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21-03-2013

El equipo técnico y artístico de la serie, en las instalaciones de Voz Audiovisual

El equipo técnico y artístico de la serie, en las instalaciones de Voz Audiovisual

 
Una parroquia muy concurrida
 
El humor y costumbrismo de ‘Padre Casares’ suma fieles en la tv gallega. La teleserie graba la duodécima temporada, cuyo estreno se prevé para 2013
 

NURIA DUFOUR
Reportaje gráfico: Xosé Durán
En las afueras de A Coruña, en un populoso polígono industrial análogo a otros en los que se gestan la mayoría de las teleseries estatales y autonómicas, se encuentra la sede de Voz Audiovisual, la productora de Padre Casares y de algunos de los títulos más punteros de la Televisión de Galicia.

   Pionera en la ficción gallega y en gallego –eran años en que los idiomas autonómicos conseguían emerger del ostracismo al que fueron recluidos durante décadas–, suyas son teleseries como Terra de Miranda, A vida por diante, Matalobos (reciente premio Circom a la mejor serie regional europea) o Mareas vivas, trampolín de muchos de los rostros del audiovisual gallego, desde Luis Tosar a Luis Zahera, Sonia Castelo, Isabel Blanco o Martiño Rivas. “Aquí sobra talento. Los mamarrachos que están hablando en el Parlamento de nosotros demuestran que solo ven series americanas, si las ven”, espeta  contundente Avelino González, Miñato en la pantalla, nada más terminar de grabar la segunda de las dos secuencias que hoy le tocan y a punto de salir escopetado para no perder el Cercanías que le trasladará a Santiago, su ciudad de residencia.  

   El inevitable ambiente hiperactivo de cualquier producción televisiva se percibe tranquilo: actores repasando sus líneas, cámaras y sonidistas calibrando los equipos, producción rematando gestiones, personal de sastrería dando los últimos toques al vestuario, maquilladoras y peluqueras con los bártulos a cuesta pendientes de que los intérpretes retraten perfectos, una voz que sobresale reclamando “silencio”. Son cinco ya los años ininterrumpidos de rodaje y emisión. La máquina de trazar las idas y venidas de los parroquianos de la imaginaria localidad de Louredo rueda bien engrasada.
 
Cura urbanita
La historia de Padre Casares, una idea original de la productora desarrollada por el guionista y reconocido autor de cómics Carlos Portela, se centra en el choque cultural que experimenta un cura urbanita treintañero recién salido del seminario. A bordo de una Harley y con el mp3 a todo gas, Horacio Casares arriba a un pueblo anclado en tradiciones y rutinas propias de otros tiempos para hacerse cargo de la parroquia en manos del anciano Don Crisanto (Tuto Vázquez, actor sustituido por Gonzalo Rei Chao tras su fallecimiento), su antítesis.
 
 

Manuel A. Espiñeira, el director de la serie, con Álex Carro

Manuel A. Espiñeira, el director de la serie, con Álex Carro

 
 
   La serie nace para los telespectadores en enero de 2008. Las grabaciones se habían iniciado varios meses antes y el proyecto tardaría más de un año en hacerse realidad. En la cadena, hubo cierto debate antes de darle luz verde. Según recuerda su actual productor ejecutivo, el periodista Carlos Carballo, “nos tuvimos que mover bastante con el arzobispado y pedir los permisos oportunos porque había que grabar en iglesias”.

   Al haber muchas secuencias localizadas en el interior de un templo, “teníamos que acertar con la elección”, detalla Paula Fernández, directora de producción y mano derecha de Carballo, “elegir uno que estuviera por la labor de asesorarnos y facilitarnos la producción”.

   La mayoría de las secuencias de iglesia se graban en la parroquia de Santa Eulalia de Liáns, en el municipio coruñés de Oleiros. En alguna ocasión, actores y técnicos han tenido que esperar a que terminara un funeral (“¡imposible encajarlos en el plan de trabajo!”) para montar el decorado. Otras han sido los asistentes a una ceremonia religiosa los que han debido aguardar, (“hasta les hace coña”) a que los cincuenta técnicos y actores que integran el equipo de Padre Casares fijara la última toma para que diera comienzo la boda, bautizo o comunión de turno.

   Hasta hoy se han grabado y emitido 159 episodios, treinta al año, de una hora de duración cada uno, con audiencias que la han convertido en la serie más vista de la televisión gallega. Todos guardan en su memoria el titular de un diario de tirada nacional en el que se leía: “Padre Casares desbanca a Grissom” (la norteamericana CSI, Las Vegas). Y es que en el prime time de los lunes siempre le ha ganado la partida a cualquier otra oferta.

   En los orígenes, la ficción superaba semanalmente el 30 por ciento de cuota de pantalla. Un hito: el capítulo que abría en enero de 2009 la temporada cuarta rebasó el 36%. “Había bombones todas las semanas”, resalta Antonio Durán “Morris”, el incrédulo alcalde Delmiro. La serie se mueve en la actualidad en torno al 15 por ciento, dato importante teniendo en cuenta la revolución que han vivido los hábitos de consumo televisivo en los últimos tres años con la multiplicación de canales y fragmentación de la audiencia. Ese porcentaje, además, es superior a la media de la emisora, una de las dos autonómicas (junto a TV3) que mantiene mes a mes un público fijo.

   Hoy son 25 los extras citados. Todos ellos, a las órdenes de Ana Fontán, la coordinadora de figuración, se mezclarán con nueve de los protagonistas en la celebración de una asamblea. En otras jornadas, extras, actores y técnicos rondan el centenar. Una escalera conduce a los platós. En el de la parte inferior, de 800 metros cuadrados, se encuentran la mayoría de los decorados fijos –el bar Casa Lidia, la rectoría, el ultramarinos, el centro social, el dormitorio del alcalde y hasta la réplica de la puerta de la iglesia–, los camerinos y la sala de ensayos. En el superior de 200 metros cuadrados, están dispuestos el despacho del alcalde y el set de Puri (Covadonga Berdiñas), la vecina rica de la comarca por azares del destino, devota, cotilla y malpensada, compuesto de una cocina que hace las veces de peluquería.
 
 

Covadonga Berdiñas, en peluquería

Covadonga Berdiñas, en peluquería

 
 
Sin bajar la guardia
Precisamente el despacho consistorial, estancia regia donde se desarrollan algunas de las situaciones más hilarantes de las tramas, nos servirá de localización para varias de nuestras entrevistas. Allí, el actor vigués Antonio Durán, al que recientemente hemos visto en la serie de A3 Luna, el misterio de Calenda e interpretando a Santiago Carrillo en el telefilme de TVE Tarancón, reflexionará sobre el peligro de acomodarse en una serie de largo recorrido. “Somos afortunados los que hemos nacido con la serie porque es donde realmente creas. Hay que luchar contra la comodidad”.

   Opinión que comparte Ana Santos: “estoy muy a gusto con el personaje de Elsa, pero no bajo la guardia en ningún momento”. Y recalca la importancia de que los personajes tengan identidades a las que el actor pueda agarrarse. Para el suyo, una mujer un tanto sui géneris, que se gana la vida de pastora, Ana planteó a los guionistas aflautarle la voz –la actriz compagina su trabajo en televisión con el doblaje, profesión a la que se dedica desde hace casi treinta años- y darle candidez. “Esos detalles tan concretos no estaban en la descripción, pero los propuse y me dejaron”. Ana consiguió algo no siempre fácil en las ficciones televisivas.
Los personajes evolucionan de tal modo que su recorrido dramático motiva el trabajo de los actores, que proponen cambios para evitar el estancamiento o el lugar común.

   Como es habitual, el diseño original de personajes no recogía todos sus matices, registrados en la biblia, un texto que a actores y actrices tanto intriga y muchos hasta temen. Cuando la serie arranca, difícil saber si en dicho sagrado manual estará contemplado el final de su personaje y, en consecuencia, de su contrato, particularmente los secundarios. A los intérpretes, eso sí, les queda la esperanza de que su trabajo sea bendecido con esa misteriosa conexión público-ficción, conexión para la que nadie ha logrado encontrar la fórmula. Todavía.
 
 

Antonio Durán "Morris", Patricia Vázquez y Tacho González

Antonio Durán "Morris", Patricia Vázquez y Tacho González

 
 
   A juicio de Avelino González, la biblia cumple la función de “acotar el campo”, inabarcable de otra manera. Para este actor, bregado en ficciones televisivas –As leis de Celavella, Pratos combinados, Piratas–, “hay muchas cosas que ya tenemos automatizadas. Los ensayos al principio eran más estrictos. En la italiana aclaramos las intenciones y en planta hay lugar a la improvisación”. “El realizador tiene una oreja muy grande”, agrega, cómplice: “nos escucha mucho, y eso se agradece”.

   A lo que el director, Manuel A. Espiñeira –en la serie desde el capítulo uno: empezó llevando la segunda unidad y a partir de la tercera tanda, septiembre de 2008, tomó las riendas de la dirección–, matiza: “en cualquier teleserie debe haber un margen de libertad para proponer y sugerir sobre lo escrito. Los guiones son de hierro dúctil, tienen las tramas y la masa necesaria para la historia. Nosotros los modelamos y afinamos para que salgan brillantes y relucientes”. Afirmación que celebra Antonio Durán, para quien la intercomunicación entre el elenco, el equipo de guionistas y el realizador “es fundamental”. 

   Espiñeira comparte labores de dirección con Marta Piñeiro, a cargo de rodar los exteriores, localizados principalmente en el pueblo marinero de Redes y en Santeiro, lugar al que se trasladan para grabar en un monasterio vacío las secuencias del despacho del obispo, y de “cubrirme los días que tengo que revisar montaje”.

   Ocho horas de trabajo intenso permiten al final de cada día conseguir unos 14 minutos útiles para el montaje final (alrededor de seis se concretan en exteriores). El tiempo se amortiza mejor en el plató, por lo que la mayor parte se rueda en los estudios. Los exteriores alivian la acción, pero exigen complicar el operativo de rodaje. “Intentas encontrar el equilibrio”, explica Paula Fernández. “Ahora salimos menos, unas 18 o 20 secuencias por temporada, pero cuando salimos procuramos que sea vistoso”. 

   Por lo general, las series no cuentan ni con grandes presupuestos ni con suficientes días para la grabación. Un capítulo viene a estar listo en cuatro jornadas, cuando hasta no hace mucho se disponía de márgenes algo más holgados. La tendencia actual es ir a menos, situación de la que no se libra Padre Casares, y ante la que técnicos y actores se plantean desafíos que el director sintetiza en no caer en rutinas aburridas y acabar en el plazo marcado.

   Nadie esperaba el enorme éxito de la serie. “Todo eran incógnitas”, revela Carballo, “incluso en el momento de iniciar las grabaciones había bastante división de opiniones respecto a la aceptación”. Algunos actores nos dicen que en los primeros capítulos percibieron que aquello podría funcionar y eso les animó a trabajar la mayor comicidad posible en las escenas.  

   Todos sin excepción atribuyen gran parte del éxito al idioma, además de a la historia y los personajes. “Una y otros han empatizado con los espectadores”, subraya Espiñeira. “Son historias sencillas y humildes con cierto toque surrealista en el universo particular de un pueblo de cuento como es San Antonio de Louredo”.

   Según Alberto Guntín, actual coordinador de guion y guionista desde los primeros capítulos, “es una serie donde el proceso de identificación con los personajes ha funcionado a las mil maravillas y el trabajo de actores y actrices marcha perfecto a todos los niveles, algo que se nota siempre”. El equipo de Guntín –tres argumentistas-escaletistas y entre cuatro y cinco dialoguistas– sigue el esquema habitual que ha triunfado en nuestras teleseries. “Hacemos el mapa de tramas que derivamos a guionistas externos. Es un proceso muy sencillo”.
 
 

Morris, Tacho González, Fina Calleja y Manuel A. Espiñeira

Morris, Tacho González, Fina Calleja y Manuel A. Espiñeira

 
 
Cara y espalda
No hay recetas para lograr el aplauso del público, pero la variedad de perfiles favorece la probabilidad de que esto ocurra y Padre Casares tenía las de ganar al tratarse de una serie coral. En palabras de Avelino González, Padre Casares “no es una telecomedia al uso”. Los personajes aun siendo estereotipos, son más complejos. “Además de dar la cara, muestran la espalda”, resume.

   Las personalidades de unos y otras han ido sedimentando en el día a día, al dictado de las circunstancias, el sentido común o la reacción de la audiencia. Precisamente Antonio Durán se refiere a ello al destacar unos arcos dramáticos “tan amplios que te permiten jugar mucho con los personajes”.

   ¿Habrá futuras entregas? El director aventura: “las personas siempre tenemos necesidad de reírnos, quizá más en esta época, reírnos de nosotros mismos, de algo cercano y conocido, de cómo otros tienen que luchar desesperadamente contra los obstáculos que se les presentan. Reír relaja y desahoga”.

  Tras cinco horas entre bambalinas, abandonamos un nuevo microcosmos televisivo y regresamos al ajetreado ritmo de una ciudad en hora punta. Eso sí, antes de irnos les transmitimos nuestro deseo de que sigan contando con el consenso de su parroquia por otras tantas temporadas. Parafraseando al protagonista de esta historia: “Oremus”.
 
 

 
 


EL ELENCO
Una serie muy coral
Entre principales, secundarios y episódicos, un total de 99 actores y actrices han pasado por el set de Padre Casares. El 26 de septiembre de 2011, Pedro Alonso, el actor que durante tres años y medio (ocho temporadas) había encarnado a Horacio Casares, se despidió de la serie. Los guionistas le mandaron de misiones a Mali. Y hasta allí se trasladó el equipo para rodar el relevo y presentar al nuevo párroco de Lauredo, Rodrigo Álvarez, personaje encarnado por el actor Xaquín Domínguez. Para él, trabajar en la serie ha significado “un crecimiento profesional importante” y los días de rodaje en el país africano, en lugar de representar una dificultad añadida –se incorporaba a una serie muy asentada–, le permitieron tomar contacto con mayor intensidad. “La llegada posterior al plató”, ha declarado, “fue menos forzada, y menos mal: desde que supe que iba a interpretar al nuevo cura hasta el comienzo de las grabaciones solo pasaron tres semanas”.
Los guionistas dieron con una buena estrategia narrativa que justificara el título original de la ficción iniciando cada episodio con un correo electrónico leído en off que el nuevo párroco remite a su antecesor.
A continuación, los actores y actrices de la temporada 12:
 
Xaquín Rodríguez (Rodrigo Álvarez)               Avelino González (Miñato)
Antonio Durán “Morris” (Delmiro)                  Fina Calleja (Moncha)
Patricia Vázquez (Lidia)                                    Ana Santos (Elsa)
Tacho González (Sindo)                                              Álex  Carro (Santi)
Covadonga Berdiñas (Puri)                              Gonzalo Rei Chao (Don Crisanto)
Mercedes Castro (Amelia)                                Eva Fernández (Maite)
Xosé Manuel Olveira (Obispo)                        Federico Pérez (Josito)
Xavier Estévez (Urbano)
 
 

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