twitter instagram facebook
Versión imprimir

            

                  

#VozEnOn


 

 Pablo Berger, un cineasta insólito

   

MIGUEL ÁNGEL OESTE

     

            

Ilustración: Luis Frutos

Uno. Hasta hace unas semanas no vi Robot Dreams, basada en la novela gráfica de Sara Varon. Una película espléndida, como todas las de Pablo Berger, un director insólito incapaz de repetirse. Una película honda y emotiva que conecta con niños y adultos, que los coloca en el mismo espejo. La historia de un perro y un robot. Uno que se mueve y otro al que solo le queda soñar. Un triunfo de la amistad y la imaginación. De ahí que después de ver esta maravilla me pusiera a pensar en el cine de Pablo Berger.

 

Dos. A lo largo de su escasa pero cuidadosa filmografía, Pablo Berger ha demostrado que es capaz de fijar poderosas imágenes en nuestra retina y que lo suyo es la exploración incesante de las  formas y los límites de un cine que, al igual que las demás expresiones artísticas, se fragua solo derrumbando esos límites. Algo de esto ya se puede vislumbrar en su cortometraje, Mamá (1988). Y es que con solo cuatro películas (Torremolinos 73, Blancanieves, Abracadabra y Robot Dreams), el cineasta es por derecho propio un autor único que siempre nos sorprende.

 

Tres. La actitud ante el cine y su propia cinematografía desafía los ritmos despiadados de la industria y la vida; o dicho de otro modo,  es incompatible con algunas formas de crear y vivir. Y esto es algo que se percibe en sus filmes. Si bien ha regalado películas espléndidas al público, también ha creado personajes imborrables para intérpretes consagrados como Maribel Verdú, José María Pou, Ángela Molina, Candela Peña, Javier Cámara... y a la vez ha descubierto a nuevos talentos, como la luminosa e inolvidable Carmen de su Blancanieves, Macarena García.

 

Cuatro. Desde su ópera prima, Torremolinos 73, a Pablo Berger le llovieron los premios y reconocimientos. Fue en el Festival de Málaga de 2003 donde la película cosechó los principales galardones, una circunstancia que ha sido común y norma con el resto de películas. Torremolinos 73 es un viaje insólito a las postrimerías del franquismo, una etapa de nuestra historia sobre la que enfoca su mirada extrañada, lúcida e irónica. Protagonizada por Candela Peña y Javier Cámara, que dan vida a Carmen y Alfredo, dispuestos a lo que sea por progresar; junto a Fernando Tejero y Juan Diego, ejemplifican a españoles que pasan de la mera supervivencia a hacer porno doméstico en un momento en el que España empieza a abrirse. Luego, diez años después, llegaría Blancanieves, levantada con convicción y tesón. Una película rodada en blanco y negro y sin diálogos que también, sí, resulta insólita.

 

Cinco. Ambos títulos tienen al séptimo arte en el centro, destilan amor al cine. El cine es tema y marco para sus películas, revelando que esta forma de expresión siempre da cuenta de su propia historia aun sin pretenderlo. Con Blancanieves, Berger vuelve a lograr múltiples premios, entre ellos nueve Goyas, incluido el de Mejor Película. Pero lo que nos interesa es que regresa de nuevo al sur para darle la vuelta a algunos estereotipos de lo español: Sevilla, años 20 del pasado siglo, imaginario torero, encaje negro y mantilla, con toda la carga del término y de la imagen, pero estilizado y sintetizado por esa mirada ajena y extrañada del cineasta. Una propuesta más osada, llena de riesgo, para la que es indiscutiblemente una de las películas señeras del cine español de los últimos años.

 

Seis. También el riesgo y la osadía están presentes, cómo no, en su siguiente película, Abracadabra. Otra propuesta original. Otra historia repleta de imaginación y análisis de nuestra sociedad bajo formas que parecen de fuera. Porque el cine de Pablo Berger se apoya en su potencia visual a través de un lenguaje rico que apuesta por la extrañeza. Un cineasta determinado a elaborar películas con muchas capas, un director que aspira a la humanidad, a la naturaleza esencial de la vida, algo que atestigua con nitidez su cine. Y su última película, Robot Dreams, es otra muestra de todo esto.

           

                                                                 

                            
                        

                  
                  

Licenciado en Historia y Comunicación, Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) acaba de reeditar en versión revisada Perro negro (antes, Far Leys, 2014), en torno a la figura del malogrado genio del folk británico Nick Drake. Es autor de las novelas Bobby Logan (Zut, 2011),  Arena (Tusquets Editores, 2020), que obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada en 2021, y Vengo de ese miedo (Tusquets Editores, 2022, premio Finestres de narrativa en 2023). También le asiste experiencia en el ámbito de la literatura infantil y juvenil con los títulos Carlota quiere leer (Anaya, 2020) y Sofía, la hormiga sin antenas   (Anaya, 2022). Forma parte del Comité de Dirección de cine del  Festival  de Málaga y es director de la Semana de Cine de Melilla.                         

     
     

        
       

            

       

       

       

            

            

       

       

       

Versión imprimir