#VozenOn / Cuarta temporada
Pau Esteve sabe mirar
MIGUEL ÁNGEL OESTE
Uno. “Si pienso en Pau pienso en un aliado, en un amigo. Pienso en alguien que hará lo imposible por tratar de lograr el cuadro o el plano que hayamos proyectado de antemano o que se nos haya ocurrido en ese instante. Pienso en alguien que va persiguiendo una idea o una secuencia, o un gesto y no para hasta que lo tenemos hecho, atrapado en el disco duro. Y pienso en alguien resolutivo, pero sobre todo muy generoso”. Así me empieza a hablar el cineasta Alberto Rodríguez sobre Pau Esteve Birba, director de fotografía con el que ha trabajado varias veces: en la reciente Los Tigres, gracias a la que se alzó en el último Festival de San Sebastián con el Premio del Jurado a la Mejor Fotografía, y en una serie tan poderosa e inolvidable como La peste, donde la iluminación natural era una de sus señas estilísticas. La sintonía entre Alberto Rodríguez y Pau Esteve es total, como lo ha sido con otros directores con los que ha trabajado este director de fotografía, desde Manolo Martín Cuenca a Jaime Rosales, Rodrigo Cortés, Violeta Salama o Pedro Almodóvar, por citar solo unos pocos.
Dos. Si alguien cita Ciudadano Kane, una de las películas fundamentales en la Historia del Cine por muchos motivos, seguro que sabe que su director es Orson Welles, pero pocos recordarán que el director de fotografía fue Gregg Toland, quien otorgó matices y contrastes inolvidables a la historia. Y es que tal vez el público no suela conocer los directores de fotografía, pero los cineastas sí los conocen, o sí conocen a los buenos. Hace unos años entrevisté a Esteve Birba y con humildad me confesó: “Para mí lo más importante es que no se note la luz, que parezca que la película no está iluminada, como si no hubiéramos puesto ningún foco, como si no hubiéramos hecho nada, aunque me haya pasado horas iluminando.”
Tres. Antes de ser director de fotografía, Pau Esteve fue auxiliar, foquista o meritorio, y eso se nota mucho en su modo de trabajar. “Entiende toda la mecánica del equipo y es una persona muy respetuosa”, afirma la directora Violeta Salama, con la que ha trabajado en Alegría y la aún por estrenar Auri. Salama también señala que Pau "nunca intenta que la fotografía destaque sobre la película, por lo que él intenta adaptarse siempre al director y a la historia y no al revés. Es un regalo, alguien que intenta traducir tu visión de la película.”
Cuatro. Otro rasgo que lo define es que afronta con entusiasmo los retos para conseguir una película mejor. En Caníbal, Manuel Martín Cuenca retrató con la ayuda de un espléndido Antonio de la Torre y de la soberbia fotografía de Pau Esteve la monotonía de un psicópata que es un ciudadano digno y respetado. Era una historia inquietante, fría, que revela mucho del comportamiento humano y que se sustenta en una puesta en escena muy cuidada, con la que Esteve Birba ganó el Goya. “Cuando conocí a Pau antes de decidir quién haría la foto de Caníbal me encontré a una persona sabia y humilde, que estaba dispuesta a dejarse llevar y a contribuir en la película dando lo mejor de sí. Me entendí con él desde el primer minuto hasta el último. El rodaje fue como la seda. Repetí con él en El autor. Es un gran fotógrafo y fantástica persona”, me revela Martín Cuenca.
Cinco. Cuando Pau Esteve está preparando una película está en una constante búsqueda de referentes (fotógrafos, pinturas, películas, libros…) para crear algo propio y único, una forma de mirar que no se note pero que se perciba como un sistema orgánico con el fluir narrativo. Cuando le pregunté cuál era su gramática de la luz, me dijo: “Luz realista, muy suave, no me gusta nada la luz dura, que envuelva lo que vemos”.
Seis. Meticuloso, trabajador, respetuoso, callado, trabaja muy bien en equipo, en armonía, luchando por hacer siempre la mejor película posible. Alberto Rodríguez, uno de los cineastas más grandes y también más humildes de esta misteriosa industria del cine español, pone el acento en ello: “Su trabajo es importante, lo cuida todo al milímetro, pero siempre pensando en la película. Lo importante no somos nosotros sino la historia. Eso no tiene precio porque yo trabajo como él, como todos, para la historia. Los retos le sientan bien: de momento llevamos unos cuantos juntos y espero que sean unos cuantos más. Me alegré mucho del premio en Donosti, ha hecho posible tantas cosas nuevas y casi imposibles en esta película que me parece muy merecido. Recuerdo que durante el rodaje cada noche nos íbamos a la cama después de interminables reuniones sobre lo que teníamos que rodar al día siguiente. Nos despedíamos siempre entre la incertidumbre de los elementos y la seguridad de la aventura sin tener ni idea de qué nos iba a pasar diciendo 'A ver cómo nos va mañana', y cada uno marchaba a pelearse contra el sueño y las dudas. El mar tiene estas cosas, es cruel e implacable. Al final, Los Tigres es lo que hemos traído, yo creo que ha sido benévolo con nosotros. Buena parte de culpa de esta película la tiene Pau. No puedo estar más que agradecido por ello. Sé que ya lo sabe”. Y los espectadores que vean Los Tigres (o cualquiera de las películas en las que ha trabajado) lo comprobarán por sí mismos. Y es que Pau Esteve sabe mirar de un modo invisible, sabe hacer hablar los espacios y los personajes con esa sencillez de las cosas que de verdad merecen la pena.
Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) ejerce como columnista semanal todos los miércoles en aisge.es desde septiembre de 2022. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011), Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). Su obra más reciente, Perro negro (2024), es la versión revisada de Far Leys (2014), la novela que escribió en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. En la literatura infantil y juvenil ha incursionado con Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del Festival de Málaga y dirige la Semana de Cine de Melilla