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27-04-2021


Natxo López

 

“En las plataformas ha existido cierto distanciamiento con quienes hemos hecho tele toda la vida”

 


Percibe un abismo entre escribir para otros y poder crear series propias. En ambos casos observa ahora más oportunidades gracias al ‘boom’ del audiovisual y, pese a los recelos y los retos, celebra el reconocimiento de los guionistas como figuras clave



ALOÑA FERNÁNDEZ

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

Con más de una docena de series a sus espaldas, Natxo López (Pamplona, 1976) es uno de los guionistas más prolíficos de España. Su amor por la ficción audiovisual le viene desde pequeño, por la influencia de un padre pintor. “Muchas veces me hablaba de los valores plásticos que había detrás”, recuerda, “pero yo no tenía muy claro que el cine fuese una profesión a la que me pudiera dedicar”. Por eso empezó a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. “A los pocos meses lo dejé porque era un rollo y porque me di cuenta de que quería otras cosas”, relata en una terraza del centro de Madrid.

 

   Su segundo intento universitario le fue mejor. Tras cursar Comunicación Audiovisual en Pamplona consiguió unas prácticas en el equipo de guion de 7 vidas. Y aunque no le renovaron, se quedó en Globomedia como documentalista de la mítica Periodistas. “Trabajaba codo con codo con los guionistas, así empezó mi periplo”. Después de unos años y de pasar dos pruebas regresaría a 7 vidas con un contrato. “Allí aprendí lo que era la profesión y empecé a curtirme, ya que se trabajaban muchas horas, se hacían muchas reescrituras. Conocí a guionistas que fueron mis mentores y que hoy siguen siendo muy amigos míos. Es un curro al que le debo mucho, estoy muy contento de haberlo hecho”, explica el creador navarro.

 

- En su trayectoria hay comedia y drama. ¿Le gusta más uno que otro o sencillamente prefiere la variedad?

- Empecé haciendo comedia por casualidad. Me cogieron en 7 vidas y me acostumbré. Nunca he sido una persona especialmente graciosa; tampoco lo soy en mi vida diaria, me considero bastante soso. Pero no es un requisito: tengo muchos compañeros y compañeras que no son extraordinariamente divertidos y escriben muy bien comedia. A medida que fui avanzando en mi carrera, es verdad que al principio me llamaban mucho para comedia, era eso lo que había hecho. Llegó un momento en que me di cuenta de que eso iba a encasillarme un poco y quería escribir otras cosas. He escrito muchos guiones que no se han producido, pero que he mostrado en sitios. Escribes un policíaco, un thriller o un drama, lo enseñas en un sitio y… “Ah, pues mira, esta persona sabe también escribir esto”. Eso me ha abierto las puertas de otro tipo de géneros. 



- Tiene amplia experiencia trabajando para otros.

- A mí me llaman mucho. Por circunstancias y porque tengo mucho callo como freelance, escribiendo proyectos que no parten de mí, como solucionador de marrones o impulsor de ideas que están poco desarrolladas y requieren de alguien que las lleve a cabo. Eso me permite tener mucho trabajo, seleccionar proyectos que quizás yo no habría pensado en desarrollar por mí mismo, hasta que alguien me los propone y acabo haciéndolos míos porque los considero interesantes.

 

- En Perdida trabajó para usted mismo, puesto que fue el creador. 

- La idea original no era mía, sino de los guionistas David Oliva y Ruth García, y la serie surgió del empeño del productor Alberto Carullo. En Antena 3 les gustó y entraron en el desarrollo, y como los guionistas originales se desvincularon del proyecto, me llamaron a mí. Cuando me hablaron de la historia de una niña desaparecida pensé: “Otra serie de una niña desaparecida…”. Pero tanto Carullo como Sonia Martínez me dieron bastante cancha, no me hicieron reescribir casi nada, me dejaron muy a mi rollo. Se me dio la oportunidad de ponerle mi punto y de buscar la manera de que tuviera algo distinto. No quise basar la serie en el morbo de si a la niña la habían violado o la habían matado, sino que me empeñé en que el espectador supiera desde el primer capítulo que estaba viva, incluso aunque eso hiciese que pudiera perder interés. Las preguntas que se planteaban eran otras.

 

- Dentro de lo que le dejaron escribir destaca ese contraste entre un protagonista masculino y las mujeres tan fuertes que le rodean. 

- En cuanto me puse a escribir me di cuenta de que muchos de los personajes más interesantes eran esas mujeres en torno a la historia de la niña. Apostar hoy por tener personajes femeninos potentes, también en el thriller, es atractivo para el guionista porque están menos trabajados. En un planteamiento como el de Perdida, que aparentemente era muy masculino con ese mundo carcelario, opté por trabajar los papeles de mujeres. Y creo que estuvo muy bien. Las actrices son estupendas y se ve su evolución durante la temporada: van ganando peso narrativo y, pese a tener un punto de partida tan masculino, consiguen que la parte femenina tenga el mismo peso. O más. 

 

- ¿Hasta qué punto el guionista pierde el poder sobre la historia que crea?

Incluso cuando escribes tú, si realmente estás metido en ella, la historia te lleva a menudo por sitios que no esperabas. Ocurre sobre todo en televisión, ya que tienes más tiempo para desarrollar, así que vas descubriendo continuamente cosas de los personajes y vas cambiando. En Perdida ya estaba todo escrito antes de rodar, lo cual ayudó a que algunos de los directores y actores leyesen el material, les gustase mucho y se metieran en el proyecto. Pero cuando pasas al rodaje surgen mil problemas. Esta era una producción bastante barata, con un look que queda bien, sí, pero cada capítulo cuesta dos o tres veces menos que uno de una serie de Movistar+. Ante los problemas de presupuesto, hubo que hacer un gran trabajo desde todos los departamentos. En guion cambiamos algunas cosas para que resultaran más asequibles sin que quedasen mal. Te buscas tus recursos para hacer que la alternativa siga siendo interesante, se pueda rodar y siga siendo chula a ojos del espectador. Se trata de que no piense: “Aquí han recortado dinero”.

 

- El estreno coincidió con la llegada de la pandemia. Si en Antena 3 no tuvo la audiencia esperada, arrasó con su aterrizaje en Netflix. ¿Hubiese preferido un mejor funcionamiento en abierto?

- Cuando vienes de la televisión de toda la vida y ves que estrenas en Antena 3 y no alcanzas las cifras que te gustaría es un bajón. También es verdad que la serie se ve más a gusto a través de Netflix: tiene muchos giros, mucha sorpresa. Me parece normal que funcione mejor en la plataforma, a pesar de que esta compra la serie y no le da ninguna publicidad. Pero al final la gente la ve y se corre la voz. En algunos países ha funcionado muy bien. No es un pelotazo como La casa de papel, ni mucho menos, pero gusta. Y ha tenido muy buena acogida entre la crítica, algo que tampoco me esperaba. 



- ¿Cómo ve que las series tengan una segunda oportunidad gracias a las plataformas?

- A los guionistas se nos ha abierto un mundo entero de posibilidades. En primer lugar, hay más trabajo: te mandan contenidos de una forma casi bulímica y tienes que elegir porque no puedes coger todo lo que te ofrecen. Por otro lado, en las plataformas están más abiertos en cuanto a la narrativa. Pero tanto compañeros míos como yo mismo tenemos la sensación de que en determinadas plataformas existía al principio cierto distanciamiento con quienes hemos hecho tele toda la vida. Ellos querían directores de cine y actores famosos. En un primer momento hubo recelo por su parte: “Esta gente que ha escrito la tele mala, ¿ahora va a escribir la buena?”. Nosotros realmente no escribíamos lo que queríamos, escribíamos aquello para lo que nos contrataban. Yo he escrito series malísimas, creadas por otra gente y a las que llegaba porque me contrataban, en las que hacía lo que podía. Y también he escrito series que estaban muy bien y en las que aprendí un montón. Todo ello me ha dado mucho oficio, y no significa que todo lo que vaya a hacer sea malo por el mero hecho de haber estado en productos malos.

 

- ¿Qué retos quedan por delante en el oficio?

- La gente que venía de la tele no era cool. Eso ha cambiado: me siento querido y respetado, me llaman para escribir proyectos maravillosos, tanto las cadenas como las plataformas nos abren sus puertas. El guionista se ha convertido por fin en una figura central. Lo primero que se pregunta ahora es: “¿Esto quién lo ha escrito? ¿Quién lo va a escribir?”. Pero al final esa cosa un poco viejuna que se tenía con los productores, y que también existía en el cine, de alguna manera sigue estando presente. Eso de que venga alguien famoso con un proyecto y digan: “Es que viene de no sé quién…”. Los que realmente sabemos hacer televisión somos los guionistas, y somos nosotros quienes tenemos que hacer televisión. Tenemos que firmar como creadores, tenemos que desarrollar los proyectos, tienen que darnos oportunidades para poder escribir lo que queramos y como queramos. Es algo que no está resuelto del todo.

 

- ¿Diría que los guionistas están viviendo su mejor momento?

- Estamos pasando un buen momento. Se nos tiene mucho más en consideración. Pero se ha perdido algo que siempre había funcionado bien: los equipos grandes. Entrabas en una serie, como entré yo en Siete vidas, y había ocho o nueve guionistas. Eso permitía que hubiera una renovación: los que entrábamos nuevos aprendíamos, íbamos adquiriendo más responsabilidades, a los dos años ya éramos gente del equipo de guion. En la actualidad, normalmente hay menos presupuesto y los sistemas de trabajo dificultan que tú puedas crear un equipo. Somos freelance, nos encargan determinados capítulos, por lo que no puedes decir: “A este chaval que está empezando lo pongo en el equipo para que se foguee y le voy dando más responsabilidad poco a poco”. Para la gente que empieza ahora resulta más complicado ser guionista.

 

- Es algo muy paradójico cuando hay más gente que quiere dedicarse a ello y más posibilidades de formación.

- Yo llevo años dando clases en la Universidad de Salamanca y en la Carlos III, aunque puntualmente, ya que no tengo tiempo para implicarme más. Veo que hay muchos alumnos brillantísimos, con muy buenas ideas y talento, pero la industria no puede absorber esa ingente cantidad de jóvenes guionistas. Es verdad que hay más vías que antes para lograr ser guionista, puesto que puedes hacer cortos, existen muchos formatos y es fácil el acceso a tecnología que te permita darte a conocer, pero al mismo tiempo también hay un exceso de gente compitiendo. Y además están las iniciativas de mentoring o tutoría que ofrecen ALMA, DAMA o la SGAE, en las que creadores jóvenes presentan sus propuestas de ficción y se les asigna un guionista profesional que les ayude a desarrollarlas. Esto y la creciente producción está ayudando a que nuevos profesionales estén entrando en la industria. 

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