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#VozenOn / Cuarta temporada

 

 

 

Volver la vista atrás

 

 

 

MIGUEL ÁNGEL OESTE

     
       

       

Ilustración: LUIS FRUTOS

 

Uno. Por trabajo cada vez paso más tiempo viendo películas por estrenar, muchas de ellas aún sin terminar; copias de trabajo que exigen una mayor concentración, un mimo y un visionado muy atento. Con frecuencia los productores nos apuntan este hecho como si eso pudiera cambiar la valoración. Pero no es así, el ojo ya está más que entrenado después de más de treinta años. Y es que cuando el montaje es el definitivo, da lo mismo que el etalonaje de color no sea el final, que carezca de títulos de crédito o que le pongan música de referencia para indicarnos qué sentir y qué no. Acaso, a los responsables, les diría que la música de referencia no suele ser necesaria y, hasta en ocasiones, puede entorpecer la narración, como el uso excesivo de música extradiegética tan presente en el cine contemporáneo.

 

Dos. Como comentaba, paso mucho tiempo al frente de la pantalla para valorar películas. Películas que atesoran ilusiones y expectativas. Películas que asemejan un conjunto de equilibrio de emociones y experiencias compartidas que buscan el público. Pero ni todas las ganas, ni todo el talento, ni el dedicarle años de una vida garantizan esos espectadores tan esquivos en el mundo de hoy.

 

Tres. Decía que la mayor parte de las horas del día me dedico a ver nuevas producciones, películas que buscan visibilidad. Antes, en la juventud, con el deseo de ver y ver y estar todo el día visionando era una especie de Indiana Jones en busca de la película perdida. Una juventud en la que no era habitual que volviera a ver las películas que ya había visto. Lo consideraba un sacrilegio con todo lo que me quedaba por descubrir.

 

Cuatro. Durante décadas me afané en completar las filmografías de cientos de cineastas que me fascinaban, desde Luis Buñuel a Max Ophüls, de José Antonio Nieves Conde a Roberto Rossellini, de John Ford a Fritz Lang… y así sin descanso, buscando esa cinta inencontrable que parecía escondida en su carrera. Era un tiempo diferente, en el que buscar se convertía en una acción estimulante.

 

Cinco. Con los años, es curioso, una de las cosas que más deseo es regresar a aquellas historias que ya visioné. Lo hago, claro, con otra perspectiva, más sosegado. Cada vez que puedo vuelvo a ver aquella película que vi y que me emocionó por alguna razón y, normalmente, la emoción se multiplica. Y es que las películas cambian como lo hacemos nosotros. Lo que nos permeó la primera vez con el tiempo nos alcanza de otra manera.


Seis. Me suelen preguntar por series y películas recientes. A veces si no las he tenido que ver por trabajo las empiezo a dejar en un desván de pendientes. Seguro que las veré, pero ese tiempo lo dedico a rebuscar en mi memoria los apuntes de aquella historia o aquellos personajes con los que me relacioné en mi juventud para comprobar cómo he cambiado o cómo han cambiado.

 

Siete. He pensado que quizás se deba a un rechazo de este modelo de vida tan urgente y consumista. O quizás es una nueva alergia que se extiende por el planeta. Me cuenta mi alergólogo que están apareciendo muchas nuevas alergias que antes no existían. Si esta es una nueva y soy el primero en padecerla la llamaré alergia Oeste. Se dice que a las alergias y a las enfermedades se les pone el nombre o apellido del descubridor de quien las padece. Será una alergia que aspire el polvo de un buen western, el género más cinematográfico. Lo he meditado cuando un amigo me pidió que le recomendará una película actual y a mí solo me salían títulos como El mundo sigue, Cuentos de Tokio, Un extraño en mi vida…

 

Ocho. Así que debe tratarse de una alergia. Ya saben el nombre que le daré.

 


Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ejerce como columnista semanal todos los miércoles en aisge.es desde septiembre de 2022. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011),  Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo  (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). Su obra más reciente, Perro negro (2024), es la versión revisada de Far Leys (2014), la novela que escribió en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. En la literatura infantil y  juvenil ha incursionado con Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas    (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del   Festival  de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla

           

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