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16-11-2021


Raúl Tejón

“Me gusta hacer familia. Hago teatro para irme con mis amigos de gira”



El actor madrileño se sintió diferente desde la infancia. Y aprendió a pasar desapercibido. La interpretación (entre otras cosas) le ayudó a romper con todo eso. Hoy asegura estar en un buen momento de su carrera, tanto por los proyectos que le llegan como por el recorrido que tienen sus propias creaciones



LUIS MIGUEL ROJAS NAVAS

FOTOGRAFÍAS: ENRIQUE CIDONCHA

Raúl Tejón (Getafe, Madrid, 1975) tiene mucha tela que cortar en cuanto al trabajo y la vida. Allá por 1999 escuchó su primera claqueta, pero se siente recién llegado. Ha entrado en las casas de muchos españoles gracias a series que han hecho historia en nuestra televisión y se ha subido continuamente a los escenarios, siempre pensando que era su primera vez.

 

   La interpretación le proporciona a este artista herramientas para entender aspectos de su existencia, y se considera afortunado por un oficio en el que coincide con personas que acaban caminando junto a él.

 

   Llega a la entrevista (en su barrio de Getafe) despeinado, con mil cachivaches, cansado tras el día de rodaje. Sin embargo, sonríe desde el primer instante, y acompaña ese talante con una amable declaración de intenciones: “No tengo prisa”.

 

– ¿Qué le gusta de Getafe para permanecer aquí desde la infancia?

– Me gusta que tiene casi 200.000 habitantes, pero que todavía sigue siendo un pueblo. Voy por la calle y saludo a mi amigo Sergio, que tiene la óptica que heredó de su padre, en la que llevo años graduándome. Llego al Mocca, de mi amigo Eusebio, y desayuno con mi madre y mi tía cuando no trabajo. No hace falta que pida porque ya saben lo que quiero. Podía ir andando a la universidad donde obtuve dos licenciaturas. Eso solo lo tengo aquí. Y es una maravilla. 

 

– También en Getafe conectó con el teatro por primera vez.

– Cuando pienso en los comienzos se me viene a la mente la casa de la cultura. No recuerdo si por entonces había teatro para niños; yo iba con mi madre a ver las funciones del Grupo Taormina. A Carmen Machi le reventaba las funciones porque con cuatro o cinco años quería ser partícipe de lo que veía en escena. Gritaba e interactuaba con ellos. Desde pequeño ya iba apuntando maneras



– Aunque pasó por Derecho y ADE… 

– Sí… Pensaba que lo de actor era para otra persona, que yo no podía ganarme la vida con esto. Entré en el grupo universitario de teatro y encontré a gente como Sergio Peris-Mencheta. Con él formé mi primera compañía. Sergio duró seis meses en clase; yo completé los seis años. Cuando acabé hice un curso de teatro. Me llamó una amiga para que hiciera una prueba para Romeo y Julieta. Entré a sustituir a Raúl Peña, y fue algo tan apresurado que de pronto me vi en la piel de Romeo en pleno Centro Cultural de la Villa. Y hasta hoy

 

– ¿Es casualidad que su trayectoria esté repleta de títulos teatrales?

– No es casualidad; el teatro para mí es casa. Es el lenguaje que entiendo, el que manejo, es el lenguaje que me gusta. Y he hecho muchísimas cosas interesantes en televisión… Pero del teatro me llena también todo lo que se genera. Cuando tú haces que otra persona vibre, por lo que sea, significa que hay verdad. Y eso en el teatro lo ves, lo sientes, lo hueles. Además, me gusta hacer familia: hago teatro para irme con mis amigos de gira. Debería empezar a hacer teatro para ganar dinero, pero es que principalmente lo hago porque quiero estar de viaje con mis amigos durante un año

 

– Ha participado en series que han dejado huella. Sin embargo, parece que se perpetúa cierto prejuicio hacia el cine español.

– ¿De quién es la culpa? Llevamos desde 1936 denostando la cultura porque siempre ha sido un peligro. Seguimos hablando de la muerte de Lorca y algunos dicen todavía que no fue por razones políticas. ¿Fue por escribir poesía? ¿Qué tipo de cultura se propició en aquella época? La de películas que hablaban de no despertar. En este país la cultura es seña de vergüenza porque parece que defenderla es de rojos y subvencionados. Salvo el toro, claro. España tiene una gran deuda con la cultura, y eso tampoco lo soluciona la izquierda. “Parece americana, no parece española”, suele decir la gente cuando quiere elogiar. ¿Y quién ha hecho La casa de papel? ¿Quién ha hecho Vis a vis?



– En la promoción de Tres hermanas solía decir que somos incapaces de mostrar cómo somos. 

– Ni yo, ni tú. Ningún ser humano es capaz. Hay muchos armarios en esta vida, no solo el de la orientación sexual. Nos educan para crear una imagen de nosotros que sea exportable a una sociedad que tiene determinados valores y creencias. Llegaremos a conquistar otro planeta, pero continuaremos siendo incapaces de ponernos ante alguien para decirle: “Este soy yo, con todo lo bueno y todo lo malo. Quiéreme y acéptame”. Para hacer eso, el primer paso es quererte tú, deconstruirte. Tres hermanas llegó después de una de las rupturas más dolorosas de mi vida, en un momento muy oscuro. Ahora agradezco que así fuera. Con lo que aprendí en aquella obra recuperé la relación con mi padre después de 30 años. Logré comprender que no podía seguir enfadado.

 

– ¿Dentro de la industria hay discriminación si uno se muestra tal como es?

– No lo sé. Creo que los actores somos gente muy privilegiada. Hay gente muy tocapelotas a la que se le consiente que lo sea por el hecho de que es actor o actriz. Y en un despacho de arquitectura, con esa actitud, estarías en la calle al momento. Pero en este sector, como el proyecto termina en dos meses, pues pasamos la mano.

 

– ¿Considera que actores y actrices están haciendo piña para luchar contra el machismo, la homofobia o el racismo?

– Depende. Aunque la sociedad ve a los actores como muy progres, muy rojos y muy sindicalistas, en esta industria hay gente muy conservadora. Roberto Álamo, Miriam Giovanelli y yo peleamos por no sexualizarla a ella en una serie. Roberto y yo nos quejábamos: “Esto es machismo puro, no lo diremos”. Y ambos nos negamos a pronunciar una frase homófoba que no venía a cuento en la historia. Esas cosas las haces cuando encuentras compañeros. De lo contrario, te soltarán la típica cantinela: “Ya está aquí el rojo-progre protestando por todo”. ¿Rojo? Más que un coche de bomberos. A mí no me importa decirlo. Si a alguien muy de derechas le molesta que le digan facha, que se lo haga mirar, porque cuando a mí me llaman rojo no lo considero un insulto.



– ¿En una entrevista se le debe preguntar a un actor o actriz sobre cuestiones políticas?

– ¿Y por qué no? Otra cosa es que te conteste. Además, el actor o la actriz de derechas lo manifiesta y nadie dice ni mu. Y al artista de izquierdas siempre se le recrimina. Yo he visto a Ana Belén delante de una pancarta de “OTAN no”. He escuchado palabras de Charo López sobre lo que ella consideraba que era la política. Ellas dos y muchos otros y otras son los referentes de mi época. ¿Vamos a convertir en referentes del ahora a gente que dice ser apolítica? Eso es lo que intentan hacer desde hace tiempo con la cultura: blanquearla, paralizarla, idealizarla…

 

– ¿Le dicen alguna vez que se calle?

– Sí. Pero no lo hago. Y me molesta mucho que me lo digan. No sé de dónde me viene esto, seguramente de que yo era un niño bastante sensible y aprendí a no pronunciarme y a ser casi invisible. Recuerdo que mis sensibilidades y mis gustos eran otros, pero en aquella época ni me olía que era homosexual. Sí sabía que mi expectativa no era la normativa. Así que aprendí a no desentonar. Por eso odio que me manden callar. Mi familia calló mucho y pagó un dineral para que no se les matara por sus ideas. Se dilapidó una fortuna para que los hombres de la familia no murieran. Eso está en mí, y yo no me callo más. 

 

– ¿Esa liberación se la facilita, en parte, su trabajo?

– Gracias a este oficio saco a la luz cosas que están muy enterradas. Distintos personajes me han planteado preguntas muy gordas, y a través de la interpretación he sido capaz de encontrar respuestas y de decir muchas cosas.

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