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#VozEnOn


 

 El Bola

   

MIGUEL ÁNGEL OESTE

     

           

Ilustración: Luis Frutos

 

Uno. El próximo octubre se cumplen 25 años del estreno de El Bola, el primer largometraje dirigido por Achero Mañas. Una película que se ganó al público por la profunda honestidad que transmite. Una de esas películas de gran calado social y humano que logran alcanzar una dimensión universal.

 

Dos. Desde pequeño, Mañas había respirado cine, teatro y literatura, por lo que su pasión por las ficciones se refleja ya en sus años de infancia. Empezó como actor, pero, como toda persona con inquietudes, deseaba ponerse tras el objetivo de la cámara para contar lo que él había vivido en Carabanchel. Así, antes de El Bola ya había dirigido tres estupendos cortometrajes (Metro, Cazadores y Paraísos artificiales) en los cuales retrata distintos problemas de los jóvenes.

 

Tres. Esa intensa verosimilitud, física y emocional, que se desprendía de sus trabajos anteriores alcanza su máxima expresión en su ópera prima. Desde lo que conoce, Achero Mañas construye una ficción sincera que nos sigue interpelando. Una película que sabe mostrar sin artificios el infierno de un niño de 12 años. El Bola impacta por su ritmo y tono medido y trepidante al mismo tiempo, creando un crescendo dramático que atrapa al espectador.

 

Cuatro. Tantos años después, la película sigue vigente. Su relevancia no ha perdido valor. Es un retrato duro de la violencia doméstica, de los niños maltratados. Una historia que el director nos acerca para que miremos con más atención esta sociedad, para que no pasemos por ella de puntillas o sin ser parte activa. Achero Mañas rueda con naturalidad, con una puesta en escena transparente, característica que también poseen el magnífico elenco de actores. Consigue tal proximidad y verismo que, al revisarla, resulta inevitable sobrecogerse, especialmente con la escena final, justo cuando el cineasta sostiene el plano de Juan José Ballesta y el joven intérprete, como si recibiera un regalo, sostiene la intensidad del momento. Es un plano preciso que escarba más allá.

 

Cinco. He regresado a El Bola después de ver la serie británica Adolescencia, donde el centro es otro niño de 13 años. Me resulta sorprendente (y admirable) cómo Juan José Ballesta y Owen Cooper componen una creación tan realista, tan cercana, tan fascinante e inolvidable. No es sencillo hacer lo que hacen ninguno de los dos. Es una cosa compleja que requiere una energía y un talento determinados. Con seguridad, tanto con El Bola como con Adolescencia muchos preadolescentes se verán reflejados o se sentirán instados por alguna situación, sentimiento o emoción; sin olvidar el retrato que ofrecen de madres y padres, que reconocerán en ellas su sombra, sus cargas y sus propias contradicciones. Muchos padres agacharán la cabeza o mirarán de soslayo las impactantes imágenes orquestadas por Achero Mañas, pues harán aflorar en ellos los fantasmas que los poseen, algo que también comparte la serie británica.

 

Seis. El poder hipnótico que posee la película de Mañas y la serie de Stephen Graham y Jack Thorne (más allá de sus virtuosos planos secuencia) te dejan literalmente pegado a la pérdida social en la que se encuentran los jóvenes que retratan. Quizás sean eso, una carta o reflexión sobre la pérdida de la inocencia, una película y una serie universales que ponen sobre la mesa temas que importan, abordados con una honestidad que parece olvidada en las esferas públicas. Les invito a recuperar la película de Achero Mañas, a quien esperamos pronto con un nuevo proyecto cinematográfico que lleva tiempo preparando.

 

           

           

                                                                                                    
                            
                        

                  
                  

Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ha reeditado recientemente en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011),  Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas   (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del  Festival  de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.                        

       

       
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