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23-09-2022


Nadia de Santiago

“Hoy estoy enamorada de la pausa, del silencio, de estar simplemente acompañada”



De presentadora de un programa de televisión con nueve años a creadora de la primera serie con capítulos de 11 minutos, ‘El tiempo que te doy’, que está triunfando alrededor del mundo en Netflix



LUIS MIGUEL ROJAS

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

“El tiempo lo cambia todo”, dice Lina, el personaje de Nadia de Santiago (Madrid, 1990) en El tiempo que te doy, su reciente serie para Netflix. Con ella se ha estrenado como coguionista y codirectora. Esa frase podría resumir muy bien la trayectoria de una actriz que lleva sacándole punta a su talento desde los nueve añitos. Después de acumular en su mochila participaciones en más de 20 títulos televisivos, 15 películas, dos obras de teatro o una decena de cortometrajes, dio un volantazo comentadísimo: ha alumbrado un formato con capítulos breves y narración innovadora que se ha granjeado incontables parabienes.

 

   Sorprende que, tras una andadura en la que no faltan reconocimientos, se ruborice ante las loas por su trabajo. Incluso le brillan los ojos. Lo comprobamos justo antes de empezar esta entrevista. “Hay que aprender a recibir alabanzas porque es bonito. Yo misma me lo digo: ‘¡Recibe, recibe!”, asegura con una sonrisa.  

 

- Era muy pequeña cuando se puso por primera vez ante la cámara como presentadora del programa El submarino azul. ¿Cómo surgió esa oportunidad temprana? 

- ¡Ni me acuerdo de cómo me llegó! Sí recuerdo que fue divertidísimo. Con un croma, hacíamos que íbamos en un submarino. Era todo muy fantasioso. Aquella coproducción se grababa en España y México y enseñábamos a los peques las diferentes especies marinas. Me lo pasé muy bien. Estudiaba un montón porque los programas tenían mucho texto, pero lo cierto es que aprendí mucho sobre biología. Hay muy poquita información en internet sobre El submarino azul, ¡qué guay que lo encontraras!



- Empezó a encadenar papeles en series y películas desde bien pronto. ¿Cómo vivió aquel boom de trabajo la Nadia adolescente? 

- Como si fuera un hobby, aunque un hobby que me quitaba bastantes horas. Lo vivía como si estuviese yendo a una actividad extraescolar que me gustaba mucho, pero compaginarlo con el cole resultaba bastante duro. Con el paso de los años, ahora que no tengo que estudiar, lo pienso y alucino con cómo podía hacerlo, pero al final acababa sacando el curso


- Con la perspectiva del tiempo, ¿en algún momento ha llegado a pensar que se perdió parte de la adolescencia? 

- Creo que perdí y gané. Lo que más me llamaba la atención por entonces, además de interpretar, era la gente que hacía posible todo aquello. Pensaba en los operadores de cámara, en el tipo de vida que tenían, lo que me contaban, que eran ricos en muchas experiencias. Era un trabajo muy cambiante, y muy rico por ese cambio continuo. Los actores que conocía eran mayores que yo, el equipo técnico… Toda esa gente me hablaba de arte, de cultura, me parecían personas interesantes. Y me caían bien. Por eso también gané. 


- ¿Hubo alguien en su entorno que regara su semilla artística?

- Sí, mi madre. Con 10 años me pedí una cámara de vídeo, sin saber muy bien por qué. Veía series y películas, sobre todo de magia, y luego las quería recrear con mis primas todos los veranos. Mi madre conoció por casualidad a la hermana de una actriz y, al ver mi inquietud, le dio una idea: que me apuntara a algo relacionado con la interpretación. Así empezamos a probar. Al principio fue probar para ver qué pasaba. 



- Con Las 13 rosas la nominaron al Goya como mejor actriz revelación. ¿Cómo fue el rodaje y la experiencia de estar cerca del premio? 

- El rodaje fue muy bonito. Y nunca había interpretado a un personaje real que aún seguía estando vivo. Me impactaba mucho eso, que no se tratara un personaje creado por guionistas, sino alguien que había pasado por lo que yo iba a pasar o a lo que yo me iba a acercar. Era alguien que vivió una guerra y vio cómo murieron sus compañeras. Tuve la oportunidad de conocer a aquella mujer. Fue un lujo. Además, la película tenía un repartazo. Compartí muchas secuencias con Marta Etura, y el trabajo con Emilio Martínez-Lázaro fue facilísimo. Más tarde, la nominación la viví como si no fuera conmigo. ¡Tenía 17 años! Mi entorno intentaba ponerme nerviosa o hacerme ver lo que había logrado, pero recuerdo que yo estaba calmada.  


- Hay otro papel con el que ha convivido mucho: el de Asun Muñoz en las series Amar en tiempos revueltos y Amar es para siempre. ¿Qué significó esa etapa?

- Fueron cuatro años en los que aprendí un montón. Las series diarias deberían catalogarse como otro género [risas]. Está el teatro, el cine, las series… y las series diarias. Son un entrenamiento. Debes estudiar mucho y conseguir decirlo de forma natural. Lo recuerdo con cariño porque fue un personaje que gustó y al que le pasaron muchas cosas. 


- ¿Cuál ha sido el mejor momento de su carrera hasta ahora? 

- No lo sé. Siempre se supera ese momento. Disfruté y fui feliz con Las chicas del cable, pero también me gusta mucho el punto en el que estoy, he pasado a algo desconocido para mí. El tiempo que te doy ha sido un salto hacia otra cosa, hacia una creación personalísima: escribir algo, interpretarlo, ponerme de acuerdo con un equipo. Yo no era en absoluto consciente de todo lo que conlleva el desarrollo de una serie, de las decisiones que debes tomar. A nivel personal, cuesta mucho trabajo aprender a comunicarle a tu equipo la idea y que la entienda, bajarla de tu mente y mostrar lo que quieres que salga de ahí. 


- ¿Cómo se gestiona el camino hasta llegar a producir lo que estaba en su cabeza?

- La clave es ponerse de acuerdo, escuchar, ser tolerante con los mensajes que recibes. Las series, las películas y cualquier producción audiovisual son un trabajo colectivo en el que hay que aprender a remar juntos. Es un trabajo duro. La verdadera obra de arte está en cómo un equipo de tantas personas se pone de acuerdo. Es algo similar a una relación: se necesita mucha palabra, mucha conversación, muchas ganas de entenderse.



- En El tiempo que te doy, más que de olvidar, se habla de superar el recuerdo. Es curiosa esa concepción.

- No quería que saliera la palabra ‘olvidar’ en una historia sobre una ruptura. Me obsesioné con dicha palabra, no la quería, mejor cambiarla por ‘superar’. Creo que, tras un trabajo contigo mismo, la historia forma parte de ti. Lo que te ha pasado lo incorporas, lo adaptas y lo superas, forma parte de ti. Aunque depende de la persona, ya que una ruptura es un duelo, y cada uno lo gestiona de una forma diferente.


- Hablando de tiempo, ¿se dedica mucho a sí misma? 

- Cada vez más. Lo veo muy importante. Volver a ti y conectar contigo. Vamos muy rápido, y al final es fácil influenciarte, perderte. Pienso que a raíz de la pandemia estoy más fuerte en eso. Hoy estoy enamorada de la pausa, del silencio, de estar en compañía sin estar hablando o haciendo cosas, de estar simplemente acompañada. Me parece importantísimo el simple hecho de acompañar


- Entre sus últimas publicaciones de Instagram aparece una foto con Verónica Forqué. ¿Cómo fue conocerla?

- Muy bonito. Era una persona muy cariñosa. Trabajar con ella fue un regalo. Hicimos Ali, la peli de Paco Baños. Fue la primera vez que yo hacía un personaje protagonista y me fui a vivir a Sevilla durante unos meses. Ella hizo de madre dentro y fuera de la ficción.



- Ahora que se ha lanzado a la creación desde otra perspectiva, ¿qué es para usted el arte?

- Es nutritivo. Sonará muy espiritual, pero a mí me nutre el alma. La expresión, conocer a artistas, leerte un libro… El arte también son referencias. Siempre necesitamos referentes, y a medida que va avanzando la sociedad, referentes nuevos. Al tener referencias, la mente se te abre, te hace respetar más, te hace más empático, te nutre a nivel estético, te aporta valores, te hace replantearte cosas. 


- Además de la interpretación, ¿qué disciplina artística le remueve? 

La pintura me gusta muchísimo. De vez en cuando compro lienzos y, dependiendo de la época, pinto con acrílicos unas cosas u otras. Suele ser sobre todo abstracto. Mi abuelo paterno pintaba y, de hecho, expuse sus obras recientemente en la exposición Avó.

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