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18-12-2025


Pilar Matas

"No me preocupa tanto la falta de trabajo como que jueguen con mi ilusión"



Aquella muchacha de Albacete que deseaba hacer teatro ha dado infinitas vueltas y ha sacrificado cosas importantísimas en aras de su sueño. Algo inexplicable tiene este oficio cuando no lo abandona pese a la adversidad. Como una madre a su hijo. Empezó haciendo comedia en el escenario y el tiempo la ha conducido hacia personajes dramáticos y proyectos audiovisuales. Por si la faceta de actriz se quedara corta, también escribe  



JUAN FERNÁNDEZ

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

La de 2025 ha sido una buena cosecha para Pilar Matas (Albacete, 1966) en el plano laboral. En febrero estrenaba la película Bodegón con fantasmas, en mayo llegaron a Prime Video los tres episodios de Atasco en los que participa, en junio regresaba a los cines con el filme de Gracia Querejeta La buena suerte. Pero no solo eso, ya que terminaría el año en el teatro con uno de esos personajes que suponen un reto: la mujer con demencia a la que se encarga de dar vida en Mi hijo camina solo un poco más lento. Y también ha grabado la serie La nena, continuación de La novia gitana y La red púrpura, que va a llegar a Atresplayer próximamente. Pese al ajetreo de la temporada, no disimula las limitaciones que entraña la profesión para las actrices de reparto, limitaciones que a menudo la llevan a atender a otros empleos para lograr cuadrar las cuentas. Lo tiene perfectamente organizado. "Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda", dice para resumir su plan de trabajo. La alternativa es renunciar a su vocación actoral, pero esa opción no quiere planteársela. Ya lo hizo una vez y no tardó en volver a los escenarios.

 

- En sus últimos trabajos ha mostrado perfiles diferentes. ¿Eso es bueno o malo?

- Lo considero una suerte. Así toco palos muy variados y aprendo de todos ellos. Pero ignoro si esto es lo más práctico de cara a que te sigan llamando. Uno de los temores habituales de este oficio es que te encasillen, pero a veces viene bien porque así te ubican, piensan en ti para ese perfil que bordas. "Llamemos a fulanita, que llora muy bien", pensarán. No es mi caso: yo no estoy especializada ni encasillada. Y me parece bien, aunque me llamen menos. No me preocupa tanto la falta de trabajo como que jueguen con mi ilusión cuando me ofrecen algo


- ¿A qué se refiere?

- A menudo te ofrecen trabajo diciéndote que va a ser algo fantástico, una oportunidad que no puedes rechazar. Cuando me vienen con esas, siempre pienso: "Hay gato encerrado, me liarán por algún lado". Me parece mezquino que en una profesión que depende tanto de la visibilidad siempre haya gente que use ese recurso.


- ¿Le ha pasado?

- A todos nos ha pasado. Lo aguantas cuando tienes 20 años y estás empezando. A estas alturas no lo permito. Por favor, no me vendas la moto, explícame el proyecto, cuéntame de qué va, con quién voy a estar, qué voy a ganar… y ya decidiré yo si es una oportunidad para mí o no. Voy a aceptar el proyecto sin mirar las condiciones si me enamora. Pero no me vendas la suerte tremenda que tengo por el hecho de que hayas pensado en mí. A los actores nos venden cajas enormes con lazos grandísimos y luego no hay nada dentro. Ocurre con demasiada frecuencia.



- ¿Cuesta rechazar un proyecto cuando las propuestas no abundan?

- Creo que era Javier Bardem quien decía que una carrera se construye con los trabajos que haces y también con los que rechazas. Estoy muy de acuerdo. Yo busco historias que me atrapen, defendidas por gente comprometida con este oficio. En caso contrario, prefiero hacer otra cosa. Como el resto de los actores, yo he hecho de todo. Además de los bares, que son un clásico, fui del Círculo de lectores, he limpiado casas, he limpiado culos, he cuidado niños, he aforado trenes, he hecho entrevistas, he escrito para otros… Y lo sigo haciendo. No necesito explicarle a la gente con qué cosas voy ganándome la vida, aunque no me importa contarlo: ya tengo más tiempo por detrás que por delante. Por eso reivindico mi derecho a elegir. Y cuando no lo haces, te sientes luego tan tonta…

 

- ¿Se ha sentido así alguna vez?

- Sí. Cuando acepté algo que mi intuición me decía que no debía hacer. Este trabajo funciona por la regla de las tres pes: las cosas se hacen por pasta, por placer o por prestigio. Por placer he hecho muchas. Por pasta, alguna, pero con el tiempo hago menos de estas, ya que se paga muy mal. Si hablamos de prestigio, o al menos de visibilidad, eso te lo da el audiovisual. Aunque en los últimos años sí he hecho mucha pantalla, no llegué a tocar la tele cuando se decía que se ganaba tanto dinero. Yo nunca me compré un piso con lo que ganaba de actriz.



- Sin embargo, sigue.

- Yo no soy madre, vaya eso por delante. Pero me di cuenta de que esta profesión es como un hijo: lo alimentas, le pagas los estudios, lo cuidas, lo llevas el médico, a veces tu relación con él es regulera… y no dejas de quererle. Este trabajo está mal pagado, es muy precario, a menudo te trata mal, tan mal que te planteas: "¿Me merece la pena seguir?". Y, sin embargo, sigues, no lo dejas. 

 

- ¿Qué le da? 

- Dinero, poco. No es lo que te da, sino lo que sientes estando ahí. Yo trabajo para el público. También para mí, claro. Y para mis compañeros, para mi director. Pero trabajo sobre todo para el que ha pagado por verme. Cuando le conmueves mediante la risa, el llanto o lo que sea, sientes que le trasformas, como a mí me transformó la primera vez que vi una obra de teatro. 

 

- ¿Recuerda ese día?

- Perfectamente. Yo soy de Albacete. Recuerdo que en el instituto, en segundo de BUP, nos llevaron al teatro a Murcia. Vimos El tiempo y los Conway. ¡Qué impacto me produjo ver a Gemma Cuervo en el escenario! Me entró un calor, una emoción… Si provocamos todo eso en las personas, este trabajo no tiene precio.



- ¿Qué hace una chica de Albacete metida en estos jaleos?

- No solo de Albacete, sino criada en aldeas próximas. A mí me gustaba hacer cosas ante las niñas del cole. Cuando te surge ese deseo lo pasas mal: no sabes lo que es, no sabes de qué va. No lo llamas ser actriz. Ahí aprendí a fingir. Mi vocación fue surgiendo mientras aprendía a simular que era quien no era. Me transformaba en otra persona. Si estaba triste, me hacía la alegre. Simplemente para salvar el tipo. Y saqué mucha mala hostia para poder defenderme de los que se reían de mí porque quería hacer teatro.

 

- ¿No lo entendían?

- La pregunta era esa: ¿qué hace una cría de un pueblo de Albacete queriendo hacer teatro? En el instituto me daba mucha vergí¼enza decirlo, pero aquello era lo que deseaba con todas mis fuerzas. Para aprenderme los temas me hacía entrevistas a mí misma. En esos años triunfaba en la tele Mercedes Milá, así que yo la imitaba. Desde ese personaje me preguntaba: "Pilar, ¿por qué estás tan obsesionada con Cristóbal Colón?". Y yo misma me respondía: "Me alegra esa pregunta, Mercedes, porque Colón…". Y le soltaba el descubrimiento de América [risas].

 

- ¿Le costó dar salida a su vocación?

Me emociono cuando oigo a compañeros hablando del apoyo familiar que recibieron. Yo no lo tuve. Solo mi madre me apoyó. Ella era realista y me decía: "Pilar, sin padrinos, sin conocer a nadie, ¿cómo te ganarás la vida en eso?". Pero me apoyó pese a las dudas. Para mí eso tiene un valor superior. Mi madre ya no está, pero pienso en ella día tras día. Y me digo que estoy aquí gracias a su apoyo. 

 

- El resto lo hizo usted. ¿Cómo se organizó?

- Al terminar el instituto hice una pequeña trampa. Mi madre insistía en que hiciera una carrera, así que me marché a Valencia para empezar Información y Turismo. También me matriculé en Arte Dramático. En el segundo curso me atreví a confesar la verdad a mi familia y al final aceptaron que la niña tirara por este camino. 

 

- ¿Qué vino después?

- Después de terminar Arte Dramático me fui a Barcelona a seguir estudiando en una escuela. Al no hablar catalán, todo eran dificultades. Eso hizo que me trasladase a Madrid. Hice café-teatro y lo que surgía para ir sobreviviendo. A los tres años tuve que irme. No salía adelante. Empecé a estudiar Biblioteconomía en Murcia. Estaba tan dolida con el oficio que durante un año no pisé un cine ni un teatro. Mi casa estaba enfrente de la facultad de Económicas, que tenía un aula de teatro. Un día no pude resistirme y decidí acercarme. Estaban haciendo un casting para montar Bodas de sangre y me escogieron. Ese día volví al escenario y ahí sigo hoy. Más tarde regresé a Valencia. Pese a que no sabía valenciano, me pasé por el Teatre Micalet, que me gustaba mucho. Y comencé a trabajar.



- Ya no hubo marcha atrás.

- No. Me empeñé en dedicarme a esto y no paré hasta lograrlo. Fue a cambio de muchas renuncias. La que más me duele es la de la vida familiar. Me emociono al pensar que debería haber prestado más atención a las personas que tenía alrededor, pero prevaleció el deseo de perseguir mi sueño. Y me arrepiento: esas personas y esos afectos ya no volverán. Por eso no permito que nadie juegue con mi ilusión, porque he puesto mucho en ella.

 

¿En qué registro se siente más cómoda?

Al principio me llamaban más para hacer comedia en el teatro. Luego empecé a hacer de todo en el audiovisual y ahora suelen ofrecerme personajes dramáticos. Adoro a Jack Lemmon, que decía: "La comedia se trabaja desde el drama y el drama se hace desde la comedia". Yo hago un poco eso. Dicen que hay algo triste en mí cuando estoy haciendo comedia. Y luego se me escapa el humor en cualquier momento. Mi humor es bastante negro. Una vez me ingresaron por un amago de infarto. Los médicos venían a verme asustadísimos. Yo les decía: "¿No será lupus?". Se reían, pero no entendían las bromas con una cosa tan seria. 

 

- Dice que últimamente la llaman más para el audiovisual. ¿Lo prefiere?

- Sí. Doy mucha importancia a los textos y, como te caiga uno que no te convence, eso es durísimo día tras día en el escenario. En el audiovisual dices algo distinto en cada secuencia. Ahora hay unos textos tan buenos en las series y las películas, los guionistas de hoy escriben unas cosas tan fantásticas, que da gusto interpretarlas. Reverencio a los escritores, me parecen genios. Me gusta escribir, suelo hacerlo.



- ¿Cómo es su relación con la escritura?

- Empecé de forma amateur y escribí para otros, de negra. Con eso me fui sacando mis dinerillos. Hago narrativa, no me atrevo con los textos dramáticos, me parecen muy difíciles. Me apunté a varios cursos de escritura creativa y me adentré en el mundo del cuento. Por ahí he seguido. La palabra me produce muchísimo placer. En la escritura me siento muy libre para contar lo que siento y lo que pienso, mientras que en la actuación no me gusta volcar mis experiencias personales. Ahora tengo a medias una novela y un libro de cuentos. Si los publico, lo haré con seudónimo. Conozco a varias compañeras que han publicado libros y las llaman menos desde que lo han hecho. Por encima de todo, yo quiero que me llamen.

 

- ¿Quién le gustaría que la llamara?

Tengo la espinita de ser manchega y no haber trabajado ni con Almodóvar, ni con los de Muchachada, ni con José Mota ni con José Luis Cuerda, que nos dejó hace años. Con todo el talento ha dado mi tierra a esta profesión y aún no he coincidido con ninguno de ellos. Manchegos por el mundo, si me oís, llamadme, hagamos algo juntos.

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