#VozEnOn
‘Sirât’ y la perplejidad del mundo
MIGUEL ÁNGEL OESTE
Uno. Vivimos en un tiempo extraño que tiende a simplificar no solo el discurso, sino también lo estético. Un tiempo en el que apenas queda rastro de nada, en que la cultura y la educación, pilares de cualquier sociedad próspera y de conocimiento, parecen derruidas, maltratadas por soflamas incendiarias e impulsivas que muestran alergia a una voz razonada y medida. Y, sin embargo, en este panorama simplista, propagado a menudo por quienes deciden qué hacer y qué no, encontramos islas como la obra de Oliver Laxe. Un cineasta en búsqueda que nos invita a emprender ese camino para reflexionar sobre nosotros como sociedad y como personas únicas.
Dos. Tal vez sea la mínima cuota que se busca para prestigiarse en este mundo cada vez más distópico; algo que también se relaciona con la última película del cineasta en su cuestionamiento de la realidad y, sobre el papel de cada uno en la vida y, por tanto, en la muerte. Espejo y reflejo inevitables para este autor, que desafía este tiempo para afrontar una búsqueda que se torna desconcertante y modifica por completo el rumbo de la historia.
Tres. Más allá de su presencia en el Festival de Cannes, Sirât nos propone un viaje que transita por los géneros de aventuras y western moderno para alcanzar lo invisible y subterráneo de la condición humana. En la entrevista que Jara Yáñez le hace a Oliver Laxe para la revista Caimán, el director asevera: “La idea esencial era reflexionar sobre el modo en el que cualquier vida anónima, insustancial, como muchas de nuestras vidas, puede ser de pronto agitada, empujada al abismo, para provocar que nos preguntemos quiénes somos”.
Cuatro. En Sirât, el cineasta construye un misterio metafísico y existencial en forma de road movie. El obsesivo, a la par que fascinante, viaje por el desierto de un padre y un hijo que buscan a una hija desaparecida junto a una comunidad de raveros combina la belleza con lo oscuro a través de imágenes hipnóticas que conforma una atmósfera perturbadora que nos arrebata por lo espectral.
Cinco. Un periodo extraño. Un momento de crisis de quiénes somos. Una época de falta de lealtades. Un mundo lleno de matices y misterios. Todo esto es Sirât. Una narrativa fascinada donde el centro del relato, más allá de la desaparición, está representado por las leyes del tiempo que nos tragan como los monstruos del desierto de El retorno del Jedi.
Seis. Las sombras, el horror, la incertidumbre, se manifiesta en esta etapa a la luz del día. Las sombras a veces son más refugio que algo siniestro. Lo simbólico de Sirât radica dentro de un viaje interno y externo que lo conecta con muchas referencias cinematográficas: desde el cine de Clint Eastwood hasta el de Peter Weir; desde el de John Ford hasta el de Francis Ford Coppola, del cine de Andrei Tarkovsky al de Henri-Georges Clouzot… Todo ello para conformar una mirada personal, estética y existencialista sobre una sociedad que baila en el abismo, una sociedad que se abandona sin horizonte y en la que brotan los arrebatos irracionales.
Siete. Desde que el espectador acompaña al padre y al hijo en una rave portando la fotografía de la hija que se dejó ir, la película nos coloca en el centro del dilema, generando perturbaciones sobre las anomalías de un mundo que olvida que la búsqueda resulta inevitable, y que para ello la cultura nunca debería ser tratada como mercancía.
Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ha reeditado recientemente en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011), Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del Festival de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.