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Resulta llamativo que la mayoría de las plataformas tengan pocos títulos clásicos en su catálogo, e incluso las televisiones generalistas cada vez programen menos cine clásico. La tendencia es buscar la novedad, como si mirar hacia atrás generara alergia. Menos mal que disponemos de FlixOlé para recuperar los clásicos del cine español. De los cuarenta sugiero recuperar la particularísima trilogía de Edgar Neville, que se cita menos de lo que debiese. En los cincuenta elegimos ‘Surcos’ (José Antonio Nieves Conde, 1951) y ‘El cebo’ (Ladislao Vajda, 1958). Y los sesenta están marcados por títulos que se pueden considerar obras maestras; no ya del cine español, más bien del cine. Si no, ¿qué me dicen de ‘Viridiana’, ‘El verdugo’ o ‘El mundo sigue’? Completemos: Erice, Borau, Chávarri, Zulueta, Trueba, Almodóvar, Aranda, Amenábar, De la Iglesia, Medem, Bollain o el tristemente desaparecido Villaronga.

A nadie extraña a principios de año que cada uno de nosotros escriba en su libreta mental los deseos a los que aspira durante los próximos meses. Desde comer mejor a tener continuidad a la hora de hacer deporte, desde programar viajes a aprender o mejorar el inglés, desde ser más comprensivo y no criticar a los demás a usar menos el teléfono móvil, desde reír más e intentar ver siempre el vaso medio lleno y no medio vacío, a aprender a decir que no. Y desde leer más libros o tebeos a ver más películas y series de televisión. Y en este sentido, se avecina un buen año de ficciones que nos facilitarán esa vida más calmada y conectar con el que somos. Aquí repasamos las principales: directoras, directores, productores tras la cámara... el debut como realizador de Mario Casas o el regreso esperadísimo de Víctor Erice.

¿Qué mejor que ver y comentar una película en familia, apretados en el sofá, palomitas y manta? Una película, claro, que retrate el ánimo navideño. Pero ese retrato ha cambiado su enfoque a lo largo de las décadas. En las cintas de Navidad predominan personajes con mala suerte, solitarios, soñadores, idealistas... Personajes buenos que se olvidaron que eran buenos y actúan como malos. La Navidad no siempre es dulce. Aunque el objetivo de la mayoría de las historias sea mostrar la parte sensible y buena del ser humano, después de un año con tantas historias oscuras o simplemente reales.    

Si terminan de cenar en familia y luego se ponen todos delante de la televisión y no saben qué ver, no se preocupen: en este texto encontrarán respuestas. Les hemos preguntado a actrices, actores, guionistas y directores qué película familiar recomendarían para estas fechas. Y aportamos las sugerencias de Marta Hazas, Violeta Salama, Javier Veiga, Javier Pereira, Xavi Puebla, Santi Amodeo, Eloy Azorín o Alfonso Bassave. En este artículo se detallan sus sugerencias y los argumentos que las sustentas. ¿Quién se apunta a un pase especial de alguna de estas pelis?

Esta semana me invitaron a dar una charla sobre cine a unos niños de cuarto de primaria. Tenemos tan interiorizado que una película o serie no se rueda en continuidad temporal que, cuando se lo dije a los chicos, estos se sorprendieron y empezaron a preguntar pero cómo es posible y hasta hubo más de uno que no se creyó lo que les decía. Les conté que cualquier escena, por sencilla que fuese, está repleta de detalles, y que la script es quien cuida de ellos, y que precisamente esos detalles otorgan verosimilitud a lo que se narra. Y, ya puestos, les dije que lo tuvieran presente en sus acciones, que en los pequeños detalles está gran parte de las alegrías de la vida. Aunque, para ser francos, la clase me miró como a un alienígena...

Durante la década de los sesenta y las siguientes, los críticos de cine tenían un prestigio que en el siglo XXI se ha perdido con la facilidad con que un refresco pierde el gas. Y, por extensión, la utilidad de la crítica y la percepción que los espectadores tienen de los críticos. ¿Por qué ha perdido fuerza la crítica? ¿En la actualidad sigue teniendo sentido? Sin duda, sí. Los críticos indagan sobre las posibilidades del lenguaje visual y escrito, buscan mediante la autocrítica y el análisis, asocian el cine con otras disciplinas artísticas, profundizan y se bifurcan en los caminos que exponen, con independencia de que se esté o no de acuerdo con ellos. Ejercer la crítica es jugar, mantener la capacidad de asombro, recuperar la inquietud de la vida por el descubrimiento cuando se es un niño desprejuiciado.

La literatura de Almudena Grandes está llena de amor por la vida. La condición humana no escapa a ellas. En sus novelas, reflejaba los deseos de hombres y mujeres con una mirada audaz, alejada de cualquier postura timorata, adelantándose siempre a unos tiempos algo grises.  Tal vez este sea uno de los motivos de que muchos de sus libros encontraran adaptaciones a la gran pantalla. Los cineastas encuentran en sus páginas esa vida fuera de los estereotipos que desean materializarse en imágenes que se queden grabadas en la tierra. Justo el lugar donde permanece y permanecerá Almudena Grandes, más allá de las novelas y de las adaptaciones que estén por llegar.

'¡García!', primero el tebeo y ahora la tele, es un 'thriller' satírico-político para deconstruir el relato de nuestro país desde la desmitificación. Que Eugenio Mira haya escogido como protagonistas a Veki Velilla y Francisco Ortiz, dos intérpretes poco conocidos para el gran público, ya indica una forma de hacer las cosas. Este hecho otorga frescura y favorece la empatía porque ambos se ajustan como un guante a sus personajes: la becaria periodista que busca su gran historia y el agente congelado. En ese agente García subyace la naturaleza trágica del personaje, fuera de su época y del mundo que conocía, más triste que triunfalista.

No hay mejor forma de recordar a un creador que regresar a su obra. De ahí que nada como ir a Filmin y ver su película póstuma, 'Lugares a los que nunca hemos ido', para descubrir y añorar a Roberto Pérez Toledo. Era una persona sin máscaras. Y eso no es demasiado frecuente. Hablaba con sinceridad y coherencia, la misma que volcaba en su filmografía. Lo suyo era mostrar la vulnerabilidad de cualquier vida y hacerlo con una mirada desnuda, sin añadidos. No hay conservantes en su cine. Apeló siempre a la búsqueda de los sueños que tiene cualquier persona, a los problemas de las relaciones humanas y a su profundo amor por la vida.

Tras su paso por San Sebastián coinciden en la cartelera dos películas que hablan de nuestro tiempo, de los miedos e incertidumbres que nos pueden llevar a la destrucción, pero también a la constatación de que el ser humano es su cuerpo y su deseo, y acaso no puede ni debe someterse a la violencia de patrones que socialmente se repiten. esas historias son Girasoles silvestres, de Jaime Rosales, y Un año, una noche, de Isaki Lacuesta, y en el corazón de cada uno de sus personajes sobresalen los miedos más universales que alberga cualquier persona. Esos miedos que no nos abandonan, pero que quizá es bueno identificar

Javier Pereira no ha parado de demostrar capacidad para componer personajes complejos, al límite, con veracidad y una humanidad sin imposturas muy difícil de lograr. Ahora ha sentido la pulsión de ponerse detrás de las cámaras y 'Suelta' se convierte en el primer cortometraje que dirige, pero parece que lleve toda la vida haciéndolo. El debut de Pereira explora y reproduce las reglas del género para llevarlas a otro lugar y, también, claro, para que nos replanteemos lo aprendido como individuos y como sociedad. Con elegancia y fuerza expresiva, la nueva mirada de Javier reformula el relato que hemos aprendido y debemos reescribir.

El estreno de Santo, la serie creada por el guionista Carlos López para Netflix, nos sirve de excusa para hablar de Raúl Arévalo. ¿Por qué es tan grande este hombre? Poque hace que cada espectador sitúe la mirada donde él quiere, y eso solo lo consiguen los actores con un talento dramático innato. De ahí su naturalidad y valor a la hora de estar y de ser. De ahí que escape a cualquier etiqueta. De ahí que su fuerza continua e invisible forme parte de un ritmo interno preciso y sólido compuesto por acordes bellos y también turbios. Porque refleja las hondas contradicciones humanas de unos personajes a los que transforma en seres de verdad.

El estreno de 'Modelo 77' nos sirve de excusa para hablar de uno de los artistas españoles que mejor sabe apropiarse de sus personajes y hacerlos crecer. No descubrimos nada si decimos que Javier Gutiérrez es uno de los intérpretes más solicitados y respetados de nuestro país en la actualidad. Sin embargo, este reconocimiento lo ha logrado después de años de batirse con colaboraciones y papeles secundarios. Después de años siendo un modelo de actor. Después de muchos años demostrando sin descanso y con voluntad de hierro ese talento que exuda, que hace creíble cualquier personaje.

 

'Tú no eres especial', la serie de Estíbaliz Burgaleta para Netflix, toma la adolescencia como esa etapa de retos y dudas, una especie de viaje emocional para cualquier chico o chica. Escanea ese periodo en el que todos aspiramos a ser eternos y especiales, y apuesta por la sencillez para transmitir lo complejo y el revoltijo de emociones que se da entre los personajes. Los encarnan Dèlia Brufau (Amaia, la protagonista), Óskar de la Fuente, Ainara Pérez, Jaime Wang o Gabriel Guevara, y todos estos jóvenes son puro desparpajo, atractivo y originalidad.

¿Te imaginas que una noche te acuestas viendo el penúltimo capítulo de 'Rapa' y al día siguiente te encuentras con que Movistar no funciona? Desconcertado, intentas acceder a Netflix, HBOMax, Amazon Prime Video, Filmin, Apple TV… y nada, ninguna plataforma funciona. ¡Es el fin del mundo!, gritarán unos, mientras que otros vocearán: ¡Es un nuevo mundo! Los suscriptores caen y eso provoca que las plataformas recorten en todos los sentidos y que su modelo de éxito con la pandemia se tambalee. Imaginemos que se vuelven a poner de moda los videoclubes como sucedió en los ochenta. Y, ya puestos, fantaseemos con que el público acude de nuevo en masa al cine a perderse de la realidad durante un par de horas.

Hablador, irónico, educado, Fernando Méndez-Leite no soporta las imposturas ni las mentiras y sabe que en cierto modo las mentiras de las películas son más verdaderas que las verdades de la vida. La Academia no podría haber encontrado un presidente más idóneo, un hombre tranquilo y conciliador en el casi siempre movido océano cinematográfico. Aún hoy es un niño grande que sigue prestando atención al maravilloso encanto de lo pequeño, incluso de lo banal; ese niño que sabe que el cine alienta un estado de ánimo en el que sentirse mejor y más puro y verdadero.

Dices Penélope y automáticamente tu interlocutor piensa en esta actriz enorme. ¿Cómo se mide la grandeza de un intérprete? Me dirán que por la calidad de sus interpretaciones. Pero también por su evolución, por su crecimiento, por no parecerse a nadie, por ser maleable e inconfundible a la vez, por ser carismática, por dominar cuantos más registros mejor y ser reconocida y apreciada por sus compañeros y compañeras. Penélope es la quintaesencia de la belleza de mujer real, cercana. Admirada por su talento pero también idolatrada, como una estrella del cine clásico. Es una funambulista que camina entre el mito inalcanzable y la más terrenal de las mujeres.

No hay expresión más popular que el cinematógrafo. No todo es Albert Serra ni Béla Tarr ni cine de arte y ensayo. Y una de las cosas más maravillosas que favorece el cine es precisamente ir con tus hijas o con amigos a disfrutar un par de horas, olvidar el ruido que hay en el exterior. Los 'Padre no hay más que uno' de Santiago Segura tienen el poder terapéutico de la risa, son agudas, afiladas en su observación del comportamiento humano, en las relaciones entre padres e hijos, en los comportamientos afectivos y sin estupideces de lo políticamente correcto. Segura e alguien al que deberías estar aplaudiendo desde hace mucho tiempo, porque lleva al público al cine y nos hace felices de compartir unas horas en familia, sin móviles ni interrupciones.