twitter instagram facebook
Versión imprimir

                 

#VozEnOn


 

 Cine y libros

   

MIGUEL ÁNGEL OESTE

     

Ilustración: Luis Frutos

 

Uno. El cine y la literatura son expresiones distintas pero complementarias. De hecho, el séptimo arte busca en las novelas, cuentos y cómics historias que llevar a la pantalla. Hacer de las palabras una vida diferente, una interpretación del aliento que cada lector imagina al leer. Y, hoy, 23 de abril, Día del Libro, es un momento estupendo para recorrer algunas adaptaciones y comentar el flujo constante de ida y vuelta que tienen el cine y la literatura. Porque el eterno debate de “¿libro o película?” es un debate estéril, ya que ambas experiencias son válidas y enriquecedoras.

 

Dos. El cine ha logrado trasladar la magia y el universo fantástico de series tan memorables como El señor de los anillos Harry Potter, así como hacer posible el sentido de la maravilla de los cómics de superhéroes. Pero aquí nos centramos en las adaptaciones de autores españoles. Desde clásicos como Tristana, de Luis Buñuel, adaptación de la novela de Benito Pérez Galdós, que protagonizaba una maravillosa Catherine Deneuve y está repleta de imágenes fascinantes. Además, tanto la lectura del libro de Galdós como el visionado de la película se fusionan de alguna manera, y no solo por el cambio que hace Buñuel del final, más inquietante si cabe del original. Otra adaptación que no se olvida de Galdós es El abuelo, con un impresionante Fernando Fernán Gómez. O la miniserie de Fortunata y Jacinta, con una inolvidable Ana Belén.

 

Tres. Por supuesto, no hay una intención de hacer un recorrido pormenorizado ni nada similar, solo señalar algunas adaptaciones que uno recuerda como exploraciones cinematográficas que se sumergen en lo literario para evocar nuevas emociones a través de la experiencia del cine. ¿Quién no se acuerda de ese campesino rodeado de violencia que interpretó José Luis Gómez en La familia de Pascual Duarte? La traslación que hizo Ricardo Franco de la novela de Camilo José Cela es precisa, seca, distante, y, por eso mismo, libro y película poseen vida y una fuerza personalísima. Fernando Lara comentó sobre ella: “la película posee una entidad particular, con características propias que la alejan de la simple adaptación de un texto preexistente para convertirse en una verdadera recreación”.

 

Cuatro. Otra novela que se llevó a la gran pantalla con éxito fue Los santos inocentes, de Miguel Delibes. La hizo Mario Camus y contó con actores tan soberbios como Alfredo Landa, Francisco Rabal o Juan Diego. Una película que se recuerda, más allá de la potencia de la historia, por las composiciones de los intérpretes, cargadas de matices y de un sentido trágico y humano. 

 

Cinco. Montxo Armendáriz adaptó Historias del Kronen, la novela de José Ángel Mañas que marcó a una generación de lectores: el retrato de una juventud cínica que se dejaba llevar y que tiene un hilo invisible con el de la juventud de cualquier generación. La potencia fílmica de Armendáriz sigue en vigor hoy en día, pues la película funciona en una doble dirección, como representación de aquellos tiempos que parecían únicos y como visión de futuro desilusionado y perdido. Y tanto la lectura como el visionado generan esa rabia de una juventud que son todas las juventudes, o lo que contienen en el fondo: búsqueda y tropiezos en su paso a la adultez.

 

Seis. Hay muchas más adaptaciones que funcionan en su camino de ida y vuelta entre las palabras y las imágenes, como Días contados, de Imanol Uribe, a partir del libro de Juan Madrid; Soldados de Salamina, de David Trueba, adaptación de la novela de Javier Cercas; o la reciente La casa, de Álex Montoya, que recrea las viñetas de Paco Roca en el cómic homónimo. De una u otra manera destacan, como todas las citadas, por la elasticidad de las interpretaciones del original y la búsqueda de nuevos recursos sin traicionar la esencia de las palabras, pero llevándoselas a la narración cinematográfica. O dicho de otra forma más simple: el libro y la película se complementan y alimentan para proporcionarnos experiencias únicas.


                  
                  

Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ha reeditado recientemente en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011),  Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas   (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del  Festival  de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.                        

       

              

Versión imprimir