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31-08-2012

Sentido adiós a Carlos Larrañaga
AISGE llora la pérdida del gran actor, célebre por 'El extraño viaje', 'Los gozos y las sombras' o 'Farmacia de guardia'
EDUARDO VALLEJO
A principios de 2012, repentinos problemas de salud apartaron a Carlos Larrañaga de la obra Quizás, quizás, que había generado gran expectación porque lo iba a reunir sobre las tablas con su primera esposa, María Luisa Merlo. El montaje se suspendió y el actor hubo de ser intervenido quirúrgicamente en dos ocasiones, debido primero a un tumor en las vías urinarias y posteriormente a un problema respiratorio. A finales de marzo fue dado de alta y desde entonces avanzaba en su recuperación. Hasta el pasado 20 de agosto, que ingresó de nuevo en estado grave en el Hospital Xanit Internacional de Benalmádena (Málaga), desde donde nos dijo adiós diez días después. Era el socio número 1.055 de AISGE, una casa que fue la suya desde junio de 1995.
 
Carlos Larrañaga Ladrón de Guevara nació en Barcelona el 11 de marzo de 1937 con la palabra “actor” escrita en el centro de su mapa genético. Era hijo de la estrella de cine y teatro María Fernanda Ladrón de Guevara y del también actor Pedro Larrañaga, además de hermano de Amparo Rivelles, fruto de las primeras nupcias que su madre contrajera con el intérprete Rafael Rivelles. Asimismo, dio a esta estirpe profesional una muy saludable continuidad con dos de sus hijos, los actores Amparo Larrañaga y Luis Merlo, ambos nacidos de su matrimonio con María Luisa Merlo.
 
Estaba poco menos que escrito que el hijo de una de las grandes damas de la escena española de la época, una mujer que había sido contratada por la Paramount para trabajar en Hollywood, siguiera los pasos de su madre. De tal modo que a la edad de cuatro años debutó como actor en la película Alma de Dios, comedia dirigida por Ignacio Iquino, en cuyo reparto también figuraba su hermana, una entonces adolescente Amparo Rivelles. A esta primera aparición infantil delante de una cámara, le siguieron, entre otras, su encarnación de Isaac Albéniz niño en Serenata española (Juan de Orduña, 1947) y su papel en la superproducción de Cifesa Pequeñeces (Orduña, 1950), adaptación de la célebre novela de Luis Coloma.
 
La desenvoltura del muchacho parecía indicar cuál iba a ser su destino profesional, algo que no tardó en confirmarse cuando a su naturalidad se le unió la planta de un joven tremendamente atractivo, en algún lugar a mitad de camino entre Rock Hudson y Elvis Presley. Tras unos años de estancia familiar en Cuba, país donde siguió fogueándose en teatro y televisión, regresó a España y estrenó varias películas en la segunda mitad de los años cincuenta. Quizá la más recordada sea Orgullo y pasión, drama histórico de aventuras dirigido por Stanley Kramer y rodado en la Ciudad Encantada de Cuenca, en el que Larrañaga interpretaba un papel de entidad al lado de tótems de la talla de Sofía Loren, Cary Grant y Frank Sinatra.
 
En la década de los sesenta, ya con amplia experiencia en los terrenos teatral y cinematográfico, se producen dos hechos que supondrán un giro importante en su vida: su enlace matrimonial con la actriz María Luisa Merlo, con la que tendrá cuatro hijos y formará compañía teatral, y el comienzo de sus colaboraciones en televisión, medio en el que acabará alcanzando altísimas cotas de popularidad muchos años más tarde, pero donde ya en esos años interviene con regularidad y se convierte en figura de renombre, tanto en espacios dramáticos (Estudio 1, Gran teatro, Primera fila, Novela) como en series (Diego de Acevedo, Historias para no dormir).
 
Sin embargo, uno de sus trabajos más memorables en esta década (tal vez junto con el recordado Don Juan de 1970 para Estudio 1) lo realizó en la gran pantalla. Se trata del papel de Fernando en El extraño viaje (Fernando Fernán-Gómez, 1964), votada por la profesión y la crítica como la séptima mejor película española de la historia, y que Larrañaga protagonizó junto a aquellos dos traviesos hermanos a los que daban vida Rafaela Aparicio y Jesús Franco.
 
En 1979 rodó Las verdes praderas, primera de sus intervenciones a las órdenes de José Luis Garci, director con el que repetiría en otras tres ocasiones (Tiovivo c. 1950, Luz de domingo, Sangre de mayo) y al que le unía una buena amistad. Aproximadamente por esta época se produjo la ruptura de su primer matrimonio y comenzó relación de veinte años con la escritora y directora Ana Diosdado. Con posterioridad contrajo matrimonio en dos ocasiones más. Del último de estos enlaces, con la actriz Ana Escribano, nació una hija que hoy tiene cinco años.
 
Sin abandonar nunca el teatro y el cine, su carrera a partir de los años 80 brilló especialmente en televisión, donde tres grandes trabajos en otras tantas series le granjearon enorme popularidad: Los gozos y las sombras (Rafael Moreno Alba, 1982), Tristeza de amor (Manuel Ripoll, 1986) y Farmacia de guardia (Antonio Mercero, 1991-1995). En la primera interpretaba el papel del arrogante Cayetano Salgado, el nuevo capitoste de Pueblanueva del Conde, enfrentado a Carlos Deza (Eusebio Poncela) y con la bella Clara Aldán (Charo López) de por medio. En Tristeza de amor encarnó a Figueras, el amigo de Ceferino (Alfredo Landa) que hace que este vuelva a trabajar para la emisora.
 
Mención aparte merece su interpretación en Farmacia de guardia del personaje de Adolfo, el exmarido de la farmacéutica Lourdes Cano (Concha Cuetos), un hombre con vida de donjuán pero con una fuerte inclinación familiar que hace que vuelva una y otra vez a la botica para compartir problemas con su ex. La serie tuvo un éxito descomunal que catapultó a sus actores hasta cotas de popularidad insospechadas. Sobre ello, la propia Cuetos declaraba a esta misma revista: “Siempre tuve una química especial con él. Antonio Mercero apostó desde el principio por nosotros. Tenía claro que el personaje de Adolfo era Carlos y no podía ser otro”.
 
Aunque ninguno de sus trabajos posteriores alcanzó tanta repercusión, siguió interpretando con regularidad en cine, teatro y televisión. De hecho, en la pequeña pantalla se le pudo ver en distintos episódicos y como protagonista de la serie Señor alcalde (1998) junto a su hijo Luis Merlo. Uno de sus últimos papeles fue en el cine, encarnando a un médico de provincias en la comedia de José Luis García Sánchez Los muertos no se tocan, nene (2011), cuya historia original se debe al gran Rafael Azcona.
 
El gremio de la interpretación llora ahora la desaparición de Carlos Larrañaga, uno de los grandes galanes de nuestra escena y nuestras pantallas, un hombre que bebía la vida a grandes sorbos y que entregó setenta de sus setenta y cinco años a una profesión que amaba. 

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