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#VozEnOn


 

 El efecto TikTok

   

MIGUEL ÁNGEL OESTE

     

           

Ilustración: Luis Frutos

 

Uno. No sé con certeza si los vídeos cortos que se ven en TikTok sobre cine (o sobre cualquier otro tema) afectan directamente a la narrativa cinematográfica. Sin embargo, lo que queda claro es el impacto que tienen estos contenidos en las preferencias y recomendaciones entre los jóvenes (y no tan jóvenes). En este fenómeno poco influye la calidad artística o narrativa de la película, libro, disco, cómic o cualquier tema del que se hable. TikTok parece que ha transformado la forma de consumir contenidos, y en una sociedad cada vez más polarizada e instantánea, viraliza ciertas series y películas, creando tendencias capaces de condicionar un éxito comercial que muchas veces ignora los valores artísticos.

 

Dos. Por lo visto, determinadas series y películas deben parte de su conquista al efecto TikTok por medio de estos vídeos cortos que tienden a repetirse como si el público lo necesitara para entrar en ellos o generar empatía o un campo de recreo. Por eso no es extraño que ese terreno desconocido llamado marketing trate de innovar estrategias para amplificar el mercado. Y es que el consumo parece ser el objetivo principal. ¿De verdad se innova en la narrativa, en el formato y en la originalidad?

 

Tres. Lanzo la pregunta porque en realidad no tengo una respuesta definida. De mi corta exploración por la aplicación, la tendencia se repite como un bucle infernal del que no se sale ileso. Además, tiene un poder anestesiante extraño. ¿Y si después de mucho tiempo uno ya no sale de ese bucle? Da como mínimo para un relato de terror, que casi seguro ya estará escrito.

 

Cuarto. El efecto o fenómeno TikTok (¿quizás en general de las redes sociales?) configura una relación con el tiempo muy diferente. Es decir, nuestra percepción del mismo se modifica por completo. A través de vídeos cortos, normalmente rapidísimos, fragmentados, directos e instantáneos, el tono y ritmo, la hondura o la construcción de la historia y los personajes de una película se ven afectados, porque la costumbre de ese efecto no es la misma que la de una narración que tiene mucho más que ver con la propia naturaleza humana.

 

Cinco. Es obvio que tiene un reflejo muy evidente: la atención y la percepción sobre el mundo contemporáneo cambia; por tanto, también se modifica nuestra manera de relacionarnos con los otros. El cine explora lo humano en sus múltiples capas y contradicciones por medio de narrativas que buscan conectar con el individuo y lo social. Pero tampoco puede negarse que el cine se ha adaptado a los contextos del momento, por lo que obtiene o no relevancia al insertarse en este lenguaje veloz y global que nace y muere cada día.


Seis. Quizás la búsqueda de la viralidad a toda costa tiende a replicar patrones en una tendencia que opta más por lo fugaz que por una originalidad más honda en el sentido humano, de comprensión, de volver a reconectar con la condición humana. Quizás haya que buscar nuevas formas que conecten con los sentimientos y emociones que brotan en una sociedad cada vez más tensa que requiere más calma y menos velocidad, que debería mirar más dentro y menos fuera, en la que éxito y fracaso son discursos predefinidos de una misma moneda fabricada para un mercado sin corazón. ¿Qué estamos buscando en realidad? ¿Experiencias veloces y repetidas como TikTok que aspiran a un cambio en el mundo y en el hombre? ¿Y las experiencias cinematográficas que suelen ser bombardeadas por factores internos y externos? ¿Hacia dónde vamos? Tal vez todo sea tan sencillo como que TikTok responde a una necesidad del momento vital en el que estamos. Que no cambia nada. Que lo que ha cambiado ha sido la vida misma y, por extensión, nosotros. Por lo que el tema es más hondo si cabe y cada persona encontrará una respuesta.

 

           
           

           

                                                                                                    
                            
                        

                  
                  

Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ha reeditado recientemente en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011),  Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas   (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del  Festival  de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.                        

       

       
       

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