Tony Melero
“Cuando me subo al escenario me convierto en un superhombre”
De bebé se dormía en el carrito debajo de los escenarios donde brillaba su padre. A los ocho años tuvo claro que seguiría sus pasos. Tres décadas después, Tony Melero, hijo de Tony Antonio, es un ‘showman’ que hace humor e imitaciones, pero además trabaja como actor y dedica tiempo a la música
ARANCHA MORENO
FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA
Su abuelo fue ebanista. También lo fue su padre, el humorista Tony Antonio, hasta que decidió que las tablas estaban mejor bajo sus pies. Con este referente creció Tony Melero, que lleva más de 30 años sobre los escenarios. A este showman inclasificable le hemos visto en películas de Antonio Mercero o José Luis Garci. En la actualidad ofrece junto a su progenitor el espectáculo El humor más familiar, donde arrancan sonrisas gracias a su evidente complicidad.
– Dicen que fue usted el cómico más joven de España.
– Empecé a los ocho años haciendo series y humor. Lo primero fue el concurso de jóvenes talentos Veo Veo, de Teresa Rabal. Me gustaba imitar a personajes de la época: Cruz y Raya, Bartolo, Carmen Sevilla, Rocío Jurado, Carrascal… O imitar a mi padre cuando él imitaba a Colombo, porque yo ni siquiera sabía quién era Colombo. Me escogieron en el casting y de repente me vi en un escenario delante de 500 personas. Empecé a trabajar como actor en una serie de Canal Nou llamada Inquilinos y siempre he estado a caballo entre la actuación y el humor. La canción vino más tarde. Ahora no me identifico como el humorista más joven de España porque ya tengo 39. Me parece pretencioso y falso.
– Sus imitaciones le han brindado alegrías. Ganó un concurso en el programa El chiringuito de jugones imitando a Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Josep Pedrerol, Florentino Pérez… ¿Cuántos personajes tiene usted dentro?
– Hace años hice la recopilación de los que usaba y salían casi 70. Una imitación no tiene que ser muy fidedigna, pero tiene que recordar al personaje. Y ser graciosa. Si no, se cae.
– ¿Cuáles son sus favoritas?
– Las que no se han visto tanto. Entre ellas está la de Fernando Tejero en su personaje de La que se avecina. También me gusta la de Rafa Nadal. Se ha retirado, lo cual me duele como fan del tenis y como imitador, pero la sigo usando.
– ¿Es más agradable imitar a personalidades muy queridas?
– Sí. Ahora, por ejemplo, imito al actor Jesús Vidal, de la película Campeones. Y la gente reacciona en positivo.
– Tiene el título de Realización de Proyectos Audiovisuales y Espectáculos.
– Nos formábamos en guion, cámara, realización, montaje… Me aportó mucho. Creo que soy un buen director de actores y sé hacer sólido un guion. Eso es gracias a lo que estudié.
– Ha actuado bajo la dirección de Antonio Mercero en los largometrajes La hora de los valientes (1997) y Planta 4ª (2003); de José Luis Garci en Tiovivo c. 1950 (2004) y de Alfredo Carrasco en La ley del embudo (2021). ¿Qué tal su experiencia cinematográfica?
– La hora de los valientes fue mi primera peli. Tendría nueve o diez años. También conservo un recuerdo muy bonito de Tiovivo. No sabía que Garci me haría el casting en la fase final. Fue una experiencia brutal. Luego, en el rodaje, paró una secuencia para felicitarme. Se portó muy bien conmigo. He participado en muchos filmes, también en Ekipo Ja (Juan Antonio Muñoz, 2007). Me encanta el cine, disfruto en el set. Alucino con la cantidad de trabajo que dan 20 segundos de escena.
– Habiéndose estrenado usted ante el público de forma precoz y multitudinaria, ¿ha conocido alguna vez el miedo escénico?
– Sí. Aunque por entonces yo era tan pequeño que era inconsciente. Luego lo veo con perspectiva y pienso: “¡Qué valor!”. Mi proceso ha sido muy natural. Con 10 años ya sabía cómo enfrentarme a una cámara. Tengo miedo escénico, pero intento disfrutar todo lo que puedo.
– ¿Y lo consigue?
– Sí. Estar en un escenario con un micrófono te da un poder intangible. Ahí arriba captas gestos que, cuando has pisado mucho las tablas, te dan información: si el espectáculo está gustando, si se está haciendo pesado… Es psicología pura. Aunque soy muy vergonzoso, en el momento en que me subo a un escenario me convierto en un superhombre, me veo capaz de solucionar cualquier problema, una capacidad que no tengo en mi día a día.
– Showman, humorista, actor, cantante... Muchas profesiones reunidas en una misma persona.
– Showman me representa más que humorista. Estar en una oficina de lunes a viernes no es lo mío. A mí me gusta la variedad: hago humor, imito, canto, actúo… Intento hacer drama y comedia a partes iguales. Cuanta más variedad, más posibilidades de seguir trabajando. La gente dice que no sabe lo que soy, y yo pienso que no hay por qué catalogarlo. La cuestión es que se lo pasen bien.
– Usted no es carne de oficina. ¿Cómo lleva la incertidumbre de no saber cuándo ni dónde va a trabajar?
– Esa incertidumbre es también una parte bonita de la profesión porque se disfruta más cuando viene lo bueno. He trabajado como monitor de fútbol sala para niños, como monitor de baloncesto sin haber practicado ese deporte en mi vida, he dado desayunos en un cole en Vallecas durante la pandemia… Pero he elegido este oficio y seguiré eligiendo esta incertidumbre.
– Todas esas vidas paralelas proporcionan herramientas.
– De todas las experiencias te llevas algo. Al acabar la etapa de los desayunos en un colegio, muchos padres me dieron las gracias. Recuerdo que alguien me dijo: “Mi niño está loco contigo porque le has enseñado a jugar al ajedrez”. [Se queda en silencio. Le brillan los ojos]. Me emociono, aquella época fue muy bonita.
– Provocar la risa también le reportará cariño.
– Te dicen cosas preciosas. Trabajé en un crucero y una señora me confesó, con lágrimas en los ojos: “Mi marido murió hace siete u ocho años y llevaba este tiempo sin reírme”. Solo por eso ya merece la pena mi profesión. Es una recompensa total. Eso sí, también me gusta cobrar [sonríe].
– Suele decirse que hacer drama es más sencillo que hacer comedia.
– Estoy de acuerdo. Yo soy muy blandito, me emociono incluso con un talent show. Y el humor es muy subjetivo, muy personal. ¿Un ejemplo? El humor de mi madre es muy suyo y cuesta muchísimo hacerle reír.
– Es evidente que no todos nos reímos con las mismas cosas.
– Así es. Ahora se lleva eso de meterse mucho con el público. Muchas veces me parece agresivo. Es cuestión de gustos. Yo soy de humor absurdo.
– ¿Existen líneas rojas en el humor?
– Sí. Es dificilísimo ubicarlas y no soy quién para hacerlo. Yo me pongo las mías. No me gustan los chistes sobre discapacidades, por ejemplo. Hay temas que evito porque, aunque quieras tratarlos con respeto, pueden dar pie a malentendidos. Cuanto más hablas, más posibilidades de meter la pata.
– El humor ha cambiado en los últimos 40 años.
– Sí. Y está bien. Aunque hay que contextualizar. Cuando yo me subo a un escenario me represento a mí mismo. En cambio, en una ficción el personaje no es real, no existe. Ponerle límites a eso no me parece bien. Como tampoco me gusta que se vete la canción Devuélveme a mi chica, de Hombres G. En su momento, parece que nadie se sintió ofendido. Las cosas envejecen mejor o peor, pero contextualicémoslas.
– Luis Piedrahita define el humor como un arma de construcción masiva. ¿Y usted?
– Es un arma poderosísima para decir cosas que no se pueden decir de otra manera. Lo considero algo muy necesario en la vida, en la sociedad, los hogares, los trabajos. Siempre ayuda.
– José Mota mantiene que el humor nos hace más libres.
– Totalmente. Y él lo utiliza como arma de forma muy inteligente. Pega a quien considera con su hacha de humor y su espada de risa. Encarné a Puigdemont en su programa especial de Nochevieja, se lo agradecí mucho.
– Es usted hijo de Tony Antonio, uno de los mejores humoristas de nuestro panorama. ¿Recuerda la primera vez que vio una actuación suya?
– Yo me dormía en el carrito de bebé debajo del escenario. Con cinco o seis años sí recuerdo verle en Florida Park delante de cientos de personas. Y cuando tenía 11 o 12 le vi dos veranos en el casino de Benidorm con el ballet de Norma Duval. Me dejaban quedarme en una esquina, lo veía entre bambalinas y me parecía pura magia. Él fue el primero en empujarme en esta profesión. Es mi apoyo. Ahora trabajamos en el espectáculo El humor más familiar y confiamos absolutamente el uno en el otro. Nuestra complicidad es difícil de conseguir, y la llevamos al extremo en esa guerra generacional que hay entre padres e hijos.
– ¿Cómo equilibran sus respectivos sentidos del humor?
– Los dos estamos bastante lejos del humor moderno. En lo fundamental nos parecemos bastante. En el espectáculo cantamos, imitamos, hacemos monólogos… Él introduce temas más políticos y yo me centro en deportes. Nos complementamos muy bien.
– ¿Para hacer reír hay que buscar lo inesperado?
– La mejor improvisación es la que está preparada, necesitas tener un guion inicial. No obstante, el factor sorpresa es clave en el humor.
– ¿Un día sin reír es un día perdido?
– Esa frase es de Groucho Marx. Me encanta. Aunque no rías, al menos sonríe.
– ¿Cómo marcha su andadura en la música?
– He grabado dos discos. El último se titula Desde la piel e incluye versiones de Vanesa Martín, Alejandro Sanz, Manuel Carrasco… y una composición mía. Los vendo en mis actuaciones, en las que imito a Bisbal, Bustamante, Conchita… La canción y el humor casan muy bien.
– Forma parte de la Asociación del Humorismo Español (ASHUMES). ¿Cuál es su cometido?
– Unir a artistas y potenciar el humor. Mi padre es el ideólogo, fundador y presidente. Yo, su meñique derecho.
– ¿El de los humoristas es un gremio bien avenido?
– Va por rachas. Y depende de los círculos. A mi padre le dicen mucho eso de “los clásicos”. Según mi percepción, es como decir “los viejos”. Y no me gusta; yo hago humor clásico. Veo que hay como un clan en torno al monólogo. Y cuando existe un clan tan claro, se genera bullying hacia el resto del colectivo. Al final todos nos dedicamos a lo mismo.
– ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan hoy los cómicos?
– Pagar la hipoteca [ríe]. Una vez llevamos la recaudación solidaria de ASHUMES y nos recibió la reina Sofía. Cuando ella le preguntó a Félix ‘el Gato’ cómo le iban las cosas, a él se le ocurrió contestar: “Bueno, majestad, si no como, cubro gastos”. Es un gran reto comer y pagar la letra a final de mes. Mi pretensión es ganarme el pan con lo que me gusta hacer. Y que, cuando me vaya, la gente diga: “Qué buen chaval era”. Y que el Madrid gane la Champions [risas].




