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#VozEnOn


 

 Canciones y películas

   

MIGUEL ÁNGEL OESTE

     

            

Ilustración: Luis Frutos

 

Uno. Tal vez el principio del universo fue un canción instrumental. El Big Bang como unos acordes creativos. La música tiene ese efecto. Se mete dentro y ya no hay manera de sacarla y nos acompaña para siempre. Hace brotar fantasías de cualquier tipo. Las canciones están en nuestra vida desde el inicio. Las canciones que cantan los padres a sus hijos para dormir o entretenerlos; o incluso antes, en el útero, mecidos y cómodos en el líquido amniótico. Las canciones que se asocian al primer beso, a esa chica que es un planeta; las canciones que nos zarandean para animarnos a seguir, a saltar los obstáculos; las canciones que leen quiénes somos y quiénes son; las canciones como recuerdos, que pueden incluso definir las emociones de los acontecimientos relevantes de la vida.

 

Dos. Y sí, las canciones como manera de recordar las películas. Desde himnos juveniles como el Aquarius, de Galt MacDermot, en Hair (Milos Forman, 1979), a la íntima versión que Audrey Hepburn interpreta de Moon river, de Johnny Mercer y Henry Mancini, en Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961); a otros muchos clásicos que resuenan al instante, canciones amigas tan fáciles de reconocer y de levantarte el ánimo y emocionarte como Singing in the rain, que interpreta Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952), o Stand by me, de Ben E. King, en Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986). Hay muchas. Pero nunca suficientes. Estas son algunas de las que he recordado porque forman parte de esa juventud que salta como el tema de Tequila.

 

Tres. Aunque este espacio se dedica al cine español y latinoamericano. Y claro que tenemos canciones para recordar. Grandes canciones de músicos y cantantes contemporáneos y de otras épocas que suenan nítidos, con fuerza, inolvidables. Desde la composición de Augusto Algueró Estando contigo, que cantó Aurora Bautista en Eurovisión en 1961 y que Marisol popularizó en Ha llegado un ángel (Luis Lucía, 1961); como otros temas musicales que la artista hizo cantar a toda España, como Tómbola o Corre, corre, caballito. Otra actriz y cantante eterna es Ana Belén. Quién no recuerda las canciones de Zampo y yo (Luis Lucía, 1966). O las canciones de Sara Montiel en El último cuplé (Juan de Orduña, 1957), entre las que destaca el Fumando espero. Y, por supuesto, también los himnos emblemáticos de Raphael, como Mi gran noche (en Digan lo que digan, de Mario Camus, 1968) o Yo soy aquel y El golfo, de sus películas homónimas.

 

Cuatro. El cancionero patrio está repleto de letras que entran en nuestra memoria y ya no salen. También de escenas que atrapan películas, como aquella en la que Antonio Banderas, Victoria Abril y Loles León cantan Resistiré, de El Dúo Dinámico, en Átame (Pedro Almodóvar, 1990). O el Apatrullando la ciudad, de El Fary, en el primer Torrente (Santiago Segura, 1998), un ejercicio popular y cañí que explotó en la época.

 

Cinco. Podríamos estar así todo el día. Recordando canciones que nos llevan a películas y a momentos determinados de la vida. Canciones que nos erizan el pelo, como la voz de Estrella Morente en Volver (Pedro Almodóvar, 2006); la fuerza de Leiva en La llamada (Javier Calvo y Javier Ambrossi, 2017); el arrastre de la canción de Manu Chao Me llaman calle para Princesas (Fernando León de Aranoa, 2005); o el Niño sin miedo de India Martínez para El niño (Daniel Monzón, 2014). Temas que definen historias, que le dan valor y que nos llevan a esos ámbitos de una vida para recordar.

           

           

                                           

                            
                        

                  
                  

Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) acaba de reeditar en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011),  Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas   (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del  Festival  de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.                         

     
     

        
       

            

       

       

       

            

            

       

       

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