#VozEnOn
¿Generaciones?
MIGUEL ÁNGEL OESTE
Uno. Cada cierto tiempo se habla de nuevas generaciones en el mundo del cine y la literatura. Esta tendencia obedece a distintos factores: nuevos contextos y el deseo de los estudiosos por enmarcar a un grupo de autores nacidos en los mismos año, aunque esos autores tengan distintos estilos y sus búsquedas temáticas apenas se toquen, más allá de los dilemas morales propios de la época. Casi con seguridad, aplicar esto de "generación" tiene visos mercantiles, algo útil en esta sociedad hipervitaminizada por las redes sociales. A nadie se le escapa que los cineastas de la Nouvelle vague no dirigían de la misma manera. Cada cineasta tiene su estilo y su manera de representar el mundo.
Dos. Viene esto a colación porque en los últimos días he leído varios artículos que abordan el tema de la Generación Z, refiriéndose a cineastas nacidos entre mediados de los años 90 y principios de 2010. Autores que vienen a renovar un panorama cinematográfico conservador y poco dado al riesgo. Pero, ¿se puede hablar de generación porque presentan intereses comunes en sus narrativas o solo desde el punto de vista de la edad?
Tres. Pienso que los relevos son procesos naturales, pero hablar de generación en sí puede servir simplemente para aglutinar nombres por comodidad. Existen nuevas miradas e historias que se preocupan, como no podría ser de otro modo, por cuestiones contemporáneas. Sin embargo, ¿qué tiene que ver la narrativa de Las niñas, de Pilar Palomero, con la de Cerdita, de Carlota Pereda; o una serie como Skam con La Mesías?
Tal vez, lejos del estilo, en lo que sí conectan es en un intento de indagar en los matices y conflictos de su juventud, de profundizar desde nuevas perspectivas, al tiempo que hacen aflorar temas como la identidad sexual y de género, el tema del cuerpo desde ángulos actuales, la salud mental, la precariedad laboral, la falta de futuro, la soledad del mundo real frente a la soledad de la pantalla… y lo reflejan desde posturas que han experimentado, que no son representaciones, de ahí que no sean películas ni series condescendientes.
Cuatro. No sé si se trata tanto de lenguaje como de mostrar las conjunciones y contradicciones íntimas y vitales que se les plantean como sociedad e individuos a esta generación. Está claro que directoras como Elena Martín en Creatura o Estíbaliz Urresola en 20.000 especies de abejas han demostrado su fuerza expresiva y ambición al salirse de caminos ya más trillados a través de una sensibilidad propia que busca algo más personal, menos genérico. Pero también lo hacen cineastas como Alauda Ruiz de Azúa en Cinco lobitos o la miniserie Querer, y ella no corresponde a la Generación Z por edad.
Cinco. Las audiencias hace mucho que ya cambiaron. El audiovisual también. Lo que se le reclamaría al medio sería más ambición, más riesgo, menos conservadurismo, más frescura y menos ecuaciones mercantiles. Porque la mayoría de los proyectos siguen siendo poco arriesgados, y con independencia del nacimiento del cineasta, el riesgo está en su manera de mirar el mundo, siempre que productores y plataformas le dejen hacerlo, que le permitan poner la cámara para que estallen los numerosos dilemas morales que se nos plantean como sociedad y el desasosiego reinante que nos absorbe como personas.
Seis. Generación X, Generación Y, Generación Z: da lo mismo. Las preguntas que tendríamos que hacernos son si de verdad el cine actual es más audaz, más libre, más potente al margen de determinadas películas y de determinados directores y directoras que se empeñan en que sea de ese modo. Si en efecto tenemos un cine contemporáneo que avanza conociendo su pasado, que reinventa y es original, que no se conforma, que actúa más allá de la tendencia que rige la sociedad en su conjunto y que conocen a la perfección. Háganse esa pregunta. ¿Qué tipo de cine queremos?
Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ha reeditado recientemente en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011), Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del Festival de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.