguiendo a su segundo marido, neurocirujano como su padre, un “error” que enmendaría cinco años después, empezó a estudiar gallego y acabó presentando un programa de entrevistas en la televisión autonómica. “Yo, que nunca había presentado, lo hice en gallego y en directo. Me dolía la cabeza al acabar”. Su hijo, Javier Collado, contribuye en el vídeo a desvelar otro dato insólito de la actriz: “Lo sabe poca gente, pero mi madre canta muy bien y es capaz de expresarse con canciones cuando está feliz”.

 

 

Javier, con su prima Cristina Goyanes, que también interviene en el documental, forman parte de la cuarta generación de la dinastía Goyanes, que perfectamente podría adoptar como lema la frase con la que la actriz se despide: “Como dice La gaviota, de Chéjov, lo importante es resistir”.

 

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