#VozEnOn
Diego Luna, el astro sencillo
MIGUEL ÁNGEL OESTE
Uno. Hace unos días, la Semana de Cine de Melilla premió a Diego Luna, un actor que empezó su carrera a los ocho años para estar cerca de su padre. Más allá del galardón, lo que más me llamó la atención fue su cercanía, la curiosidad innata que mostró, junto a esa profunda sencillez de las personas verdaderamente grandes. No parecía estar allí para recibir honores, sino para compartir, escuchar y aprender.
Dos. La primera vez que recuerdo haberlo visto fue en Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001), una película que te arrollaba por las emociones de unas actuaciones que se pegaban a la memoria de los espectadores. Diego Luna tiene la capacidad de componer personajes repletos de emociones y contradicciones con naturalidad, de mostrar deseos, aspiraciones y frustraciones como si fueran capas de piel que se desprenden con facilidad, haciendo de cada papel una experiencia visceral.
Tres. Pero Diego Luna no solo atesora una deslumbrante carrera de fondo como actor, también como productor y director. Ha construido una trayectoria sólida y coherente, un actor que no olvida su identidad ni sus raíces, y gran parte de la memoria que forman la persona y el artista en el que se ha convertido. Un artista que desea ser desconocido y seguir explorando cómo ‘ser otro’: encarnar personas más que representar personajes. Y, sobre todo, me llamó la atención esa sencillez que derrochó a la hora de comunicarse, esas ganas de seguir creciendo y aprendiendo, ese compromiso con la vida y su profesión. Se expresa con humildad, pero también con la claridad de quien conoce su oficio y su propósito.
Cuatro. Ha trabajado con actores y actrices que seguro que conocen: desde Sean Penn a Tom Hanks, de Robert Duvall a Kevin Costner, de Salma Hayek a Penélope Cruz, de Gael García Bernal a Katy Perry… y muchos otros. Su versatilidad y talento le han permitido traspasar fronteras, y es que Diego Luna trabaja en México, España o Estados Unidos con fluidez, tanto en cine como en televisión, y siempre nos regala actuaciones inolvidables. Es un puente entre culturas, un intérprete que conecta con públicos diversos sin perder su esencia.
Cinco. Tal vez, Diego Luna es una casa para muchos espectadores que disfrutan con la vida que da a sus composiciones. Una casa en sentido figurado, pero también literal. Un refugio que nos refleja en el espejo emocional y sentimental a través de sus personajes. Un vínculo que consigue crear desde la sencillez, sin estridencias, sin artificios, solo con la importancia del cuerpo y el lenguaje, que es lo que nos define como personas. Sus gestos, su mirada, sus silencios... todo habla. Eso lo ha entendido Diego Luna. Un actor que es casa, refugio y luz. Un actor que entiende el cine y la vida como espacios para volver a ser más humanos en un mundo cada vez más deshumanizado.
Seis. Solo hay que ver series como Narcos, Andor o La máquina; o películas como la citada Y tu mamá también, Solo quiero caminar, Rudo y Cursi, Rogue One: Una historia de Star Wars… y tantas otras que muestran el modo de expresarse de este astro sencillo que conecta realidades y sensibilidades. Su carrera es una constelación de momentos honestos y conmovedores, que nos invitan a mirar el mundo con más empatía.
Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ha reeditado recientemente en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011), Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del Festival de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.