twitter instagram facebook
Versión imprimir
28-06-2022

 #CulturaLGTBI

#DíaDelOrgulloLGTBI


‘Sábado en la playa’: la pieza que faltaba en el puzle del cine gay en España


Fue la única película del director Esteban Farré. De historia escueta e imágenes explícitas, se rodó en 1966 y estuvo condenada a la desaparición desde su estreno. Uno de sus protagonistas, Francisco Ruano, conservó la única copia 

 


 

ALEJANDRO MELERO (@AlejandrMelero)

(Artículo revisado. Publicación original: abril de 2018)

Estamos en la Costa Dorada. En la España de 1966. En la orilla se ven algunos turistas, muy pocos; casi nadie en comparación con lo que estaba por venir en los siguientes años. Hay algunos edificios, pero como ocurre con los turistas, son casi simbólicos si pensamos en el paisaje que iba a dejar en nuestras costas la sucesión de un boominmobiliario tras otro. Los bañistas, con sus torsos desnudos, no son conscientes de que un hombre les observa en la distancia con prismáticos. Es un señor apuesto, siempre trajeado, al que da vida el actor Ramón Corroto. Su presencia se siente extraña por varios motivos: ¿por qué lleva ese traje que tanto calor da en pleno verano? ¿por qué no presta atención a las insinuaciones que le hace una muchacha explosiva?


El señor entra en un bar en el que bailan jovencitos. Lo irreverente de sus movimientos hace pensar que en aquella época se hubiese hablado de ellos como “malas compañías”. La letra de la canción no deja lugar a dudas: “Soy un chico de playa que se vende sin amor / al alcance de cualquiera como un güisqui o una flor”. Los siguientes planos muestran que ese chico, efectivamente, se dedica a la prostitución. La canción continúa hablando de la condena a la soledad que sufre ese muchacho y concluye: “A nadie importa mi nombre ni lo que pueda sentir / en el fondo me desprecian y yo debo sonreír”.


Son escenas de la película Sábado en la playa, que realizó Esteban Farré durante el verano de 1966 en su pueblo natal, Torredembarra (Tarragona). Para su debut tras la cámara contó con un reparto espectacular: Emilio Gutiérrez Caba, Vicente Parra, Pilar Velázquez y una Blanca de Silos de vuelta al celuloide tras ser una estrella en los años cuarenta. Por entonces encabezó cintas como Raza (José Luis Saenz de Heredia, 1942), recordada porque su guionista fue nada más y nada menos que el mismísimo Francisco Franco. De Esteban Farré se sabe poco. Su carrera se truncó por motivos que se desconocen. Sí constan trabajos suyos en la televisión de principios de los setenta e incursiones en la escena teatral de la Transición. Pero poco más.



Sábado en la playa es difícil de comprender por distintas razones. La primera es su carácter hermético, casi críptico, pero esto no extraña nada en el cine de la época. Incluso muchas películas de los grandes creadores de ese tiempo (Carlos Saura o Víctor Erice) se enmarcan dentro de esas oscuras maneras de contar tan habituales en un cine severamente perseguido y censurado. En un momento en el que la censura oficial y la propia autocensura determinaban los modelos de producción, muchos cineastas jóvenes entendieron que la mejor manera de contar su realidad era inventar un mundo nuevo, llenándolo de símbolos y enigmas, con la esperanza de que el público disfrutaría descifrando sus misterios. En Sábado en la playa la historia es mínima, quizá porque no había otra manera de que Farré contara su visión de la vida. Pero si el argumento es mínimo, las imágenes son máximas: jovencitos descamisados, gozosos de compartir su camaradería, sin avergonzarse en absoluto por alquilar sus cuerpos a mujeres mayores, despreocupados mientras se dejan observar por un señor.


Mayor dificultad entraña el hecho de preguntarse cómo Sábado en la playa pudo hacerse realidad. Una de las explicaciones es que pocas personas confiaban en la historia. Los informes de los censores muestran su perplejidad e incapacidad para entenderla, y también falta de confianza en que pudiera llegar a un público mayoritario. Los censores se fiaban a menudo de la bondad de los desconocidos, por eso llegaron a la siguiente conclusión: una obra que no iba a ver nadie no podía escandalizar.

'Diferente', la antecesora conocida

Sábado en la playa no fue la única cinta del franquismo con imágenes homoeróticas. Ahí está, por ejemplo, esa fantasía musical con el bailarín Alfredo Alaria titulada Diferente (Luis María Delgado, 1962). O ciertos filmes de cineastas homosexuales, como Juan de Orduña, Antonio Mas Guindal o Eloy de la Iglesia, este ya en los estertores de la dictadura. Pero Sábado en la playa tiene algo que no tienen las demás. Hay en ella una mirada triste, muy consciente, la de quien está atrapado en una red que no solo le impide ser libre, sino que le recuerda de forma constante su falta de libertad.


El largometraje de Farré careció de circulación. Después de un estreno precario se retiró de los circuitos de distribución. Ni siquiera tuvo el extraño honor de que la dieran por desaparecida (lo cual le ha venido muy bien a otras películas que rozan la categoría de mito al ser recuperadas). Sencillamente, de Sábado en la playa no se ha acordado nadie. Su director conservó una copia, y antes de morir, se la confió a uno de los protagonistas: el actor y cantante Francisco Ruano. Gracias a su testimonio hemos podido saber más sobre este eslabón perdido del cine gay en España. Según Ruano, “Farré quería ser valiente, pero se quedaba corto porque no se atrevía… o no podía”.


Aunque la producción no era espectacular, en el rodaje se respiraba entusiasmo entre un equipo mayoritariamente joven. El propio Ruano apenas tenía 20 años, pero antes trabajó con grandes nombres: en la infancia rodó junto a José Isbert y luego trabajó a las órdenes de directores como Pedro Lazaga o Rafael Gil. Francisco guarda buenos recuerdos de Emilio Gutiérrez Caba y los demás compañeros de reparto. También contaba alguna anécdota jugosa, como la de dos chicos argentinos que intervenían en el filme. Eran pareja y una noche provocaron un pequeño escándalo en el hotel donde se hospedaba el equipo.

Paco Ruano, en los años sesenta


Uno de sus recuerdos más interesantes no tenía que ver con el rodaje, sino con el reencuentro que tuvo con el director cuando ya se vivía en democracia. Feliz de reunirse con al actor de su única película, Farré le contó el proyecto de sus sueños: rodar otra vez Sábado en la playa para, ahora sí, disfrutar de las libertades de la España democrática. Su intención era usar las imágenes de la obra original para introducirlas a modo de flashback entre unas nuevas escenas que rodarían Ruano y Emilio Gutiérrez Caba. Los dos intérpretes estarían en una sauna gay y recordarían sus días en aquella playa en blanco y negro. Pero la original idea de Farré nunca se llevó a cabo. Quedó perdida en la fantasía de lo que pudo haber sido.



Ruano conserva fresco en la memoria el resto de su filmografía. Habla con la pasión de la cinta que hizo junto a Pili y Mili y Miguel Ríos. Y de otra donde trabajó con Joselito. Encadenaba un título con otro cuando una desgracia cambió el rumbo de su carrera: una enfermedad en el nervio óptico le fue causando una ceguera paulatina. Al menos no le impidió seguir en el mundo de la canción. En el rodaje de Sábado en la playa ya notó pérdida de visión, lo que dificultó algunas secuencias. Algunos en la profesión pensaban que era cuestión de despiste, hasta que al final dejaron de llamarle. Hoy se aprecia satisfacción en sus palabras cuando dice: “He luchado por atemperar mi problema con mi deseo de ser artista. Soy un hombre feliz, optimista, admirado de mí mismo después de lo que pasé”. 


La historia del cine español debe ser también la de sus joyas perdidas, hijas de dioses menores y silenciados por las injusticias del pasado.

Versión imprimir

Contenidos Relacionados