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14-01-2026


Yan Huang

"No culpo a nadie de que falten papeles para actores extranjeros"


Cruzó medio mundo por una beca y se quedó aquí por curiosidad. Formada en el mundo de los negocios, se dedicó a ello hasta que el sueño de la actuación propició un vuelco en su vida. Emprender camino como actriz la amigó con la austeridad, la osadía, la insistencia e incluso con la gestación de proyectos propios



FRANCISCO PASTOR

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

Cuando uno está buscando su sitio, el camino más pequeño puede llevar hasta él. La historia de Yan Huang es un cúmulo de intuiciones, curiosidades, coincidencias y consejos. Nació en Zhangjiagang (China), pero una beca para formarse como ejecutiva la trajo a España. Sin amigos, sin familia, sin nociones del idioma. Aquí ha pasado casi 20 de sus 46 años. Y también aquí dio el giro que la llevó desde los negocios a la actuación. El festival internacional FilmQuest (Utah, Estados Unidos) acaba de concederle el premio a la mejor actriz por el largometraje Buffet libre (Zoe Berriatúa, 2025), que ha ganado en ese certamen otros dos galardones. Gracias a esta película también ha descubierto lo que significa ser protagonista. Atrás quedan personajes puntuales en Cuéntame cómo pasóEl Continental o El pueblo. Y muchas obras teatrales, con las que Huang continúa haciendo giras. Aunque no solo de azares se nutre su relato: está la austeridad, vivir con pocos gastos, ahorrar durante años, llamar a muchas puertas y, cuando no han llegado oportunidades, sentarse a escribir piezas. Ese Imperio que ella coescribe y levanta va a pasar la primavera sobre las tablas del Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque, en Madrid.

 

- ¿Por qué eligió España? 

- Me dieron una beca para formarme en el Instituto de Empresa. Debía salir convertida en alta ejecutiva. Sobre todo, en el ámbito de la comunicación, ya que había estudiado Periodismo. Estábamos al principio de la globalización y veía el mundo como un lugar abierto. Vine para un año, pero me quedé con ganas de más. Cuando estudiaba no tenía tiempo para nada. Ni para socializar. Me pasaba el día en la escuela, en mi piso o en el metro, hacía cosas hasta las dos o las tres de la mañana. Las clases eran en inglés, así que ni aprendí español. Cultivé habilidades como la oratoria y lenguaje corporal. Si lo pienso ahora, tras haber trabajado como actriz, aquello me parece un chiste. Yo quería más, claro.



- ¿Cómo estableció contacto con el arte dramático?

- De casualidad. Viví en Almería unos cinco años. Estuve trabajando en una empresa familiar a la que ayudaba a cerrar tratos en el extranjero. En Almería los días pasaban de otra forma, estaba mucho más tranquila, tenía tiempo para mí. Decidí montar un grupo y empecé a cantar. Salí de ese camino que todos tenemos tan marcado de antemano. De vuelta en Madrid, leí en un grupo de WhatsApp que el Centro Dramático Nacional buscaba actores chinos para la obra Un idioma propio. Y allí que fui


- ¿Sin formación en teatro?

- ¡Nada! Habría unas 40 personas en la prueba, que duró unas cinco horas. Nos planteaban juegos, aunque me aprendí parte del texto. Un libreto difícil, con un lenguaje sofisticado. Yo creía que se me estaba dando bien. Pero no me cogieron. Llamé al director poco después para que me contara el porqué. ¡Ahora no sería tan osada! Él me dijo la verdad: que se me notaba la falta de formación. Y agregó que se me podría dar bien si aprendía un par de cosas. Eso era justo lo que necesitaba escuchar. Empecé poco a poco, dedicando a las clases una tarde por semana. En aquella época aprendí a sentir el frío del invierno tan solo con imaginarlo o a ser capaz de escuchar un ruido pese a estar mi personaje en una calle abarrotada. El caso es que aquello se me quedó muy corto. Y me apunté al Laboratorio William Layton, donde pasé varios años.



- ¿De qué vivía?

- Tenía muy claro que mi sueño era este, así que fui ahorrando. Yo venía de un trabajo de oficina. Logré más becas para continuar mis estudios en el mundo de los negocios. Recuerdo que me formé incluso en relaciones con inversores, por ejemplo. Pero sentía que debía elegir. Y elegí el arte dramático. Comencé a vivir con austeridad. No tengo que comer con una amiga para conservarla en mi vida: podemos tomar café o pasear. Y si los amigos tienen hijos, todavía mejor, pues nos juntamos en el parque. Esta es una ciudad en la que parece que hay que consumir todo el rato. Y no hace falta. Cuando una aprende esto, puede vivir del teatro, de la publicidad o de los pequeños papeles, como hago yo.


- Y acabó incorporándose al colectivo de actores.

- Hice investigación de mercado, supongo que por mi formación como ejecutiva. Entendí que los actores estábamos al final del todo, de una cadena de productores y directores de casting. Gracias a mi investigación, elegí formarme en William Layton y también descubrí que me hacía falta una agencia. Fui dando pasos sin demasiado miedo, quizá porque mis amigos no forman parte de este gremio, de modo que nadie me decía que esto fuese imposible. Si las cosas hubiesen sido distintas, no se me habría ocurrido llamar a una representante sin tener ni siquiera videobook. Y aunque ella me aceptó, me pidió material. Así empecé a escribir mis propias piezas.


- No todos sus trabajos han partido de sus textos.

- Me recomendaron que, al menos, me pasara por encuentros de la Unión de Actores. Allí conocí a uno de los directores de El Continental. Al saber que buscaba una actriz asiática, me ofrecí corriendo. "¡Soy yo, soy yo!", decía. Como si fuera la única mujer de origen chino en el mundo. No sé si en este momento me atrevería a algo así, pero me puse a cantar ante decenas de actores con mucha más experiencia que yo. Debieron quedarse a cuadros. Él me contrató allí mismo.



- ¿Le han pedido algo muy cercano al estereotipo en algunos personajes que ha encarnado puntualmente en series?

- Lo que más he echado en falta es que esos papeles tuvieran un arco. Antes de cada rodaje trato de hablar con los directores para entender lo que buscan. Yo siempre intento hacer más. Aunque haga propuestas y me las rechacen, creo que ese contacto es importante, eso es lo que me hace sentir que he trabajado en un rodaje, no que he pasado por él como si fuera un mueble o a recoger un cheque.


- Imagino que todo cambió con ese papel protagonista en Buffet libre

- Rodamos durante cinco semanas, cinco días a la semana. Empezábamos a las ocho de la mañana y llegábamos a casa 13 horas más tarde. Puede parecer demasiado cansado, pero me resulta mucho más fácil que interpretar papeles breves. ¿Por qué? Porque tengo toda la historia. He podido pasar tiempo con el personaje, he podido responder preguntas, he podido entenderlo. Desde ese punto es muy fácil trabajar. Sale sin pensar.


- ¿Le ha cambiado la vida este proyecto? 

- Desde luego. Habla de racismo, pero no trata exclusivamente sobre ello. Retrata la maldad de las personas y nos preguntamos cuál puede ser su origen. Zoe Berriatúa quería levantar una crítica social, aprovechar los clichés sobre chinos y españoles para retratar la xenofobia. Con los estereotipos exagerados hasta el límite. Algo incorrecto, que dirían muchos. En vez de habernos puesto al fondo del cuadro, en Buffet libre alguien ha tenido el interés de preguntarse cómo vivimos las personas de otras etnias. ¡Por fin! Y me han dado esa oportunidad que hasta ahora me había parecido tan difícil. Yo no culpo a nadie por el hecho de que falten papeles para actores extranjeros. Aquí la tradición de la inmigración es joven. Puede que los autores del presente aún no hayan conocido esa diversidad y escriban pensando en sus semejantes. A mí también me habría pasado si no hubiera salido de mi país. Me pasa una cosa curiosa: siento que conozco mejor China desde que vivo fuera de ella. Antes, tan encerrada en mi círculo, había cosas que no veía.

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