Emilio Gutiérrez Caba, exponente ilustrísimo en la tribu de los enamorados del teatro
El presidente de AISGE, emocionante y emocionado, dedica “a los que sufren” el Premio de Honor de la Asociación de Directores de Escena
FERNANDO NEIRA (@fneirad)
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha (@enriquecidoncha)
En la vida hay momentos, muchos, en los que no sucede gran cosa. Y otros en los que, por el contrario, se acumulan tantas emociones que pueden servirnos para explicar hasta la razón misma de nuestra existencia. Pudimos corroborarlo este lunes 23 de marzo, a eso de las 20.52 horas, cuando la platea del histórico Teatro de la Comedia de Madrid se levantó al completo para celebrar con un largo aplauso la irrupción en el escenario de Emilio Gutiérrez Caba, un hombre que ha hecho de las tablas su razón de ser y que lleva más de seis décadas habitándolas y dotándolas de sentido. El propio homenajeado acababa de contemplar, con el resto de público, ese álbum fotográfico que durante casi 10 minutos dejaba constancia de su abrumadora trayectoria profesional, desde los primeros escarceos en el teatro universitario hasta la muy reciente dirección escénica de Los duelistas, con escalas en largometrajes sin los que no estaría completa la historia del cine español (La caza, Nueve cartas a Berta, La comunidad) y en montajes teatrales clásicos y contemporáneos de espectro casi inabarcable. Y un Gutiérrez Caba emocionado y feliz, abrumado casi por el rotundo despliegue de cariño colectivo, acertó apenas a musitar: “Hay que ver qué cantidad de imágenes, lo joven que era y cómo ha pasado todo esto, casi de golpe…”.
El actor, escritor y director de escena vallisoletano, presidente de AISGE y de la Fundación AISGE desde 2018, era el principal rosto protagonista en la edición número 39 de los Premios de la Asociación de Directores de Escena (ADE), una entidad que había acordado por unanimidad concederle el Premio de Honor que lleva el nombre del inolvidable Juan Antonio Hormigón, fallecido en aquel aciago abril de 2019. Lo comentaba minutos antes de comenzar la gala la actriz Rosa Vicente, que fue pareja de Hormigón durante medio siglo y completa estos meses su autobiografía para el Taller de la memoria de la Fundación AISGE: “Con ninguno de los premios que llevan su nombre habría estado tan de acuerdo Juan Antonio como con el de Emilio, y compartí los suficientes años con él como para hablar con conocimiento de causa”, confesó Vicente mientras se abrazaba ella misma unos antebrazos erizados por el escalofrío.
Iba a ser una noche emotiva, estaba claro, y un Emilio Gutiérrez Caba emocionado y emocionante lo corroboró en un discurso de agradecimiento que comenzó precisamente por el recuerdo del sabio Hormigón, “ese hombre al que tuve tanto cariño y cuya imagen me llega hoy a la memoria envuelta en aquel humo agradable del tabaco de su pipa”. Los dos compartían, no en vano, una complicidad inquebrantable. “Él era de la tribu de los enamorados del teatro, como tantos otros seres que pululamos por la faz de la tierra”. La integran aquellos que aún hoy, en un mundo tan hierático, tecnológico y hostil como el que nos encaramos cada mañana, “consideran admirable que unos cuantos seres humanos se reúnan para soñar, escribir, leer, actuar y transmitir amores y odios a unos espectadores que aceptan ese juego”.
Hijo del arte
El hermano de Irene y Julia, el bisnieto de Pascual Alba, nieto de Irene Alba, sobrino-nieto de Leocadia Alba y el menor de los hijos de los no menos históricos Emilio Gutiérrez e Irene Caba Alba fue presentado por la presidenta de la ADE, la directora de escena Helena Pimenta, con una preciosa expresión italiana. “Él es un ‘Hijo del arte’, que así llaman en Italia a quienes se han criado en familias de cómicos. Y tanto eso como su compromiso con la defensa de los actores y la memoria de la interpretación en España le convierten en un colega muy querido por todos”, enumeró.
Emilio quiso responder a ese aluvión de cariño con esa emotividad humilde que siempre le ha caracterizado. La misma que le lleva a poner siempre el acento en el “nosotros” y el “ellos” mucho antes que en la primera persona del singular. “Mientras venía para el teatro”, se sinceró, “me puse a pensar en este mundo en el que vivo. En cómo, mientras recibo aquí vuestro afecto, los países se arrasan los unos a los otros, se aniquilan sin sentido. Y todo eso me avergüenza como ser humano”.
Fue una reflexión dolorosa, pero necesaria. Y le puso en bandeja una dedicatoria ante la que su voz pugnaba por no quebrarse. “Este premio se lo dedico a los que sufren. A los que padecen lo inhumano en Ucrania, Gaza o Irán. Me hago solidario de su dolor y protesto frente a tanta guerra y tanta chulería. Frente a tanto delincuente que ensucia con sus palabras la verdad”. Y apostilló, mientras el patio de butacas asentía: “Seguro que Juan Antonio [Hormigón] estaría de acuerdo conmigo”.
Emilio Gutiérrez Caba asistió al evento respaldado por el director general de AISGE, Abel Martín Villarejo, y por la actriz y consejera de la entidad Susana Córdoba, que entregó el premio de Escenografía y aprovechó para ensalzar la trayectoria común entre la institución y los anfitriones. “AISGE y la ADE llevamos más de 20 años caminando juntos. Somos aliados naturales porque compartimos el amor al oficio y el respeto hacia quienes levantan el telón cada día. Estos son unos premios que nacen desde dentro, desde el corazón de la profesión”, exclamó.
Por lo demás, Iván Morales se convirtió en el gran triunfador de la parte competitiva de la noche, puesto que su montaje de El día del watusi se alzó con el Premio ADE de dirección frente a Rakel Camacho (Fuenteovejuna), Ánxeles Cuña (O dragón de ouro), Javier Hernández-Simón (Los lunes al sol) y quizá el favorito, Andrés Lima y su 1936. La gala, conducida y presentada con pasión por lo actores Nuria Gallardo y Críspulo Cabezas, contó con la música en directo del trío jazzístico Sinouj.




