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20-01-2020

María Rodríguez Soto y Karra Elejalde, los mejores actores en los Gaudí

 

Laia Marull y Enric Auquer también brillan en los premios de la Acadèmia catalana, con ‘Els dies que vindran’ e ‘Historia de un ladrón’ como cintas ganadoras

 

 

JAVIER BLÁNQUEZ (@javierblanquez)

Reportaje gráfico: Acadèmia del Cinema Català

Hace unas semanas se entregaron los Globos de Oro y esta semana le toca turno a los premios Goya. Dentro de poco será el momento de los Óscar. Estamos en plena temporada de galas, tanto a nivel mundial como doméstico, en las que el cine se celebra a sí mismo, y este domingo, la noche estuvo consagrada a los premios Gaudí, el homenaje y reconocimiento que otorga la Academia del Cine catalán a los mejores trabajos y producciones financiadas, en su totalidad o en parte, por empresas con sede en Cataluña. Acabaron triunfando Carlos Marqués-Marcet con Els dies que vindran y la joven debutante Belén Funes, directora y guionista de Historia de un ladrón, aunque lo más importante de todo fue la manera que tuvieron la industria y las mentes creativas de reivindicarse y preservar una imagen de unidad y dignidad en este periodo no precisamente pletórico.

 

   No es ningún secreto que el cine catalán no atraviesa su mejor momento. La directora de la academia, Isona Passola, así lo indicó, sin medias tintas ni eufemismos, ante las autoridades y los productores congregados en el auditorio del Fòrum, espacio en el que discurrió una gala de algo más de dos horas que tuvo la virtud –a diferencia de la de 2019– de saber apurar el tiempo hasta lo razonable para no jugar con la paciencia de los espectadores. Passola dijo, textualmente, que el cine catalán había “tocado fondo”. El presupuesto de TV3 para producir series y coproducir películas se ha reducido a tres millones de euros al año –lo que hace que ninguna otra televisión europea se moleste en trabajar con esos números–, mientras que la aportación del ministerio de Cultura para activar el audiovisual en las lenguas cooficiales, el llamado fondillo, no se activa nunca.

 

Isona Passola

   Aprovechando la presencia en la gala del nuevo ministro, José Manuel Rodríguez Uribes, Passola lo volvió a recordar: “un país sin audiovisual no es un país normal, ni rico ni pleno ni feliz”. En el caso catalán, es un espacio yermo: todo el talento local tiene que trabajar allí donde sí hay verdadero apoyo y financiación, en Madrid, París, Berlín o incluso Hollywood. No es un problema de cantera –que la hay–, sino de motivación y voluntad. Y, en un dardo dirigido expresamente al gobierno de la Generalitat –con la ausencia de su presidente, Joaquim Torra; entre los invitados que sí acudieron estaban la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el presidente del parlamento autonómico, Roger Torrent–, Passola recriminó duramente a los políticos que ni siquiera hubieran “hecho el esfuerzo de atraer a Barcelona” a alguna de las nuevas plataformas audiovisuales que trabajan en el sector de las series.


   Su diagnóstico fue una verdad incómoda acompañada de un silencio espeso, caras largas de las autoridades y un gran aplauso tras la reflexión final de Passola: “La esperanza está en que, una vez se ha tocado fondo, ya solo se puede ir hacia arriba”.


 

   La gala quiso, por tanto, incidir en los aspectos felices y emocionantes del cine, antes que convertirse en un acto en el que el colectivo se lamiera las heridas. Sin apenas manifestaciones políticas –la más incómoda, por punk, fue la del cantante Albert Pla, que interpretó su canción La sequía no sin antes recitar el verso “Un político muerto, un político menos”–, el concepto de la gala estuvo desarrollado por la compañía teatral Dagoll Dagom, que encargó a la actriz y cantante Anna Moliner la presentación y la ejecución de los números musicales. Fantasías de cabaret con citas evidentes a grandes clásicos del entretenimiento que tuvieron como gran momento el número inicial, M’agrada més el cine que la realitat (“Me gusta más el cine que la realidad”).

 

   Los premios estuvieron muy repartidos y no fue hasta el final cuando Historia de un ladrón cerró su gran noche con dos de los trofeos más importantes, el de Mejor Película en Lengua No Catalana y el de Mejor Dirección para Belén Funes (que fue, curiosamente, quien subió a recibir también el primero de la noche, al Mejor Guion Original, junto a su compañero Marçal Cebrián), después de haber estado toda la gala perdiendo en las categorías menores. Volvió a cumplirse una interesante característica de los Gaudí: ser la plataforma en la que se reconoce el talento de los mejores creadores surgidos de la escuela ESCAC. Para Funes, he aquí el comienzo de los éxitos.

 

Uno de los números de Dagoll Dagom

Albert Pla

 

   La gran competidora de Historia de un ladrón fue Els dies que vindran, la nueva película de Carlos Marqués-Marcet, un director ya muy consolidado y con un estilo distintivo. También se llevó tres premios: empezó con el Mejor Montaje, continuó con el de Mejor Protagonista Femenina para María Rodríguez Soto, y cerró la gala con el premio grande, el de Mejor Película, la tercera entrega en una particular trilogía sobre las relaciones afectivas en aquella fase de la vida en la que la juventud de los 30 años recién cumplidos da paso al momento de la verdad de la madurez.

 

 

   Tres cintas se fueron con dos estatuillas: la provocadora Liberté, dirigida por Albert Serra (Mejor Maquillaje y Peluquería, y Mejor Vestuario), Lo que arde (Mejor Fotografía y Mejor película europea), y Quien a hierro mata (Mejor dirección de producción y Mejor Actor Secundario). Este galardón supuso un momento especial, pues significó el reconocimiento de Enric Auquer como uno de los actores revelación de la temporada, tanto en la película de Paco Plaza como por su gran papel en Vida perfecta, la serie creada por Leticia Dolera para Movistar+.

 

Enric Auquer, mejor actor secundario

 

   El premio al Mejor Actor Protagonista se lo llevó Karra Elejalde por Mientras dure la guerra y la Mejor Actriz Secundaria fue Laia Marull, por La innocència. Algunos títulos importantes del año, como Dolor y gloria o Elisa y Marcela, se llevaron una solitaria estatuilla: la de Almodóvar, el reconocimiento al mejor sonido para Sergio Bürmann y Marc Orts; la de Coixet, una reverencia a Sylvia Steinbrecht por la Mejor Dirección Artística.

 

   En total, se fallaron los premios en más de 20 categorías. Uno de los más importantes, porque lo conceden los espectadores mediante votación, y no pasa por las preferencias de los académicos, fue la comedia punk 7 raons per fugir, que se llevó el Gaudí a la Mejor Película del Público. Un premio interesante porque indica que el público está ahí y se manifiesta libremente, a veces en direcciones complementarias, puesto que 7 raons… no obtuvo ningún premio más.

 

Los Gaudí certificaron que el cine catalán, pese a las apreturas económicas, goza de una creatividad que está en el punto medio justo, cerca del público y cerca del mejor estándar de calidad, todo a la vez y sin contradicciones. Lo único que le falta es apoyo, oportunidades, un poco de cuidado por aquellos señalados por Albert Pla: quienes solo se preocupan por las cosas que no son importantes.

Karra Elejalde, mejor actor principal

Laia Marull, mejor actriz de reparto

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