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20-05-2014

Natalia Mateo y Eduardo Cardoso, cortometrajista y moderador del debate

Natalia Mateo y Eduardo Cardoso, cortometrajista y moderador del debate



“Los directores no pensamos en el porqué, como los actores, sino en el para qué”


 
La actriz y cineasta Natalia Mateo charla sobre los secretos del oficio tras la proyección de su alabado cortometraje ‘Ojos que no ven’
 
 
 
SERGIO GARRIDO
Reportaje gráfico: Miguel García-Gallo
La sala de proyecciones de la sede madrileña de la Fundación AISGE volvió a ponerse a punto para una proyección que se convirtió a la vez en una animada charla sobre los oficios cinematográficos: dirigir, interpretar, escribir. Y es que este lunes 19 de mayo se proyectaba el cortometraje Ojos que no ven, el alabado trabajo de la actriz y cineasta Natalia Mateo que el pasado año quedó entre los finalistas de los premios Goya. Dirigir, interpretar y escribir son precisamente las múltiples facetas que esta actriz conquense ha desempeñado a lo largo de su carrera y de las que debatió al hilo del pase de este corto.
 
   Con el también cortometrajista Eduardo Cardoso como moderador, Mateo habló –con sinceridad, desinhibición y mucho humor– de la cara y la cruz de la profesión interpretativa así como de sus inicios como cineasta. El acto se englobaba en la 16ª Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid, un ciclo de actividades que se prolonga por toda la región hasta el 25 de mayo.
 
 

 
 
   Rodada en 2012, Ojos que no ven nos sitúa en la Nochebuena de una familia donde los secretos y las mentiras circulan en el ambiente. Tras un inesperado acontecimiento, los atribulados familiares deben decidir si conviene destaparlo todo o continuar con “una mentirijilla más”. La cinta cuenta con el guion y la dirección de la propia Mateo, que tras la proyección explicaba por qué eligió esa fecha tan señalada para situar la historia de esta familia.  “La Nochebuena es la noche del conflicto universal. No quería retratar un conflicto normal y el que la abuela estuviera ciega me daba juego”, comentaba.
 
   Esa entrañable abuela no podía ser otra que Asunción Balaguer.  “Tener a Asunción en un elenco es una pasada. Lo primero que te dice cuando la llamas es que no: que está muy cansada, que lo hace muy mal, que quien lo hacía bien era Paco... Pero al día siguiente, te llama y te pregunta: ‘¿Encontraste a alguien?”, relataba Mateo. La veterana actriz encabeza un elenco de primera categoría, con Ana Wagener, Luis Callejo, Raquel Pérez, Carlos Olalla u Esther Ortega entre sus integrantes. Mateo no escatimó halagos para el resto de intérpretes que pusieron su granito de arena en el proyecto (entre ellos su hijo, el niño Teo Planell). “A Ana Wagener siempre la quiero en un reparto. Para este papel tuve que convencerla porque no quería hacer de madre. Le prometí que iba a estar jovencísima”, desveló la polifacética cineasta.
 
Sentirse muy rara
Pero Mateo no solo charló sobre este premiado cortometraje, sino que también rememoró sus comienzos en la interpretación, especialmente su paso por la Escuela de Cristina Rota. “La gente no me caía bien allí. Los veía como tíos de Pozuelo a los que todo les tocaba el níspero. Hice la escuela sintiéndome una persona muy rara y no encontraba mi sitio”, se sinceró.
 
 

 
 
   Aquellos difíciles inicios implicaron abandonar el domicilio familiar para trasladarse a Madrid y trabajar ocho horas diarias en un bar para costearse la escuela. Natalia aprendió a marchas forzadas y se curtió con trabajos publicitarios. “Me salvó la vida un casting para un anuncio de Tampax. Pagaban 500.000 pesetas y…me cogieron”.
 
   Ya por entonces había comenzado también a esbozar sus primeros relatos. “Yo he escrito siempre, porque no tenía amigos”, admitía, entre la confesión y la autoparodia. Pero conoció a la actriz Marta Aledo y con ella sí acertó a poner en marcha algunos proyectos. “Tenía unos sketches muy macabros y entre Marta, Bebe y yo conseguimos llevarlos a la Sala Triángulo”.
 
   Sus inquietudes la han llevado desde entonces por muy diversos caminos. Además del de la interpretación y la dramaturgia, Ojos que no ven constituye uno de sus mejores ejemplos como directora, un oficio del que también aportó su visión. “Los directores no piensan en el porqué, como los actores, sino en el para qué”, resumió.
 
 

 
 
   Su más reciente pasión es la enseñanza. Una de estas experiencias como docente le permitió impartir clases a presos, todos los sábados durante dos años, en la cárcel de Soto del Real. Mateo recordó aquella actividad con su consabido desparpajo: “Dar clases allí era muy chulo, pero no tardé en descubrir que la mayoría no quería aprender interpretación, sino follar. Luego encontré la solución: puse un biombo, delante los que iban a aprender; detrás, los que querían hacer manitas”,  describía entre las risas del auditorio.
 
   Así, con un caluroso aplauso de despedida y tras más de dos horas de animado debate, la charla llegó a su fin. Con esta proyección de Ojos que no ven, AISGE colabora por segundo año consecutivo en la Semana del Cortometraje y acerca el oficio de contar pequeñas historias a todo el público. Pequeñas historias que han alcanzado grandes premios. Precisamente, en mayo de 2013, Esteban Crespo y Gustavo Salmerón debatieron en la entidad sobre Aquel no era yo, la cinta que el pasado mes de febrero disputó el Oscar de Hollywood al Mejor Cortometraje de ficción.
 
 

 
 
La conquense que tardó en encontrar su sitio

Natalia Mateo nació un 12 de diciembre de 1975 en Cuenca, una ciudad “tan inspiradora como oscura y lúgubre”. Ha tocado todos los palos cinematográficos: actriz, guionista y cineasta española. Estudió interpretación en la Escuela de Cristina Rota y, a pesar de que no encontraba allí su lugar, consiguió que su maestra la abrazara cuando se sentía sola y desubicada en aquel Madrid tan distinto a las calles conquenses.
 
Como actriz se especializó interpretando a una yonqui en dos cortometrajes, Carisma (David Planell) y Exprés, de Daniel Sánchez Arévalo.  Con 32 años y un hijo, esta conquense tuvo que aparentar 21 años y “jugar a las muñecas” para dar vida a Amparo Balaguer en Amar en tiempos revueltos. Poco a poco se ha ido haciendo un hueco gracias a papeles en películas como El patio de mi cárcel, de Belén Macías y a su papel de protagonista en el largometraje La vergüenza, de David Planell. ¿Cuál es su secreto como actriz? “La técnica se puede aprender, pero un actor tiene que tener vivencias y muchos viajes”, nos ha confesado.
 
En la faceta de directora y guionista, Natalia se lanzó con Test, un cortometraje que codirigió con su amiga y actriz Marta Aledo. Siguió escribiendo y dirigiendo cortometrajes como Qué divertido u Ojos que no ven. Su labor como difusora del cortometraje en España fue premiada en 2010 con el I Premio Cortometrajista Ejemplar, de Cortos con Ñ.
 
Una de sus últimas incursiones como actriz ha tenido lugar en el cortometraje Sin respuesta, de Miguel Parra, donde interpreta a una teleoperadora que realiza un angustioso trabajo: conseguir que las personas que tienen deudas con los bancos hagan frente a sus pagos antes del vencimiento. Una excelente y demoledora interpretación sobre la crisis, en formato corto.
 

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